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Podemos ha fijado hasta ahora, deliberadamente, sus prioridades al revés. (Foto: Archivo)

Podemos ha fijado hasta ahora, deliberadamente, sus prioridades al revés. (Foto: Archivo) | Foto: Archivo

Publicado 11 noviembre 2014
La subida meteórica de la nueva fuerza izquierdista de España, Podemos, puede significar el final del régimen de dos partidos que el país heredó de la dictadura de Franco.

Este fin de semana, España fue sacudida por un terremoto político de proporciones potencialmente históricas. El domingo, El País publicó una encuesta ampliamente anticipada que muestra que Podemos - el advenedizo Partido anti-sistema que surgió del movimiento de los indignados a principios de este año - superó tanto al Partido Popular gobernante y al Partido Socialista de oposición, tomando el primer lugar con el 27,7% de los votos proyectados.  Para un país que ha sido gobernado por dos partidos del sistema durante cuatro décadas, y para una fuerza política que ni siquiera existía en fecha tan reciente como hace diez meses, los resultados no son nada menos que espectaculares.

Para aquellos que han estado siguiendo la situación social en España, sin embargo, este movimiento sísmico ha estado mucho tiempo en fabricación. Por años, una burbuja inmobiliaria  y severas medidas de austeridad han conspirado para mantener al país atrapado en una trampa mortal de deuda insuperable, estancamiento económico y profunda polarización. Casi una cuarta parte de los españoles y más de uno de cada dos jóvenes están sin trabajo, mientras que casi uno de cada tres niños viven en la pobreza o en riesgo de exclusión social. La cantidad de personas que dependen de la ayuda alimentaria se ha duplicado a 1,5 millones desde el inicio de la crisis.

Mientras la gente común sufre la peor parte de los brutales recortes, la clase política y financiera sigue avanzando a trompicones, de un escándalo de corrupción al siguiente. El año pasado, España cayó 10 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción, a la posición 40ª, por lo que es el segundo mayor perdedor en rango después de Siria. En este punto, casi 2.000 legisladores están siendo investigados por corrupción. Apenas el mes pasado otro escándalo surgió, en el que docenas de los principales banqueros y políticos recibieron tarjetas de crédito "fantasmas" de los bancos regionales de ahorro, para gastar cientos de miles en lujos no declarados.

El meteórico ascenso de Podemos en las encuestas se ha convertido en la expresión más clara, hasta la fecha, de la desaparición inminente del sistema bipartidista corrupto de España

La semana pasada, el primer ministro Rajoy se vio obligado a dar una rara y vergonzosa disculpa pública después de que varios dirigentes del partido fueron arrestados por recibir sobornos a cambio de 250 millones de euros del gasto público en proyectos de construcción innecesarios, mientras el gobierno estaba llevando a cabo las medidas de austeridad más severas en la historia española. Como era de esperar, la profundización de la crisis y la aparentemente interminable acumulación de casos de corrupción han enviado la confianza pública en el sistema político a un mínimo histórico del 18%. Cuatro de cada cinco españoles simplemente no creen más en los políticos.

Fue en este contexto de crisis y de corrupción que millones tomaron las calles en la primavera y el verano del 2011 para denunciar a toda la clase política, para declarar su oposición a las medidas de austeridad impuestas por el mercado y las reformas neoliberales, y para exigir una real democracia. Mientras las olas de protestas y ocupaciones se daban en todo el país, los dos partidos entraron en una crisis terminal. Según una investigación de Ipsos Public Affairs, entre 6 y 8,5 millones de españoles han participado en el movimiento 15-M, por lo que es fácilmente la mayor movilización popular en la historia de España después de la Guerra Civil.

Contra toda lógica, sin embargo, la consecuencia inmediata de las protestas masivas fue derrocar al Partido Socialista y llevar al derechista Partido Popular de nuevo al poder, lo que condujo a una intensificación de las medidas de austeridad y la corrupción sistémica. Durante tres largos años, exasperantes, pero también inmensamente creativos e inspiradores, poderosos movimientos de base de España mantuvieron su completa autonomía del sistema político y continuaron organizando verdaderas protestas callejeras. Pero sus demandas fueron simplemente ignoradas. Los manifestantes y los organizadores se enfrentaron con la represión policial cada vez más violenta y con una gama de leyes anti-protesta que trataron de acabar con la oposición restante a través de la fuerza bruta.

Aun así, las movilizaciones de masas del 2011-'13 constituyeron una ruptura histórica con el status quo político y continuaron transformando la sociedad española desde abajo. Como Carlos Delclós y Raimundo Viejo decían para ROAR, para principios de 2012 el 15-M había dejado de ser un movimiento social y ya se había transformado en un clima social. Luchas populares e iniciativas auto-gestionadas despegaron en todo el país, dando lugar a un sinnúmero de campañas directas de acción, proyectos de economía alternativa, ayuda mutua, redes de solidaridad y nuevas formas creativas de participación popular y la auto-organización horizontal. La nueva España fue creciendo en silencio entre las grietas de un orden que colapsaba, totalmente oculto de la vista de políticos y medios de comunicación.

Fue en este clima social que Podemos surgió a principios de este año, fundada apenas unos meses antes de las elecciones al Parlamento Europeo por un grupo de activistas del 15-M, encabezados por el politólogo Pablo Iglesias que quiso dar una expresión política a la rápida radicalización y la transformación de fondo de la sociedad española. El meteórico ascenso de Podemos en las encuestas se ha convertido en la expresión más clara, hasta la fecha, de la desaparición inminente del sistema bipartidista corrupto de España y la quiebra absoluta del régimen de austeridad neoliberal de Europa. Como tuiteó Íñigo Errejón, "Estamos en el punto de inflexión de dos épocas".

Si apoyan a Podemos o no, la mayoría de españoles, ahora, parecen reconocer que se necesita algún tipo de cambio radical. Un abrumador 91% de los encuestados en el sondeo de Metroscopia considera la actual situación política como "mala" o "muy mala". Incluso El País se vio obligado a reconocer que, "Podemos ha provocado un terremoto sin precedentes en la política española y se encuentra ahora en posición de lanzar las mesas electorales al aire". Mucho más que el carisma de sus dirigentes o la resonancia de su retórica, la popularidad de Podemos es, en última instancia, un reflejo de la deslegitimación completa de los partidos dominantes y el proceso de profunda y prolongada radicalización que la sociedad española ha experimentado en los últimos años.

Las elecciones generales deben celebrarse en diciembre del próximo año y Podemos ha fijado hasta ahora, deliberadamente, sus prioridades al revés. Como el politólogo Juan Carlos Monedero dice, "primero nos dio nostalgia por el mar y luego empezamos a construir el barco". Si el anhelo demuestra ser lo suficientemente fuerte y el barco se termina a tiempo, Podemos pronto podría encontrarse lado a lado con su homólogo griego, SYRIZA, desafiando las olas de un nuevo capítulo en la crisis de la deuda europea. Las condiciones objetivas parecen ser las adecuadas para una ofensiva institucional. Los vientos sobre el Mediterráneo están soplando hacia la izquierda.

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