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Gran cantidad de personas salieron a las calles de Caracas para acompañar el cierre de campaña de Nicolás Maduro.

Gran cantidad de personas salieron a las calles de Caracas para acompañar el cierre de campaña de Nicolás Maduro. | Foto: Cortesía

Publicado 18 mayo 2018
Será necesario estar alertas a posibles actos de conmoción que buscará lograr la derecha. Son fechas que, en un cuadro de equilibrio inestable, pueden ser aprovechadas.

Las cartas están echadas. Nicolás Maduro culminó su recorrido nacional en Caracas donde la avenida Bolívar fue lo que es cuando el chavismo la puebla: roja, alegre, plebeya, de punta a punta. Una demostración de una base social, un proceso político, una capacidad movilizadora a pesar de la partida del liderazgo histórico de la revolución, de los golpes sobre golpes, con una capacidad de resistencia espartana, como la definió Álvaro García Linera. Es inmenso haber llegado hasta acá contra los pronósticos de tantos que hubieran apostado millones asegurando que no se lograría. El 20 parecía una distancia inalcanzable, hoy ya es casi un hecho. 

Llegar al domingo y realizar las elecciones es en sí una primera victoria. Significa que varias operaciones desestabilizadoras de la derecha no habrán logrado darse, o profundizarse. Uno de esos intentos ocurrió el miércoles, cuando fue montado una operación política y mediático en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, donde los autodenominados presos políticos -arrestados por acciones de carácter violentas/paramilitares- iniciaron un presunto motín, con denuncia de violación a los derechos humanos y el agregado de la presencia de un detenido norteamericano. Rápidamente CNN reportaba en vivo desde dentro y fuera del lugar de los hechos, y los Estados Unidos (EEUU) y la Organización de Estados Americanos manifestaban su preocupación al respecto. La acción tuvo lugar a las horas de que la oposición volviera a mostrar un indisimulable fracaso en su convocatoria a movilizar en Caracas, la segunda en pocas semanas.  

¿Cuál era el objetivo? Generar impacto internacional, concatenar ese hecho con nuevas acciones, involucrar a los EEUU con la presencia de un ciudadano de esa nacionalidad, insistir sobre el carácter “dictatorial” de Nicolás Maduro, que, ya lo han anunciado no será reconocido internacionalmente por varios países luego de las elecciones del domingo. Uno de ellos será Colombia, cuyo presidente realizó una denuncia el jueves, afirmando que Maduro elaboró un plan para cedular y trasladar ciudadanos colombianos a votar. Operaciones desde dentro y desde fuera, un método conocido en contextos pre y post electorales en Venezuela. 

Por eso una victoria consiste en llegar al domingo, mantener un cuadro de estabilidad, y lograr que ese día vote la mayor cantidad de personas para darle legitimidad a una contienda que fue, es y será automáticamente denunciada como fraudulenta por parte de gobiernos y grandes medios de comunicación. El chavismo hará lo que sabe hacer para lograrlo: poner en marcha el acumulado de organización popular, las estructuras partidarias, la apelación al hilo histórico, el peso de la revolución, la memoria del propio pueblo, la amenaza que mira de frente y ya está desplegada en varios frentes.

La pregunta reside en las filas de la derecha, ¿lograrán movilizar al voto opositor? Henry Falcón y Javier Bertucci, principales candidatos contra Maduro, cargan con el peso de la campaña abstencionista que ha desplegado gran parte de la oposición en redes sociales, radios, programas de televisión. No solamente irán separados -se especuló con una posible alianza- sino que deberán convencer a sus posibles votantes de salir a las urnas ese día. Tendrán también ante sí los límites de sus propias campañas, propuestas, recorridos políticos. Esto último en particular en el caso de Falcón, quien fue derrotado en octubre en las elecciones a gobernador en el estado que gobernó durante varios mandatos, estado que no puede mostrar como ejemplo de buena gestión.

Será necesario estar alertas a posibles actos de conmoción que buscará lograr la derecha. Son fechas que, en un cuadro de equilibrio inestable, pueden ser aprovechadas, tanto en los días anteriores, como en el transcurso del evento, como en las horas/días posteriores. Sucedió en la victoria de Maduro el 14 de abril del 2013, cuando esa misma noche Capriles Radonski -quien era entonces candidato opositora- no reconoció su derrota, llamó a tomar las calles, y dejó 11 muertos, ataques e incendios a centros de salud, locales del Partido Socialista Unido de Venezuela. Su objetivo era impedir que Maduro asumiera la presidencia. El método callejero entonces empleado fue reutilizado, ampliado y profundizado en el 2014, luego en el 2017. ¿Pueden volver a intentar algo similar? Su poca capacidad de movilización parece indicar una gran dificultad para lograrlo, pero, se sabe, la política no es matemática y la carta de la sorpresa siempre puede aparecer, en particular en Venezuela con la dirección de las acciones opositoras en manos norteamericanas. 

Por eso el chavismo necesita una victoria con gran participación. Para contrarrestar una acción de fuerza inmediata, legitimar los resultados, y dar luego los pasos en la dirección imprescindible: el combate a las variables económicas que presionan la cotidianeidad de la gente, punto que a su vez los Estados Unidos buscarán agudizar hasta la asfixia. Pero ese será otro momento. Lo importante es el 20, los votos, la reelección, la permanencia en el poder político, la estabilización. A eso está convocado el chavismo, Venezuela, todos aquellos que no quieren que el país retome el camino del plomo y el fuego que invocan los sectores de la derecha en sus giras internacionales. El domingo será una fecha clave, en Venezuela, el continente y su mapa, esta época que protagonizamos y necesita de la revolución bolivariana. 


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