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Policías antidisturbios libaneses chocan con manifestantes durante una protesta contra la corrupción y la recolección de basura cerca del palacio de gobierno en Beirut el 22 de agosto de 2015.

Policías antidisturbios libaneses chocan con manifestantes durante una protesta contra la corrupción y la recolección de basura cerca del palacio de gobierno en Beirut el 22 de agosto de 2015. | Foto: Reuters

Publicado 31 agosto 2015

La policía libanesa y los militares utilizaron cañones de agua, gases lacrimógenos, balas de goma y munición real contra los manifestantes durante el fin de semana.

De los varios episodios de represión estatal que he presenciado en el post-golpe de Honduras en 2009, una escena en particular viene a mi mente: un cañón de agua cargado con gas pimienta persiguiendo a un pequeño grupo de manifestantes anti-golpistas claramente inofensivos, incluidos ciudadanos de edad avanzada.

De hecho, protestas pacíficas en todo el mundo son reprimidas con excesiva violencia por parte de las fuerzas de seguridad del Estado. El pasado fin de semana Líbano fue la sede de uno de estos espectáculos, cuando la policía antidisturbios y soldados fueron desplegados en masa para hacer frente a una multitud de varios miles de personas que se habían reunido en la capital del país, Beirut, para expresar su descontento con el actual panorama libanés de deliberada incompetencia gubernamental. Como el blogger y activista Joey Ayoub, uno de los organizadores de la protesta, comentó en twitter: "Hay más seguridad que si tanto Israel y [el presidente sirio Bashar] Assad hubieran invadido al mismo tiempo. ¿Estamos tan asustados"?

Las manifestaciones fueron parte de la campaña "Tú apestas", llamada así en honor a una de las transgresiones más recientes del gobierno: la conversión de Beirut y la gobernación de Monte Líbano en botaderos de basura podrida por el total mal manejo de una crisis de recolección de residuos, que de hecho había sido anticipada por mucho tiempo.

El punto de quiebre fue el cierre en julio del vertedero Naameh al sur de Beirut, que había sido desde el año 1997 el destino principal para los desperdicios. Destinado para funcionar durante sólo seis años, el cierre del relleno sanitario se pospuso en varias ocasiones hasta que llegó al 500 por ciento de su capacidad y los residentes de la zona físicamente bloquearon más entregas. Como otras partes del país, comprensiblemente, se negaron a sustituir a Naameh en el papel de receptáculo de basura para los más privilegiados de la capital del país, la basura se acumuló en las calles, añadiendo un obstáculo más a la existencia cotidiana en el Líbano, y dado las altas temperaturas del verano, se convirtió en un obvio peligro para la salud.

Aunque los montones de basura fueron finalmente recogidos y se dispersaron a través de varios lugares, no se ha encontrado ninguna solución permanente. El nombre "Tú apestas" mientras tanto no sólo se refiere a los efectos olfativos negativos de la basura en descomposición, sino también a un sistema político podrido, caracterizado por la corrupción rampante, el nepotismo y el sectarismo institucionalizado. Puestos políticos y administrativos se asignan de acuerdo a la secta religiosa en lugar de la capacidad, y los libaneses son forzosamente definidos de acuerdo a la religión.

Como lo escribí en un artículo para Middle East Eye el mes pasado, titulado, "El Estado basura de Líbano: Una metáfora cobra vida":

"La avalancha actual de basura... simboliza acertadamente la esencia de un país construido sobre una gran desigualdad - un verdadero indicador de suciedad sistémica. Justo debajo de la tan cacareada imagen cosmopolita de Líbano, y sobre todo de Beirut, se esconde un montaje fétido en el cual bancos sectarios de la élite mantienen la opresión político-económica de la población en general con el fin de mantener su rentable dominio en el poder".

Debido a que la clase política se dedica a su propio enriquecimiento y no al bienestar popular, el gobierno es duramente presionado a encontrar tiempo para cosas como la prestación de servicios necesarios, como agua, electricidad, etc.- o permitir a los libaneses alguna opción de identidad no sectaria que pueda poner en peligro todo el arreglo.

Así que cuando el fin de semana pasado los manifestantes demostraron solidaridad inter-sectaria contra los poderes en sí, las fuerzas de la ley y el orden se desataron en un intento de rectificar la situación con cañones de agua, gases lacrimógenos, balas de goma, munición real, y cualquier otra cosa que estaba a la mano. Las imágenes de vídeo muestran a los miembros de la policía y militares comportarse de manera desquiciada - y también, al parecer accidentalmente, rociarse a sí mismos con el cañón entre otros actos de torpeza que podrían ser divertidos de no ser tan viles. Aparentemente no se prestó ninguna atención a la presencia de niños y ancianos, y decenas de manifestantes resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad.

Foto: Reuters

Y mientras que algunos de los participantes arrojaron botellas de agua y otros artículos y participaron en actos menores de vandalismo, esto no se compara en nada con el vandalismo del ejército y la policía – sin mencionar la política de saqueo oficial que pasa por la gobernabilidad en el país o la brutalidad inherente de un sistema predicado sobre una gran disparidad socioeconómica y presidida por sectarios señores de la guerra que gobiernan con impunidad.

Las demandas de los manifestantes han incluido la renuncia del ministro de Medio Ambiente del Líbano por el manejo de la crisis de la basura, la renuncia del ministro del Interior por la respuesta de mano dura a las protestas, y la dimisión de todo el gobierno por la corrupción e ineptitud. El cargo del presidente libanés, por supuesto, estará exento del proceso de renuncia; el país ha estado sin uno desde mayo de 2014, gracias a la incapacidad del gobierno para seleccionar un candidato.

Líbano requiere ajustes mucho más amplios que simplemente una nueva generación de políticos sectarios, pero la eliminación de la actual cosecha, por lo menos, sería un primer paso para sacar la basura.


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