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La foto muestra a un soldado británico viendo pozos de petróleo en fuego en el sur de Irak en marzo de 2003.

La foto muestra a un soldado británico viendo pozos de petróleo en fuego en el sur de Irak en marzo de 2003. | Foto: AFP

Publicado 27 diciembre 2015





Sólo hay un camino para salir del caos que el capitalismo global está creando desde el cambio climático hasta el terrorismo.

Occidente actuó rápidamente después de los ataques del grupo Estado Islámico en París, que mataron a 130 personas.Los refugiados fueron señalados por la masacre, la codificación fue culpada por permitir que los piratas eviten la detección, se ampliaron los poderes policiales, Francia se unió a Rusia y Estados Unidos en el bombardeo de zonas civiles en Siria, más de  mil 230 redadas de casas (y contando) se llevaron a cabo sólo en Francia, ataques y retórica contra los musulmanes se dispararon, y una enorme protesta prevista en París contra la inacción en materia de cambio climático fue prohibida por el Gobierno francés.

Si este script resulta familiar, lo es. Islamofobia, la guerra, el poder estatal draconiano, y la represión de un movimiento popular son una repetición de la respuesta a los atentados del 11 de septiembre por Al-Qaida y episodios similares en Gran Bretaña, India y Australia.

El mayor costo es de países bombardeados y sociedad civil. En noviembre de 2001, el Movimiento por la Justicia Global, que ganó prominencia después de frustrar un acuerdo de libre comercio dos años antes, tenía la intención de cerrar siete bolsas de valores en un día mundial de protesta. Eso fue descarrilado por el 9/11, y el Movimiento de Justicia Global se vino abajo. Esta vez los activistas de justicia-climática dicen que el movimiento es más fuerte y más sabio y la crisis climática es demasiado profunda para que un solo episodio lo acabe, pero los ha retrasado.

Al igual que el 9/11, los ataques de París fueron un retroceso. Los Estados Unidos dio origen a al-Qaeda para luchar contra la ocupación soviética de Afganistán en los años ochenta, y la invasión de EEUU a Irak en 2003 generó el grupo Estado Islámico. Una diferencia clave es, mientras que el9/11 se organizó desde el extranjero, casi todos los atacantes de París eran ciudadanos europeos, y algunos se encuentran entre los más de 3 mil europeos que han luchado junto a los extremistas religiosos en Siria o Irak. En efecto, los Estados Occidentales están utilizando una crisis que crearon, "el terrorismo islámico", para evitar la acción contra otra crisis, también de su creación, el calentamiento global.

Explicar las raíces de los ataques, el racismo, cómo las élites manipulan la opinión pública, y desenmascarar las mentiras sobre los refugiados y la codificación, sin embargo, no son suficientes para cambiar la opinión de una forma definitiva. Después de los atentados de París, el 65 por ciento de los estadounidenses favorece el envío de "tropas terrestres adicionales para luchar contra ISIS en Siria e Irak". En Francia, los alistamientos militares subieron y el 55 por ciento favorece la guerra en Siria. El único aspecto positivo es el apoyo a la policía estatal y que el apoyo a la guerra no es tan abrumador como después del 9/11, porque muchos en Occidente se dan cuenta que bombardear países musulmanes sólo alimenta más el radicalismo y los ataques.

No obstante, la barbarie de Al-Qaida y el grupo Estado Islámico, cuyas víctimas están principalmente en el Sur Global, agrava el problema de la construcción de una alternativa a la barbarie del capitalismo. Es especialmente difícil dada la probabilidad de otra masacre en Europa. La única manera de navegar estos dos extremos es el de ofrecer una visión convincente, basada en la redistribución radical de la riqueza, el poder y la tecnología. En una palabra, el Socialismo.

La historia de colonialismo Occidental y la falta de desarrollo económico y democracia son el medio en el que el grupo Estado Islámico crece. Un investigador que está entrevistando a combatientes del grupo Estado Islámico encarcelados en Irak descubrió: "Son hijos de la ocupación...llenos de furia contra Estados Unidos y su propio Gobierno. No están alimentados por la idea de un califato islámico sin fronteras; más bien, ISIS es el primer grupo, después del triturado Al-Qaeda, que ofrece a estos jóvenes humillados y furiosos una manera de defender su dignidad, familia ytribu".

Los analistas que sostienen que la estrategia de los extremistas islámicos es polarizar la opinión a favor o en contra del Islam mediante la "creación y gestión de caos", tienen razón, pero pierden de vista lo importante. Los Estados Unidos y sus aliados son los verdaderos maestros de caos. Eso incluye la comprensión de cómo el capitalismo produce crisis extremas desde las sociales hasta las naturales, por qué se van a intensificar, y cómo las utilizan ideológicamente.

Tome en cuenta la intersección entre capitalismo y naturaleza. Mientras la tecnología, el uso de energía y el aumento de la actividad económica se incrementan, las crisis se hacen más extremas de lo micro a la macro. La economía de consumo mundial ha contaminado toda la hidrosfera con toxinas y micro-plásticos. El impulso de una mayor acumulación de capital está destrozando los sistemas planetarios tales como las selvas tropicales y los arrecifes de coral. Los organismos genéticamente modificados están alterando la evolución de las especies, la nanotecnología está causando nuevos tipos de riesgos para la salud y la contaminación microscópica, y algunos científicos dicen que hemos puesto en marcha una tercera etapa de evolución planetaria que es casi seguro sobrevivirá a la humanidad como especie.

Otra crisis endémica al capitalismo es ante todo social. Esto incluye la proliferación de las burbujas financieras y su creciente magnitud, como la progresión de la crisis de Ahorros y Préstamo en la década de 1980 a la burbuja de los Puntocom en los años noventa y la crisis de las hipotecas principales que dañó toda la economía mundial una década después.

Las crisis socio-económicas también se entrelazan con las ecológicas. Una de las causas de la guerra civil de Siria, donde ISIS ganó nueva vida, fue una sequía inducida por el calentamiento global. El huracán Katrina, que fue agravado por el calentamiento global, se vio agravado por las políticas de derecha que desplazaron permanentemente a 75 mil afrodescendientes de Nueva Orleans. Desde las regiones montañosas de los Andes al Himalaya, los glaciares que desaparecen rompen el tejido social de cientos de millones de personas mientras las fuentes de agua dulce disminuyen.

Las crisis sociales bajo el capitalismo se presentan de muchas formas. Un tipo de crisis se deriva de la necesidad del capital para buscar beneficios, tales como la industria de la salud y la quiebra médica, las compañías farmacéuticas y la adicción a los opiáceos, y los bancos y la explosión de la deuda personal. Otras crisis son externalidades. Así como las fábricas externalizan costes por verter la contaminación en el aire, la tierra y el agua, las políticas destinadas a mantener bajos los salarios y liberar el capital son objeto de dumping en los más vulnerables. Consignar a millones de estadounidenses a la pobreza está ligado a un récord en la población carcelaria, la falta de vivienda, y la epidemia de obesidad. Muchas de estas crisis terminan por convertirse en nuevos centros de beneficios, tales como las industrias de encarcelamiento y la diabetes.

Es fuera de Occidente, donde las crisis son más extremas, ya sea la guerra, la pobreza o el calentamiento global. Esto incluye la guerra estadounidense contra las drogas en América Latina, la apropiación de tierras agrícolas y las guerras minerales en África, la incautación de tierras a los campesinos e indígenas en toda Asia para el "desarrollo", y guerras post-9/11, de Afganistán a Libia, que implican el intento liderado por Estados Unidos de controlar territorio, mercados, y recursos energéticos.

Las guerras y las políticas están siempre justificadas con apelaciones al nacionalismo y la xenofobia. El racismo se utiliza para avivar el apoyo a un aumento de los poderes de la policía estatal y la vigilancia para reprimir, tanto a las comunidades que ya son objeto de discriminación como a los movimientos contra el capitalismo.

Este es el dilema en el futuro ahora que la disidencia popular está siendo aplastada en las conversaciones sobre el clima en París que comenzaron el 30 de noviembre.  A la sociedad civil, indígenas, campesinos y organizaciones de trabajadores, organizaciones no gubernamentales, ambientalistas, científicos y activistas les han dicho que hagan sus maletas. Preocuparse por el cambio climático es tarea de los responsables de la crisis: los estados más poderosos, las corporaciones, los militares, y el 1 por ciento.

Los movimientos sociales de justicia no pueden ser sólo de oposición. Tienen que elaborar narrativas para una mejor sociedad basada en la democracia económica y política para hacer frente a los extremos del capitalismo global y los fundamentalistas violentos por igual. Y sigue siendo el Socialismo el único que ofrece un camino real para salir de la crisis.


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