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Puertorriqueños protestan contra los bancos en la isla.

Puertorriqueños protestan contra los bancos en la isla. | Foto: Reuters

Publicado 15 octubre 2015

La falta de presencia en el radar de los medios de comunicación de los Estados Unidos no es simplemente una cuestión moral.

A pesar de la crisis económica desesperada comparable a la de Grecia, en los Estados Unidos sólo tenemos una mirada episódica de lo que está aplastando a Puerto Rico.

Puerto Rico ha sido llamada la "Grecia del Caribe" por economistas como Joseph Stiglitz, pero como cada vez más se ha ido notando, es más preciso describirla como la Grecia de los Estados Unidos.

Puerto Rico es una colonia de los Estados Unidos y lo ha sido desde que fue capturada durante la Guerra Española-Americana en 1898. A Puerto Rico nunca le ofrecieron un camino legítimo hacia la independencia nacional, en cambio, le "concedieron" el estatus de Estado Libre Asociado, que  en muchos aspectos, no es ni chicha ni limonada. Puerto Rico no es un estado-nación independiente ni es un estado dentro de los Estados Unidos.

Durante al menos las dos últimas décadas, la situación económica de Puerto Rico ha estado yendo al revés. Ya en la década de 1940 se animó a los fabricantes de los Estados Unidos a trasladarse a Puerto Rico en busca de mano de obra barata. Una de las ventajas de esta medida era que Puerto Rico estaba dentro de los Estados Unidos. Sin embargo, a medida que entramos en la era de la globalización neoliberal, los fabricantes de Puerto Rico comenzaron a buscar fuentes incluso más baratas de trabajo, abandonando la isla en última instancia. Esto fue bastante similar a lo que ocurrió en gran parte del sur de los Estados Unidos, cuando las industrias se trasladaron a esa zona en busca de mano de obra barata sin sindicatos, para luego mudarse - en muchos casos - al Caribe, América Latina, y en última instancia a Asia.

Al igual que en muchas ciudades de la parte continental de Estados Unidos que han sido 'desindustrializadas’, Puerto Rico se encontraba en un imparable hundimiento económico. Las entidades gubernamentales pidieron prestado, se les animó a que pidan prestado en realidad, siempre alimentando la ilusión de que no tenían necesidad de preocuparse por un colapso, es decir, hasta 2008 cuando si se produjo un colapso, un colapso conocido como la "Gran Recesión".

Puerto Rico tiene ahora más de US $ 72 billones en deudas, lo que condujo a no poder pagar dicha deuda el pasado mes de agosto. Acompañando a esta deuda se han escuchado pedir más y más pasos hacia el camino de la austeridad. Sin embargo, las demandas de austeridad que se piden son en adición a los años que ya se vive en austeridad, incluyendo los repetidos llamamientos para que los trabajadores y sus sindicatos concedan más y mayores concesiones.

Si Puerto Rico fuera una ciudad, estaría autorizada a declararse en quiebra, pero no existen tales disposiciones. En lugar de ello, se espera que el gobierno de Puerto Rico instituya nuevos recortes con el fin de complacer a los acreedores, durante los cuales los acreedores y sus apologistas culparán a Puerto Rico mismo de esta crisis.

La crisis se debe establecer en el contexto más amplio del “status” de Puerto Rico. Como una comunidad/colonia sus decisiones económicas no son propias. Uno de los retos económicos más infames, por ejemplo, es el resultado de la Ley Jones de 1917, que exige que los productos traídos a la isla sean transportados por un buque de fabricación estadounidense con tripulación de Estados Unidos. Productos procedentes de fuera de los Estados Unidos, deben ser transferidos a barcos estadounidenses lo que incrementa los costes. El impacto en el costo de vida en Puerto Rico ha sido profundo.

En este contexto, Puerto Rico está experimentando el éxodo de su población, con muchos puertorriqueños mudándose a la Florida y a otros estados. Esto ha dado lugar a lo que algunos comentaristas han descrito como la, "espiral de la muerte", ya que un menor número de personas en la isla están llevando la carga de pagar deudas con las que tenían poco o nada que ver.

Aunque sería incorrecto sugerir que esta situación no ha recibido la atención de los medios de EE.UU., sería exacto decir que la atención ha sido episódica. Contrariamente a la cobertura de noticias sobre la crisis económica griega, Puerto Rico puede recibir un artículo aquí o allá, sólo para ser olvidada hasta que la crisis se intensifica. Por otra parte, la clase política de Estados Unidos ha hecho muy poco para enfrentar con profundidad la crisis de Puerto Rico; específicamente, los Republicanos parecen tener poco interés en lo que respecta a un rescate financiero.

Si bien es cierto que no hay soluciones simples a la crisis de Puerto Rico, hay cuestiones que deben ponerse sobre la mesa. La primera es, la situación de Puerto Rico. Hay tres visiones enfrentadas sobre su futuro: La independencia, la estadidad o la mancomunidad (statu quo). Cada tendencia tiene una base importante de apoyo, aunque la independencia es la tendencia más débil. A pesar de que las fuerzas de la estadidad tienden a inclinarse al lado conservador, los Republicanos en el continente han mostrado poco interés en hacer de Puerto Rico un estado, en parte, por temor a que Puerto Rico vote por los Demócratas en las elecciones. Las fuerzas que apoyan el estado asociado pueden estar en el camino hacia una crisis existencial ya que el statu quo no es sostenible en el largo plazo. Las fuerzas independentistas siguen siendo pocas y divididas, pero sin duda podrían reagruparse. En cualquier caso, si no se resuelve la cuestión del estatuto, esta crisis previsiblemente se profundizará.

El segundo factor es la demanda de austeridad. El movimiento obrero puertorriqueño, después de haber pasado por una revitalización importante en la década de 1990, a través de la organización masiva del sector público, se ha encontrado en plena retirada ya que el gobierno exige cada vez mayores concesiones. En efecto, a los trabajadores puertorriqueños se les pide que paguen por la crisis. Como la publicación ‘Mother Jones’ ha señalado, la austeridad se juega en todos los aspectos de la vida de los trabajadores puertorriqueños, incluyendo recortes en la asistencia sanitaria. En cualquier caso, el movimiento obrero puertorriqueño está tratando de combatir estos ataques.

La falta de presencia en el radar de los medios de comunicación de los Estados Unidos no es simplemente una cuestión moral. La gente puertorriqueña trabajadora necesita la solidaridad de los progresistas en los EE.UU. Entre muchos progresistas en el continente, y de hecho en gran parte del Norte global, ha habido el reconocimiento de que Grecia necesitaba (y necesita) una mayor solidaridad en la faz de la extorsión económica por parte de la Unión Europea. Esto contrasta con el relativo silencio, no sólo en los principales medios de comunicación de Estados Unidos o los círculos políticos de élite, sino también dentro del movimiento progresista.

En la década de 1970 un movimiento de solidaridad fue construido en apoyo al Movimiento por la Independencia de Puerto Rico. Debido a una crisis en el Movimiento Independentista Puertorriqueño el esfuerzo de solidaridad se derrumbó. Sin embargo, Puerto Rico necesita desesperadamente un movimiento de solidaridad en este momento con la lucha contra la austeridad y, en última instancia, la lucha por la consecución de un legítimo estatus por mandato popular. Los puertorriqueños deben ser los instrumentos de su propia libertad en lugar de encontrarse atrapados por la ley de Estados Unidos.

**Bill Fletcher, Jr. es el anfitrión de The African Global en Telesur-Inglés. Síguelo en Twitter, Facebook y en www.billfletcherjr.com.


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