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Generales Montoya y Torres Escalante ¿se erradicará el paramilitarismo?
Publicado 31 marzo 2016
El paramilitarismo es un instrumento de poder de las castas oligárquicas que controlan el Estado, el gobierno y el campo político en sus distintos niveles programáticos y territoriales.

Ojala las ordenes de captura expedidas por el Fiscal contra dos prominentes generales, organizadores de grupos paramilitares, sea el inicio de la erradicación del fenómeno paramilitar que se debate en la mesa de La Habana como parte del Fin del conflicto.
 
Uno de los puntos de mayor complejidad y alcance político de los que actualmente debate la Mesa de diálogos de paz de La Habana tiene que ver con la erradicación del fenómeno paramilitar, causante principal de los peores episodios de violencia contra los campesinos y sectores populares en las últimas cuatro décadas.
 
El paramilitarismo es un instrumento de poder de las castas oligárquicas que controlan el Estado, el gobierno y el campo político en sus distintos niveles programáticos y territoriales.
 
Es igualmente, como lo señala Samuel P. Huntington en sus estudios de ciencia política, una prolongación del poder militar institucional.
 
El paramilitarismo es un dispositivo y una tecnológica utilizada ampliamente por las fuerzas armadas norteamericanas a partir de diversas experiencias acumuladas después de la segunda guerra mundial en China, Tailandia, Indonesia, Chile, Guatemala, Argentina, Uruguay y Brasil, para combatir y aplastar los movimientos revolucionarios.
 
Hoy el paramilitarismo es una práctica consuetudinaria en las guerras de Irak, Afganistán y Siria.

Colombia ha sido un teatro privilegiado de aplicación de dicho esquema bélico, el cual se soporta en las doctrinas anticomunistas contrainsurgentes, desde los años 50, y con los planes Lasso y Colombia.

El paramilitarismo es la esencia terrorista del Estado y su organización ha corrido por cuenta de los militares –activos y retirados- que han contado con abundante financiación de narcotraficantes, ganaderos, multinacionales, banqueros, terratenientes, gamonales y empresarios de la industria.

Ese monstruo sangriento representa uno de los mayores peligros para la paz.
 
No es cierto que el mismo haya sido eliminado, como lo proclaman los voceros santitas, pues sigue vivito y coleando tal como lo hemos podido constara con la reciente cadena de asesinatos y homicidios de líderes sociales y populares en varios lugares del territorio nacional. Ya van más de 40 líderes acribillados.
 
Las bandas paramilitares, disfrazadas de Bacrims ahora, operan en Arauca, Meta, Quindío, Valle, Cauca, Nariño, Antioquia, Bogotá, la Guajira, Córdoba, Putumayo, San Vicente del Caguan (de la mano del alcalde local) y en infinidad de municipios y territorios.
 
Hoy, el Fiscal Montealegre ha tomado una decisión trascendental en ese sentido. Ha ordenado la captura inmediata de un general y le ha imputado cargos con posterior orden de captura a otro, los dos, muy influyentes en el aparato militar del Estado (http://bit.ly/1SgSOaH).
 
Se trata de Torres Escalante, una feroz ficha de las fuerzas especiales que sembró el terror con masacres y torturas en el departamento del Casanare, especialmente, pero también en otros lugares donde ejerció la comandancia de brigadas militares.

Se trata, igualmente, del G. Mario Montoya, reconocida flecha de la ultraderecha uribista, responsable de cientos de crímenes, falsos positivos y desapariciones de líderes comunitarios. Suficiente con recordar la conocida Operación Orión en la Comuna 4 de Medellín (2002), ordenada desde la Casa de Nariño por el Innombrable de marras.

La pregunta que nos planteamos es la siguiente ¿Se dará por fin la erradicación del fenómeno paramilitar mediante la depuración de las Fuerzas Armadas y de Policía y la eliminación total de las doctrinas contrainsurgentes y anticomunistas con las que se educan a los oficiales?

Nota. En Colombia es el único país donde se organiza una marcha fascista, como la del próximo sábado 2 de abril, para promover y defender la guerra. Eso solo se le ocurre a una mente loca como la de Uribe Vélez y sus seguidores. Por fortuna solo serán cuatro pelagatos, los que saldrán a vociferar contra el proceso de paz.


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