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Suman más de 12 mil despidos de trabajadores estatales en Argentina.

Suman más de 12 mil despidos de trabajadores estatales en Argentina. | Foto: Archivo

Publicado 9 enero 2016
Hoy, a casi un mes de la administración macrista, mas de 12.000 despedidos, estatales y privados, homologan al neomenemismo más puro.  ¿ Y por que tanto apuro por fabricar desocupados por parte de los nuevos dictadores empresariales?. ¿A quienes o que les sirven los desocupados fabricados ayer y hoy?.

Después de 13 días de movilización de todas las fuerzas de seguridad del país para localizar a tres sicarios vinculados al narcotráfico, fugados de una cárcel de la Provincia de Buenos Aires, se los detuvo en la Provincia de Santa Fé.

Desde la fuga hasta hoy, todos los medios de información adictos al macrismo han cubierto esta “noticia” día y noche, saturando la agenda con esta embrollería típica de la desprolijidad de las nuevas autoridades, de sus “internas”, de sus mentiras, de su irresponsabilidad pública y desmanejo de situaciones críticas. Los fuegos de artificio de la desinformación y ocultamiento de hechos graves han contaminando el aire de la nación, envenenado de calumnias y verdades a medias lanzadas por los empresarios de la información a través de las redes que dominan.  Miles de cesanteados y cientos de reprimidos por el nuevo “régimen” no forman parte de la agenda de las informaciones “serias”.

Pero, como hace unos años atrás, constituyen el sine qua non de un gobierno signado por el lavado de dinero, el narcotráfico y la cooptación de sectores de la población por parte de maleantes empresariales-narcos, hoynuevamente apoltronados en la nueva administración Macri y sus secuaces.

Como comedia…
La famosa respuesta de Carlos Marx a Federico Hegel signa la Argentina de hoy.  La Historia, el ayer, es hoy una historieta que se representa tragicómica. El ayer fue la dictadura cívico-militar de 1976 y su consecución en el marco de una democracia formal: el gobierno de Carlos Menem, posterior al de Alfonsín. La “fabricación” de desocupados, iniciada por la dictadura militar de acuerdo a su política proempresarial- imperialista, sostenida por el genocidio, tuvo su correlato fundamental durante el menemismo. Libre importación de mercancías de todo tipo, privatización-extranjerización de empresas y entes estatales y otras medidas acordes con el imperio del “mercado”, aparejaron despidos de trabajadores estatales y privados .

“La gente dejó de buscar trabajo o no tiene dinero para ir a buscarlo”,  escribió el 5 de diciembre de 1999 en “Clarín” el seudoperiodista Marcelo Bonelli, hoy operador del medio empresarial y uno de los principales auspiciadores de la fragmentación del Frente para la Victoria (FPV) a la par que el remozamiento del perofascismo narco de cuño isabelino-lopezreguista, incluida Triple A, enfrentado al “kirchnerismo”.

Y en ese 1999 estaba en lo cierto. Del 8,6% de subempleados que dejó el gobierno de Alfonsín, se pasó, luego de 10 años, al casi 15% de desempleados en la era menemista. Un millón novecientos mil desocupados, sumados a 1.900.000 subocupados- 3.600.000 trabajadores sin trabajo, que sumaron casi el 30% de la Población Económicamente Activa(PEA)- dejó el “cambio” menemista. Entre otras corruptelas, el lavado de dinero sucio (narcotráfico) y el asentamiento y horizontalización del narco, acompañado por la farandulización del fenómeno,  fue uno de los más importantes logros de esa nefasta era.

Hoy, a casi un mes de la administración macrista, mas de 12.000 despedidos, estatales y privados, homologan al neomenemismo más puro.  ¿ Y por que tanto apuro por fabricar desocupados por parte de los nuevos dictadores empresariales?. ¿A quienes o que les sirven los desocupados fabricados ayer y hoy?.

Si bien se sabe que los desocupados se constituyen en elementos extorsivos no elegidos para  mantener las tasas de plusvalía y ganancias empresariales  en relación con la baja de salarios, su papel en la reproducción ampliada del narcocapital es fundamental.  “En Argentina la droga incautada y por ende la circulante creció fantásticamente entre 1990 y la primera década del nuevo siglo” (Apuntes Históricos  de la Política Pública por el Consumo de Drogas en Argentina, juanenlinea.blogspot.com.ar).

“A medida que aumentó la circulación de drogas”- se consigna allí- “bajó también la calidad, se abarató su precio en la calle, y el narcomundo como expresión visible del narcotráfico se referenció a sectores populares y marginales. La representación social del consumidor en estos años se desplazó del Consumidor Rico o Hippie de los años 80, al Consumidor Marginal o Delincuente del Siglo XXI”.

Este fenómeno, que contextúa la era del paco y el descerebramiento de quienes lo consumen,  se halla explicado más detalladamente en el trabajo “Narcotráfico y Modernización en la Argentina: 1989-1999” (CAEI) de Norberto Emmerich (www.iaen.edu.ec/teachers/norberto-emmerich) quien sostiene que la “Modernización” (neoclásica/neoliberal que signó al menemismo en el marco de la irrupción de Reagan y otros ultrarreaccionarios en el mundo) engendró el llamado “desempleo de masas”, proceso de desocupación masivo, permanente y estable.

Y sostuvo: “Esta variable opera en los orígenes” ( de la ‘modernización neoliberal’) “y es una de las causas de exclusión social, siendo la base que actúa como proveedora de mano de obra para la actividad económica del narcotráfico”. Emmerich sostiene con razón que los excluídos sociales, desocupados y marginados, se vinculan a la estructura social en forma “contradictoria” a través de la escuela, que los incluye, y la policía, “que organiza la actividad económica de la exclusión”, de la cual se “cosecha mano de obra del narcotráfico”, que se configura en una “sociedad paralela” cuyo contacto con la sociedad formal “es la delincuencia”.

La “feudalización” del Estado por parte de grupos económicos que directamente se apropian de su estructura sin cortapisas ni mediaciones (hoy claramente expresados en el macrismo) es una de las consecuencias del accionar del narco y tiene su origen y sustento en lo que Emmerich llama la “Modernización Subsidiada”, que no es otra cosa que la entrega a grupos económicos de áreas territoriales y económicas vinculadas al transporte de mercancías. La Base Narco, sostiene Emmerich, se sostiene a través de la propiedad de pocos empresarios de correos, rutas, aeropuertos y depósitos fiscales. Los sectores excluídos se transforman entonces en “mano de obra disponible para el narcotráfico y colaboran en la interacción del mercado de consumo construyendo una nueva estructura social y nueva legitimidad”.


En pocas palabras: la “fabricación” de desocupados en la Argentina es funcional al narcotráfico, que ingresa en “el esquema global “ en la década del 90. Exclusión social y nacimiento/crecimiento del narcotráfico son entonces como el calor a la llama.
 
Fuegos de artificio
El despido de más de 12 mil trabajadores estatales, provinciales y comunales, amén de privados,  en menos de un mes de desgobierno macrista, intenta justificarse desde el oficialismo con que los echados del trabajo son “militantes” o “ñoquis”.  En realidad, la militancia política es para los maleantes de pro como la cruz para el vampiro, puesto que mientras la juventud y la población en general se eduque y movilice políticamente no puede ser utilizada por los capitalistas  legales o ilegales. La “despolitización” y “desideologización” de la población, fundamentalmente la juventud, es una de las metas a obtener por estos beneficiarios de la “modernización subsididada” de la que habla Emmerich.

A la fabricación de desempleados dejada por el menemismo y la efímera Alianza de De La Rua, corridos por la desesperación y la miseria y funcionales como se dijo para la horizontalización de la delincuencia, los gobiernos de Nestor Kirchner y Cristina Fernández  intentaron oponer con, entre otras medidas,  la reconstrucción de la industria nacional, la renacionalización de empresas y reparticiones ya privatizadas , vaciadas de capital y trabajadores, la emisión de  bonos de supervivencia y la creación de nichos de empleo público. No fue para confrontar  teóricamente con las sacrosantas “leyes de competencia del mercado” ni para  emplear “ñoquis” ni “militantes” lo que se hizo, sino, entre otras cosas,  para neutralizar de alguna forma el accionar paralelo del empresariado-delincuencial, ese ‘Estado dentro de otro Estado’ al cual la DEA, la CIA y sus creaciones  intentan erigir ante cualquier gobierno que no se hinque ante la voracidad imperial, tal como se hace en México y otras geografías. Se ha demostrado ya que el narcotráfico y la contrainsurgencia van de la mano, se retroalimentan como la serpiente que se muerde la cola.

El desvincular a los jóvenes y el resto de la población de “la política” y cooptarlos hacia el narcotráfico, en el marco de la creación adrede del “desempleo de masas”, son lecciones de manual contrainsurgente.

Mientras hace unos días en la ciudad de Mar del Plata el esperpento que ocupa la primera magistratura estentoreaba que  combatiría al narcotráfico y cargaba culpas al gobierno saliente, sus secuaces dejaban sin empleo a miles de posibles futuros cómplices del narco- empresarial. Esta política, lejos de contribuir a combatir “al flagelo”, estimula su propagación, al igual que en tiempos del menemismo.

Ante las medidas dictatoriales y reaccionarias del macrismo, que incluyen el inicio de la fabricación de desocupados y la puesta en escena de oscuros personajes en los entes creados para evitar el lavado de dinero sucio,  la prensa adicta, empresarial , pro imperialista, ha decidido embarrar la cancha fijando la agenda en la fuga de los tres sicarios, ya “recapturados”.

En el mundo, la misma prensa, ya golpeado y arrancado de las tinieblas el DAESH como un engendro del imperialismo y sus secuaces, satura su agenda con la bomba de hidrógeno que ha ensayado la República Popular Democrática de Corea (RPDC) para mostrar a los agresores – y fundamentalmente a sus satélites en la región- que se halla preparada para responderles ante cualquier invasión o agresión.
Los fuegos de artificio envenenan aquí y en todo el planeta el aire de los pueblos.  La movilización, la solidaridad y el Poder Popular constituyen, a no dudarlo, el único y eficaz antídoto.


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