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¿Es la tormenta en el mercado de valores chino una señal de lo que viene?
Las primeras semanas de 2016 pueden ser recordadas como el comienzo de la impresionante tercera fase de la crisis económica mundial.

El comienzo de año para los mercados mundiales ha sido funesto. La semana pasada las transacciones en la bolsa de valores de China se suspendieron dos veces cuando el colapso en los precios de las acciones tumbó un “interruptor” automático que no era el adecuado; el resultado fue el pánico generalizado de los inversionistas internacionales que redujo más de 2.3 billones de dólares de las acciones en el mundo entero, eso significó el peor comienzo de un año fiscal en la historia.

Pero mientras la tormenta en el mercado de valores de China ha atraído la atención y ha destacado en los titulares mundiales, la verdadera amenaza a la economía mundial no descansa en el intercambio especulativo de acciones del país, sino en su economía real: específicamente en el desaceleramiento de su crecimiento, en el colapso de su burbuja crediticia, en la extrema presión para devaluar el yuan y la impresionante caída de los precios del petróleo y otras materias primas.

Se estima que este año China tendrá los niveles de crecimiento más bajos desde hace tres décadas, mientras el renminbi ha caído a su nivel más bajo en el extranjero frente al dólar desde su creación en 2010. Los precios del petróleo se han desplomado 20 por ciento en las primeras dos semanas de este año y los inversionistas están preocupados por la decreciente demanda china. Asimismo, algunos piensan que el precio del barril podría llegar a 10 dólares.

En este escenario, el derrumbe de mercado de valores chino es un síntoma de un problema mucho mayor en la segunda mayor economía del mundo, y posiblemente una señal de lo que está por venir.

Después de otro episodio de extrema volatilidad en el mercado el verano pasado, el actual desbarajuste financiero evidencia que la enorme triple burbuja crediticia de China, que había alimentado un gran auge en la construcción y bonos corporativos, y que contribuyó a un salto de 146 por ciento en el Shanghai Composite Index entre mediados de 2014 y 2015, está en proceso de colapso. Lo único en lo que los analistas parecieran no coincidir es si el aterrizaje será forzoso o no.

El Banco Popular Chino y el Partido Comunista tratarán de hacer lo posible para que el aterrizaje sea lo menos traumático posible y defenderán el renminbi contra las presiones especulativas, mientras continúan impulsando la creciente e insostenible burbuja crediticia. Pero a pesar de que las autoridades chinas tienen un increíble poder financiero a su disposición, no pueden sino ganar un poco de tiempo y están acumulando deuda sobre deuda en un desesperado intento por evitar el ineludible momento de la verdad.

Algunos expertos piensan que los bancos chinos necesitarían unos 7.1 billones de dólares de nuevo capital y financiamiento en los próximos tres años para compensar el colapso de la valoración de las acciones y el incremento de la tasa de cesación de pagos domésticos. Estas ayudas bancarias podrían enviar la deuda gubernamental a una proporción de PIB remontándose de 22 a 122 por ciento, un impactante incremento, incluso para una gigantesca economía en crecimiento como la china.

El consecuente problema de la deuda soberana se pondría a la vanguardia de un vasto aumento en la deuda privada no financiera, que pasó de 100 a 250 por ciento del PIB a raíz del programa de estímulo, mientras el gobierno chino fomentaba el crecimiento del sector bancario en la sombra nacional, en un intento para ahuyentar las presiones de recesión que venían de Norte América y Europa. El total de la deuda casi se cuadruplicó entre 2007 y 2015.

Todo esto ha ido de la mano con la creciente fuga de capitales que está, gradualmente, erosionado las, aún enormes, reservas monetarias chinas. Se estima que las pérdidas habrán alcanzado 1 billón de dólares en 2015, lo que llevaría a una caída de 512 millardos de dólares en las reservas. Tan solo en diciembre, el banco central perdió unos 120 millones de dólares cuando, desesperadamente, intervino en el mercado cambiario para eludir la presión devaluatoria, en un momento en que se intensificaba la fuga de capitales y la especulación monetaria.

Ambrose Evans-Pritchard del Telegraph estima que “China está peligrosamente cerca de una crisis de devaluación mientras el yuan amenaza con atravesar el piso de su canasta monetaria, a pesar de la masiva intervención del banco central para defender la tasa de cambio”.

Todo esto está provocando incomodidad entre los inversionistas extranjeros. En una nota para sus clientes, el Royal Bank escocés advirtió que sería “un año catastrófico” para la economía mundial, además predijo un colapso, de más de 20 por ciento, en el mercado de valores mundial y les instó a los inversionistas a “que vendieran todo excepto los bonos de alta calidad”. Asimismo, resaltó que “en un salón atestado, las puertas de escape son pequeñas”. El jefe de crédito del banco añadió que “China ha iniciado una corrección a gran escala y aumentará rápidamente”.

Los primeros en la línea de fuego serán las economías emergentes que han sido atraídas por el boom de productos alimentados por China en la última década. El desaceleramiento chino y la distensión del auge en los productos los últimos dos años han desatado una abrupto descenso en los precios de los productos y una recesión en cadena en todos los países en vías de desarrollo, especialmente en Brasil y el resto de América Latina.

Pero mientras los problemas, sin duda alguna, se centrarán en los mercados emergentes, Estados Unidos y Europa no escaparán de esta caída. La ciudad de Londres es particularmente vulnerable porque su sector financiero está muy ligado a China. Por su parte, Wall Street ya está siendo confrontada por una crisis doméstica de sus bonos corporativos basura, principalmente de las compañías de energía, que ahora están en quiebra como resultado de la caída de los precios del petróleo.

En resumen, todas las condiciones están dadas para que se repita una crisis financiera como la del 2008. Este escenario apocalíptico ganó peso debido al informe del World Bank’s Global Prospect para el año 2016 que advirtió de una “tormenta perfecta” de decrecimiento económico en los mercados emergentes, con un renovado énfasis en los mercados financieros mundiales.

Ambas dinámicas se intensificarán por la decisión de la Reserva Federal estadounidense de flexibilizar su programa de estímulo y comenzar a incrementar las tasas de interés por primera vez en casi 10 años. El final de los créditos blandos empujará hacia arriba los costos de los préstamos en los países desarrollados y con economías emergentes, enviará una ola a través de la economía mundial y creará más volatilidad en los mercados para los bonos corporativos y de mercados emergentes.

¿Serán estos los temblores de un largamente esperado terremoto? La respuesta es una interrogante para todos, pero si las tendencias de las últimas dos semanas continúan su ritmo, entonces la economía mundial transitará por un camino verdaderamente tortuoso. Con un poco de mala suerte y otras políticas erróneas, la tormenta de enero podría recordarse como el comienzo de una impresionante tercera fase en la crisis financiera mundial.

Jerome Roos es un investigador de doctorado en Economía Política Internacional en el Instituto Universitario Europeo, además es fundador editor de la revista ROAR.


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