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El líder de Podemos Pablo Iglesias recibe un beso de una seguidora en un evento de campaña en Gran Canaria.

El líder de Podemos Pablo Iglesias recibe un beso de una seguidora en un evento de campaña en Gran Canaria. | Foto: EFE

Publicado 20 diciembre 2015
Podemos es el único de los principales contendientes electorales que no debería inmediatamente provocar el reflejo nauseabundo de cualquier persona razonablemente con principios, con conciencia social.

Un reciente titular del periódico digital de España, El Diario, anunció que según el portavoz del derechista Partido Popular (PP), Pablo Casado, el Primer Ministro español, Mariano Rajoy, fue quien "ganó el debate al que no asistió". Rajoy es la cabeza del PP.

El debate en cuestión fue organizado por el destacado periódico español El País, días antes de las elecciones generales del 20 de diciembre. Rajoy se había negado a honrar con su presencia a los demás participantes: los dirigentes del PSOE, Ciudadanos y Podemos-los tres partidos políticos que parecen destinados a tomar el segundo, tercero y cuarto lugar respectivamente, al menos de acuerdo a un sondeo de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas, financiado por el Estado. (Otros encuestadores han advertido de la extrema imprevisibilidad del resultado)

Por supuesto esa es la función de todos los portavoces, deformar la realidad a favor de cualquier producto que estén vendiendo, de otro modo se quedarían sin trabajo, pero la declaración de victoria en ausencia por parte de Casado, es particularmente engañosa. Después de todo, el verdadero perdedor del 20 de diciembre será, sin duda, el sistema bipartidista que ha dominado tradicionalmente la política española, de la que el PP de Rajoy es la primera parte.

Delirios adicionales salen a la superficie tras la reivindicación de Casado que es un error suponer que "las nuevas políticas son mejores que las buenas políticas", lo que implica que las "viejas políticas" son automáticamente buenas. Considere el hecho de que no era otra que la administración bipartidista con sus medidas de austeridad paralizantes y desalojos como consecuencias de la crisis financiera -por cierto, un sello distintivo de la política de siempre–las que estimularon la erupción de Podemos al primer lugar.

En 2012, unas 500 personas según los informes estaban siendo desalojadas a diario, mientras que el aumento del desempleo llegó casi al 60 por ciento entre los españoles desempleados de 18 a 25 años en 2013. La entusiasta respuesta popular a Podemos y su impresionante actuación en las elecciones parlamentarias europeas del 2014 poco después de su creación, puso de relieve la medida que la vieja política de corrupción ya no daba la talla.

El soplo de aire fresco proporcionado por Podemos no ha estado exento de viento en contra:Ciudadanos,el partido político mencionado como el “Podemos de Derecha” por The Guardian. Qué a pesar de ser proveniente de Cataluña, se opone al derecho de la región a votar sobre la conveniencia o no de perseguir la Independencia de España – una nación que ha demostrado su dedicación de maltratar a los catalanes.

Así que, mientras que el desmantelamiento del duopolio español es sin duda un motivo de celebración, no es necesariamente una victoria en sí misma. Cualquier victoria real debe implicar no sólo una expansión de opciones de voto, sino también una expansión concomitante de la voluntad política y la capacidad de actuar de hecho en nombre del interés público general.

Usando un duopolio más infame como ejemplo: imagine que los Republicanos y los Demócratas en los Estados Unidos, que son catalogados por sus respectivos partidarios como diametralmente opuestos en su orientación, a pesar de estar igualmente dedicados a servir a las élites nacionales, al mismo tiempo que se dedican al saqueo o a causar estragos en todo el mundo – de repente tendrían que competir seriamente por el dinero con nuevas fuerzas políticas. Si esas fuerzas simplemente ponen una nueva cara a lo de siempre, se podría llamar una democratización de la opresión, pero sin duda, no lo llamarían una mayor democracia.
En el caso de España, Podemos es posiblemente el único de los principales contendientes electorales que no debería provocar inmediatamente el reflejo nauseoso de cualquier persona razonablemente con principios, con conciencia social. Fuertemente comprometido con la transparencia y la eliminación de la corrupción, su programa anti-austeridad implica la reversión de la asistencia sanitaria y los recortes de educación; otras propuestas loables incluyen la reducción de la semana laboral a 35 horas y se centran en la energía renovable. A diferencia del PP, PSOE y Ciudadanos, que están histéricamente opuestos a la independencia catalana, Podemos está a favor de al menos un referéndum sobre la cuestión.

Sin embargo, el partido no deja de tener sus propios defectos. Como el arquitecto catalán, David Bravo, de la escena política progresista en Barcelona, me comentó, Podemos ha alterado significativamente su discurso desde su triunfo sorpresa en las elecciones europeas: "Se han diluido la radicalidad de muchas de sus propuestas (como la renta básica), para ganar votos del centro, lo que puede desilusionar a muchos potenciales votantes de izquierda".

Y aunque un alejamiento de lo radical, de echo puede atraer más votos en general, reduce necesariamente las oportunidades de un cambio estructural.

En frentes políticos un poco más lejos de casa, Podemos también ha adoptado una postura curiosa, con su Secretario General Pablo Iglesias proponiendo la idea de un referéndum nacional para determinar si los españoles quieren participar militarmente en Siria (ya que están siendo instados de ciertas esquinas). La apariencia de democracia en este caso domina la repugnancia moral fundamental de la opción militar – sin mencionar el hecho de que la gente en el extremo receptor de las bombas occidentales, no tendrían ni voz ni voto en el asunto.

Pero por el momento, no hay razón para ahogarnos en el pesimismo. En un reciente correo electrónico dirigido a mí, el activista Xavi Ferrer de, ‘EnComú Podem’ -una coalición que involucra a‘Podemos y Barcelona en Comú’, el partido de esa ciudad, de la nueva alcaldesa izquierdista, Ada Colau, ofreció-algunas razones para alentarnos.

En 2011, recordó, el PP y el PSOE captaron el 75 por ciento de los votos, pero "ahora van a ser afortunados si, en conjunto, superan el 40 por ciento". El bipartidismo, escribió Ferrer, "ya ha pasado, y esto es mucho peor para (los poderes fácticos) que perder unas elecciones".

En resumen, dijo, el miedo, ahora reside del lado del poder. Y, francamente, no hay un mejor lugar para el miedo.


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