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Elecciones en Chile y la Plataforma de lucha antiimperialista de los Obreros y Obreras
Publicado 27 octubre 2020 (Hace 11 horas 41 minutos)


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Los trabajadores de Chile y sus diferentes organizaciones sindicales, han sido parte importante en la lucha antiimperialista y antioligárquica, que se desarrolla en nuestro país donde el padre de la clase obrera chilena, Luis Emilio Recabarren iniciara la lucha en el norte grande de Chile. Esta lucha trajo como consecuencia la Federación Obrera de Chile (FOCH) y que posteriormente se transformó en la CUT, Central Única de Trabajadores. En las luchas obreras que se dieron en el siglo pasado se truncó con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Ahora con el retorno a la democracia han sido largos los pasos para obtener y recuperar las conquistas sindicales truncadas por la dictadura militar.

Siempre la lucha de la clase obrera de Chile ha sido la lucha contra el imperialismo norteamericano y el gran capital nacional y extranjero. Ahora que se avecina la gran oportunidad de que nuestro país se dirige a conducir su propio destino, los trabajadores, junto a los estudiantes debemos cumplir con el rol que nos asiste con justicia.

Este domingo 25 de octubre de 2020, se celebró un año desde que se produjo la concentración más grande que la historia de nuestro país tenga memoria. En la hoy llamada “Plaza de La Dignidad”, se reunieron un 1.200.000 personas, según las cifras del Gobierno. Por lo tanto, si estas son las cifras oficiales podemos concluir que asistieron mucho más de esa cantidad.

Esta concentración venía precedida de un llamado a una evasión masiva del pago del boleto del Metro de Santiago debido al alza de 30 pesos en la tarifa, decretada por el Gobierno. Si esto ya encarecía el costo de la vida de los santiaguinos, las frases indolentes de los representantes del Gobierno terminaron por colapsar la paciencia de los capitalinos. Primero las evasiones fueron realizadas por los estudiantes secundarios de Santiago, el viernes 18 de octubre, de los colegios más emblemáticos de la capital de Chile. Después se plegaron los demás estudiantes y esta fue la semilla que encendió la mecha de la rebeldía. Es decir, la rabia que se venía acumulando desde hace 30 años, después de la vuelta a la democracia. Tal como lo fue el “puntofijismo” en Venezuela, así se repartieron las cuotas de poder entre las dos coaliciones gobernantes, la Concertación (partidos de izquierda y de centro) y la coalición de la derecha.

Todo lo que vivía Chile era un engaño que duró largos 30 años. Se hablaba de Chile, que era el milagro, el modelo a seguir, el ejemplo mundial, el crecimiento en democracia. En fin, no faltaron los adjetivos para mostrar nuestro país como la bonanza del tercer mundo. Y nos hacían ver hasta la majadería que debíamos creernos este cuento. Nos habíamos integrado a la OCDE como país casi desarrollado. Ya no éramos una nación en vías de desarrollo, eso era para otros países de la región, pero nunca para Chile.

Todas esas alabanzas se coronaron con la frase del hasta hoy presidente de facto de Chile, Sebastián Piñera (tiene un 15 por ciento de aprobación) al catalogarlo como un “oasis” en nuestra convulsionada América Latina. Llamaba al coro mundial de inversionistas y saqueadores a invertir en Chile, como el modelo de estabilidad mundial. Al final la crisis le explotó en la cara y no tenía más argumentos que la represión y muerte. Todo se tradujo al declararle la guerra al pueblo chileno al tildarlo de “enemigo poderoso e implacable”.

El “modelo chileno” como lo tildan los economistas a nivel mundial, ya venía dando alertas de la debacle que se cernía sobre nuestro país. La clase obrera de Chile, veía como se encarecía su vida. Tenemos el triste récord de tener los servicios básicos privatizados y los más caros del mundo.

Los trabajadores y obreros repetían hasta el cansancio que todos los productos más esenciales y básicos que componían su vida diaria iban subiendo sin ninguna regulación y su sueldo cada mes le alcanzaba para menos. Los sueldos se congelaban año tras año, mientras las grandes empresas sumaban utilidades muchas veces obscenas y que terminaban por violentar la conciencia de los trabajadores.

Dentro de esos productos de primera necesidad estaba la locomoción colectiva y para paliar esta merma en su economía familiar cada vez se hacían más evasiones. Las estadísticas del Gobierno señalaban que cuando empezó el Transantiago hasta el año pasado casi un tercio de los santiaguinos no pagaba su pasaje. ¿No era esto también una advertencia para las autoridades? ¿no lo vieron o no lo querían ver?

Era una crisis social en ciernes. Ante la evasión de los pasajes del Transantiago pusieron controladores, carabineros y más multas. Algo que, por supuesto no iban a pagar ya que, si no había dinero para cargar las tarjetas BIP, menos iba a ver dinero para pagar las multas.

A nivel familiar las mujeres postergaban su maternidad y hasta renunciaban a ella por la carestía que significa tener hijos en este paraíso neo liberal llamado Chile. Cada año disminuía el número de hijos por familia. En el año 1960 el promedio era 6,7 hijos y el año 2018 fue de 1,3 hijos por familia. Es decir, ni siquiera existía la tasa de reemplazo de los padres. Esto significaba que el país envejecía y se estancaba, pero dale con los “expertos” que Chile es una economía sana, robusta y exitosa. Todos estos indicadores nos decían que íbamos derecho al despeñadero pero, y lo vuelvo a repetir, no lo sabían o no lo querían saber.

La Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT), junto a la organización No más AFP convocaron a sendas marchas y concentraciones en todo el país, hace años para luchar por la mejora de las pensiones, que cada vez se hacían más miserables. Los adultos mayores tenían pensiones en promedio bajo de la línea de la pobreza y cada año ingresaban más adultos al sistema informal de préstamos para salir de su miseria. Cerca de dos millones de chilenos salieron a marchar hace años por el término de las AFP, en marchas familiares, multitudinarias, llenas de alegría y esperanza. Marchas pacíficas, antiimperialistas y por sobretodo antioligarcas.

Las famosas AFP que son dueñas las empresas multinacionales extranjeras, han sido las verdaderas saqueadoras de los sueños y esperanzas de los chilenos y por cierto las creadoras de la miseria de nuestros adultos mayores.

Esta elección realizada el día de ayer domingo 25 de octubre de 2020, del Apruebo o el Rechazo a una nueva Constitución, que se realizó justo a un año del estallido social más grande que tenga memoria nuestra historia republicana e independiente, demostró lo que se venía escondiendo desde hace años. Que el pueblo chileno no quería regirse nunca más por la Constitución política que se redactó y se aprobó en la dictadura de Pinochet y que después el presidente “socialista” Ricardo Lagos ratificó y legitimó ante todo el país.

La jornada del domingo 25 de octubre demostró un gran ejercicio cívico y de profunda esperanza en el nuevo Chile que se avizora.  Fue un acto ejemplar y demostró que la élite no quiere perder sus privilegios. Las únicas comunas donde ganó la opción rechazo fue en las comunas pudientes.

Por el contrario, en las comunas obreras y de profesionales, ganó claramente la opción Apruebo a una nueva carta magna. El resultado de la opción apruebo resultó con un 78 por ciento, en cambio la opción de la ferecha chilena del rechazo obtuvo finalmente un porcentaje de 22 por ciento. Sin duda un triunfo más que contundente, que junto a la victoria del MAS en Bolivia y el triunfo en Argentina de los partidos populares, nos hacen tener fe en que América Latina recupere su sitial de honor como en las décadas pasadas

Las victorias que se están generando en nuestra América nos lleva a fortalecer las organizaciones populares, donde la de la clase trabajadora tiene un papel sumamente fundamental y por ello el Encuentro de la Clase Obrera Antimperialista que se realizará el 12 y 13 de noviembre dará la oportunidad de crear espacios de coordinación y lucha antimperialistas en el mundo.

  


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