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Eduardo Cunha

Eduardo Cunha | Foto: EFE

Publicado 30 marzo 2016
La crisis brasileña no se trata sobre la corrupción, sino de derrocar a un Gobierno legítimamente electo.

Somos los hombres huecos

Los hombres rellenos de aserrín

Que se apoyan unos contra otros

Con cabezas embutidas de paja. ¡Sea!

Ásperas nuestras voces, cuando

Susurramos juntos

Quedas, sin sentido

Como viento sobre hierba seca

O el trotar de ratas sobre vidrios rotos

En los sótanos secos

T.S. Eliot, Los hombres huecos, 1925

El repulsivo espectáculo político sigue su curso y solo se compara a los lamentables eventos del golpe militar de Pinochet en Chile en el año 1973 y el rápido dominio estadounidense en Irak en 2003.

La presidenta de Brasil corre el riesgo de que se le destituya de su alto cargo, por el cual fue elegida limpiamente por 54.5 millones de brasileños, a través de unas falsas acusaciones fiscales que no han sido totalmente estudiadas por el Parlamento. El sórdido procedimiento será llevado a cabo por un político que es la personificación de la corrupción en el Brasil contemporáneo.

Asimismo, el imperio mediático Globo, uno de los mayores del mundo, ha tratado de convencer a la sociedad civil brasileña de que lo que se gesta no es un golpe ni una destitución. Por cierto, Globo brindó todo su apoyo a la dictadura militar brasileña de 1964 que patrocinó el gobierno estadounidense.

Sin embargo, alguien olvidó mencionárselo a la poderosa Federación de Industrias en Sao Paulo, el estado más rico del país, y que recientemente financió unos costosos anuncios: “destitución ya”, en los principales diarios del país.

Mentirosos. Todos ellos. Lo que un grupo de inmorales hombres huecos trata de hacer no es más que un proceso de cambio de régimen vía golpe blanco o una destitución ilegal, que ya se había advertido con anterioridad, como parte de una guerra híbrida contra Brasil.

Al fin libres

El imperio mediático Globo, que por cierto, está ganando mucho dinero con la crisis brasileña y los negocios con dólares estadounidenses, está histérico, debido a la lista de 500 nombres de Odebrecht que ofrece detalles de políticos brasileños corruptos; lo interesante es que la lista data de finales de 1980 y comienzos de los 90.

Tal como se esperaba, Globo se rehusó a citar el ex empleado de Odebrecht que mantuvo en su poder la lista por más de una década. Ella admite que algunos de los crímenes podrían haber prescrito, pero el mérito de la lista es mostrar como la red de corrupción que involucra a las compañías de construcción y los políticos ha sido un elemento permanente todos estos años. Ella añadió, “la reforma es la salida, no la satanización del Partido de los Trabajadores”.

Digamos eso a los abogados brasileños que, como parte del acuerdo con Odebrecht, están más obsesionados con recibir en bandeja de plata la cabeza de Lula que erradicar la corrupción. Esos políticos aparecen en una lista previa de 300 nombres de Odebrecht, allí se incluye quien es quien en la oposición de derecha y las viejas élites, sueñan con salir bien librados. Igualmente, el imperio Globo le ofreció un acuerdo similar al padre del empresario Marcelo Odebrecht, que está en prisión “preventiva” desde junio de 2015; su hijo “obtendrá ayuda” si delata a Lula.

Eso nos acerca al corazón de la publicitada investigación de la operación Auto Lavado que ya dura dos años. No existe absolutamente nada en contra de Lula que lo incrimine a los documentos de cuentas ilegales en el extranjero. Pero para “imputarlo” los politizados abogados solo piensan en destruir y con él, a una de las pocas compañías brasileñas que son competitivas a escala global.

Las acusaciones contra la presidenta Rousseff también son infundadas. La primera imputación se centró en el costo para la Hacienda de unos cuantos programas sociales; pero muy pronto se descubrió que la Hacienda se benefició con dichos programas.

Los fondos que otorgó la Hacienda al BNDES, uno de los mayores bancos de desarrollo del mundo y el modelo para el banco del BRIC, según se reveló, es 20 veces menor al monto que se le debía al banco.

El supuesto caso contra Rousseff no tiene ningún asidero una vez que analizamos el año fiscal de 2015, el único que puede ser tomado en cuenta para un proceso de destitución. En ese entonces, el Gobierno proveyó 19 millardos de dólares para un fondo de contingencia; eso, más que jugar con los fondos públicos es una visión.

El fondo del asunto con Rousseff, que no ha sido formalmente acusada de ningún delito, es que será “juzgada” por un grupo de bandidos en el Congreso, liderados por el titular de una cuenta ilegal en suiza y que es el líder de la cámara baja, asimismo de un siniestro secuaz que es el que originalmente difundió la supuesta conducta dolosa de Rousseff. Este dúo de facinerosos, por su parte, podría tener que responder a unas acusaciones muy graves de corrupción, además de estar muy bien documentadas.

Los buitres aguardan

Este lamentable espectáculo en Brasil es esencialmente de grupos de cabildeo y de financiamientos de campañas. Esa es una práctica muy común en Estados Unidos. Dichos grupos podrían ser castigados en una investigación en Estados Unidos. Sin embargo, tratar de encontrar a los abogados que estén dispuestos, durante el proceso, a destruir a una importante compañía estadounidense, podría reducirlos a un callejón sin salida.

La joven y vibrante democracia brasileña no ha cambiado lo suficiente como para legalizar los grupos de cabildeo. Lo que queda, por supuesto, es la jungla de la corrupción política. Eso lleva a una maquinaria de delaciones frenéticas, todo excesivamente politizado, claro está.

La investigación del caso Auto Lavado ha sacado a la luz una enorme red que financia todo el espectro político. Allí, algunas importantes compañías del sector construcción, Odebrecht entre ellas, se han visto involucradas, mientras que Petrobras fue solo parte de todo el asunto.

Sin embargo, una decisión política -que fue tomada por parte del poder judicial, la policía federal, los grandes medios (controlados por cuatro familias) y las viejas élites de contratistas- centró la investigación solo en Petrobras y el Partido de los Trabajadores, justo desde que el partido llegó al poder con Lula a la cabeza en 2003. La corrupción pasada y presente fue totalmente ignorada.

Esta decisión política fue decisiva y llevó al caso Auto Lavado de ser una investigación por corrupción a convertirse en un arma para aplastar a un partido político. Ahora que Odebrecht entra al ruedo y destapa la podredumbre de todo el sistema, Auto Lavado ya no tiene ningún sentido.

Ahora se comprende porque este hecho ha pasado al Congreso. Lo que realmente importó, desde el comienzo, no fue erradicar la corrupción del sistema político brasileño, sino crear las condiciones para poder destituir a un presidente electo.

Lo que tenemos ahora es un hombre hueco a cargo, el vicepresidente Temer, el líder del golpe, y la mayoría del Congreso, los hombres huecos, como vasallos. Estos bandidos realmente piensan que Rousseff puede ser apartada fácilmente del poder, quizá para el 19 o 20 de abril. Mientras tanto, el Senado dirigirá varias negociaciones oscuras; se pondrá en marcha un programa económico neoliberal; los dioses del libre mercado estarán de fiesta y el caso de Auto Lavado tendrá una muerte lenta e indolora porque se habrá extraído el “tumor” principal, el Partido de los Trabajadores.

Los fondos buitres estarán de plácemes. Brasil se convertirá, de nuevo, en el “inversionista amigable”. ¿A quién le importa  un Gobierno provisional e ilegítimo que puede incluso estar ligado a “crímenes de responsabilidad” muy graves? La élite judicial, la de medios y la de viejos contratistas danzarán en la oscuridad hasta que…la recesión se niegue a retroceder. La corrupción seguirá carcomiendo las estructuras del sistema y el nocivo legado del hombre hueco permeará todas las acciones mientras el mundo observa la avanzada putrefacción de un cuerpo ya corrupto.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección
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