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El ‘Plan de Energía Limpia’ de Obama: Una ridiculez

| Foto: flickr/kris krüg

Publicado 12 agosto 2015
El conflicto entre el ecosistema y la economía capitalista tiene sólo tres resultados: la muerte del ecosistema, la muerte del capitalismo, o ambas.

El presidente Barack Obama anunció su último plan de ‘energía limpia’ que aboga por una reducción del 32 por ciento en las emisiones de dióxido de carbono comparado con los niveles del 2005, para el año 2030.

No es suficiente.

El plan de energía limpia destaca los predicamentos que enfrentan los Estados Unidos y la comunidad mundial mientras la crisis climática se profundiza. Mientras que los líderes como Obama reconocen abiertamente la amenaza existencial que el cambio climático representa, sus acciones son solamente medidas limitadas impulsadas por una reforma sensible.

Esposado por la política interna y su propia mentalidad liberal, Obama se ve obligado a recurrir a acciones ejecutivas que limitan el alcance de la acción y presentan incertidumbres legales que comprometen nuestra capacidad para negociar un tratado global, así como una lentitud a paso de tortuga del proceso. Aunque ansioso por asegurar su legado, Obama no parece dispuesto a aprovechar plenamente el capital político, por no ser candidato a la reelección, evitando enfoques más radicales en el cambio climático.

A pesar de tener 1560 páginas, la mayoría de las reformas del plan son sencillas. Cada estado (excepto Vermont, porque no tiene hidrocarburos alimentando las plantas de energía, Hawai y Alaska, debido a sus circunstancias particulares) tienen un objetivo particular de reducción de emisiones, establecido por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Cada estado tiene la libertad de decidir cómo cumplir con el objetivo. Los planes estatales vencen en el 2018 y tienen hasta el 2022 para comenzar su reducción. La EPA utiliza una determinada fórmula para establecer los objetivos para cada estado, y como toda fórmula de presupuesto está llena de supuestos sobre los costos, el uso futuro de las energías renovables, lo logros realizados en la tecnología, así como varios intangibles, por ejemplo el comportamiento del consumidor y la dirección futura de la economía.

Lo importante aquí es que la reducción del 32 por ciento del presidente Obama no es un corte para cada planta de energía o cada estado. Es la reducción prevista que se produciría si cada estado cumple con su objetivo de reducción que la EPA determinó. Así pues, tenemos un plan que depende de 47 planes, uno por Estado, que deben cumplirse a la perfección, algo que puede que no seamos capaces de juzgar por completo hasta la fecha límite del 2018 cuando se presenta el plan, o incluso para la fecha límite del 2022 cuando los cortes van a empezar. Y en ese momento, será demasiado tarde para adoptar un "Plan B".

El plan de Obama llega en un momento crítico para la comunidad mundial, ya que los negociadores de las naciones del mundo trabajan frenéticamente para llegar a un texto funcional para las negociaciones sobre el clima COP21 en París este mes de diciembre. El consenso sostiene que el fracaso en alcanzar un acuerdo sólido en Paris dejaría al planeta en circunstancias extremas, ya que se tardaría otra década en posicionar una vez más a la comunidad global para obtener un acuerdo. Para esas fechas el planeta ya estaría demasiados encaminado a amenazar a todas las especies con el calentamiento global. A diferencia del fiasco de Copenhague, las negociaciones de París muestran indicios de progreso, sobre todo a partir de los compromisos nacionales firmemente establecidos para la reducción de emisiones. El ‘Clean Power Plan’ de Obama potencialmente contribuye a ese progreso, en el supuesto, claro está, que sobreviva los desafíos judiciales, la acción desigual del Estado, la resistencia de un Congreso republicano y una posible victoria presidencial republicana en el 2016. ‘King Coal’, el gran perdedor en el plan, hará todos los esfuerzos posibles para detener o retrasar las normas de la EPA. Hay demasiado en juego para que un plan tenga resultados inciertos.

Sin embargo, el plan de energía limpia también ilustra el reto de cómo hacer la transición de una compleja civilización que fue construida y es totalmente dependiente de los hidrocarburos. Es la forma más barata de energía con la más alta rentabilidad en eficiencia de trabajo en la historia. Sustituir los hidrocarburos por una energía alternativa es un reto inmenso, tanto en términos de tecnología como de dinero. Como se demuestra con el auge del esquisto y del fracking, hemos decidido que es mucho más fácil permanecer enganchados a los hidrocarburos que buscar la transición a una nueva fuente de energía. El Plan de Energía Limpia de Obama es una prueba de esta situación, una medida de lo profunda y seria en que esta crisis se ha convertido.

Urgando más profundamente dentro del ‘Plan de Energía Limpia’, es el acto de negación existencial de nuestra incapacidad colectiva para enfrentar la verdad central del siglo 21: el capitalismo está llegando a su fin a través del sepulturero del ecosistema planetario. El plan de Obama revela aún más su continuo apego al capitalismo. El ‘Plan de Energía Limpia’, irónicamente, parece ignorar las leyes de la termodinámica, que nos enseñan que en un ecosistema finito como nuestro planeta, un conjunto de reglas que utilizan la premisa del crecimiento infinito por la forma en que utiliza el ecosistema resultará en un colapso catastrófico. El conflicto entre el ecosistema y la economía capitalista tiene sólo tres resultados: la muerte del ecosistema, la muerte del capitalismo, o ambas.

La negación existencial del ‘Plan de Energía Limpia’, sin embargo, es un reflejo de las realidades que enfrentamos y que conducen nuestra situación planetaria. Incluso si él quisiera, Obama no puede hacer que la EPA logre abolir el capitalismo. Lo mejor que se puede hacer es una reforma, que es una medida inútil dada la urgente necesidad de un cambio radical. Sin embargo, la reforma sólo nos acerca al colapso de la civilización.

Las lecciones del ‘Plan de Energía Limpia’ nos sugieren que la partera del cambio cada vez más parece ser un colapso sistémico en contra de nuestra acción voluntaria. Diseñado para evitar el colapso, el plan de Obama no hace nada para prepararnos para el colapso.

Es una tontería.

**Glen David Kuecker es profesor de Historia en la Universidad de DePauw.


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