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El Golpe Olvidado, Como los EE.UU. y Gran Bretaña Aplastaron el Gobierno de su ‘Aliado’ Australia
Publicado 27 octubre 2014





John Pilger marca la muerte del ex primer ministro australiano Gough Whitlam con la única historia que faltaba de todos los ‘tributos' a un hombre, cuya extraordinaria muerte política es uno de los secretos más sucios de los Estados Unidos.

 

A través de la elite política y los medios de comunicación en Australia, un silencio se ha guardado sobre la memoria del gran primer ministro reformador Gough Whitlam, que ha muerto. Sus logros son reconocidos a regañadientes, sus errores mencionados con una falsa tristeza. Pero la razón crítica para su extraordinaria muerte política será, esperan ellos, enterrada con él.

Australia se convirtió brevemente en un estado independiente durante los años de Whitlam, 1972-1975. Un comentarista estadounidense escribió que ningún país había "invertido su postura en los asuntos internacionales de manera tan drástica sin tener que pasar por una revolución nacional". Whitlam terminó con el servilismo colonial de su país. Abolió el patrocinio real, llevó a Australia hacia el Movimiento de Países No Alineados, apoyó las llamadas "zonas de paz" y se opuso a las pruebas de armas nucleares.

Aunque no es considerado como de la izquierda del Partido Laborista, Whitlam era un inconformista socialdemócrata de principios, orgullo y decoro. Él creía que una potencia extranjera no debía controlar los recursos de su país y menos dictar sus políticas económicas o la política exterior. Propuso "volver a comprar la finca". En la redacción de la primera legislación sobre derechos de tierras aborígenes, su gobierno levantó el fantasma de la mayor apropiación de tierras en la historia humana, la colonización británica de Australia, y la pregunta de quién era el dueño de la vasta riqueza natural de la isla continente.

Los latinoamericanos reconocerán la audacia y el peligro de este "avance" en un país cuyo establecimiento iba unido a un gran poder externo. Los Australianos habían servido en cada aventura imperial británica desde que la rebelión Boxer fue aplastado en China. En la década de 1960, Australia pidió unirse a los EE.UU en su invasión a Vietnam, a continuación proporciona "black teams" para ser dirigidos por la CIA. Cables diplomáticos estadounidenses publicados el año pasado por WikiLeaks revelan los nombres de las personalidades de los dos principales partidos, entre ellos un futuro primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores, como informantes de Washington durante los años de Whitlam.

Whitlam sabía el riesgo que estaba tomando. El día después de su elección, ordenó que su personal no debe ser "vetado o acosado" por la organización de seguridad de Australia, ASIO - entonces, como ahora, ligado a la inteligencia angloamericana. Cuando sus ministros condenaron públicamente el bombardeo estadounidense de Vietnam como "corrupto y bárbaro", un oficial de la CIA en Saigón, dijo: "Nos dijeron que los australianos podrían ser considerados como colaboradores de Vietnam del Norte”.

Whitlam exigió saber por qué la CIA tenía una base de espionaje en Pine Gap, cerca de Alice Springs, una aspiradora gigante que, como Edward Snowden reveló recientemente, permite a los EE.UU espiar a todo el mundo. "Trate de fastidiarnos y la cerraremos", advirtió el primer ministro al embajador de Estados Unidos " [y Pine Gap] se convirtió en un asunto de controversia".

Víctor Marchetti, el oficial de la CIA que había ayudado a crear Pine Gap, más tarde me dijo: "Esta amenaza de cerrar Pine Gap causó apoplejía en la Casa Blanca. ... Una especie de Chile [golpe] se puso en marcha".

Mensajes ultra secretos de Pine Gap fueron de-codificados por un contratista de la CIA, TRW. Uno de los de-codificadores era Christopher Boyce, un joven preocupado por el "engaño y la traición de un aliado". Boyce reveló que la CIA se había infiltrado en las elites políticas y sindicales de Australia y que se referían al Gobernador General de Australia, Sir John Kerr, como "nuestro hombre Kerr".

Kerr no fue sólo el hombre de la reina, que tenía vínculos de larga data con la inteligencia anglo-americana. Él era miembro entusiasta de la Asociación Australiana para la Libertad de la Cultura, que según Jonathan Kwitny del Wall Street Journal, describe en su libro, "Crímenes de Patriotas" , como "una élite, un grupo formado solo por invitación ... expuesto en el Congreso como fundado, financiado y en general manejado por la CIA". La CIA "pago los viajes de Kerr, construyó su prestigio... Kerr continuó trabajando para la CIA por dinero".

Cuando Whitlam fue reelegido para un segundo mandato, en 1974, la Casa Blanca envió como embajador a Canberra a Marshall Verde. Verde fue una figura siniestra que trabajó en las sombras del "estado profundo" de los Estados Unidos. Conocido como el "maestro de los golpes de estado", ya había jugado un papel central en el golpe de 1965 contra el presidente Sukarno en Indonesia - que causo más de un millón de vidas. Uno de sus primeros discursos en Australia fue en el Instituto Australiano de Administración – descrito con alarma por un miembro de la audiencia como "una incitación a los líderes empresariales del país a levantarse contra el gobierno".

Los estadounidenses y los británicos trabajaron juntos. En 1975, Whitlam descubrió que el MI6 de Gran Bretaña estaba operando en contra de su gobierno. "Los Británicos estaban decodificando mensajes secretos que venían a mi oficina de asuntos exteriores", dijo más tarde. Uno de sus ministros, Clyde Cameron, me dijo: "Sabíamos que el MI6 estaba poniendo micrófonos en las reuniones de gabinete para los estadounidenses". En la década de 1980, oficiales de alto rango de la CIA revelaron que el "problema Whitlam" había sido discutido "con urgencia" por el director de la CIA, William Colby, y el jefe del MI6, Sir Maurice Oldfield. Un director adjunto de la CIA, dijo: "Kerr hizo lo que le dijeron que hiciera".

El 10 de noviembre de 1975, a Whitlam le enseñaron un télex secreto para Theodore Shackley, el conocido jefe de la División Este de Asia de la CIA, que había ayudado a ejecutar el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile dos años antes.

El mensaje de Shackley fue leído a Whitlam. Se decía que el primer ministro de Australia era un riesgo para la seguridad en su propio país. El día anterior, Kerr había visitado la sede de la Dirección de Señales de Defensa, la NSA de Australia, donde fue informado sobre la "crisis de seguridad".

El 11 de noviembre - el día en que Whitlam iba a informar al Parlamento sobre la presencia secreta de la CIA en Australia - fue convocado por Kerr. Invocando arcaicos "poderes de reserva" virreinales, Kerr despidió al primer ministro elegido democráticamente. El "problema Whitlam" se resolvió, y desde entonces, ni la política australiana ni la nación, nunca recuperaron su verdadera independencia.


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