• Telesur Señal en Vivo
  • Telesur Solo Audio
  • facebook
  • twitter
Desigualdad y democracia liberal: Una asociación perturbadora
Publicado 10 diciembre 2014



Blogs


¿Cómo traemos estas reformas fundamentales en un tiempo donde las minorías organizadas y las mayorías desorganizadas, parecen ser la norma, tanto en el Norte como en el Sur?

La evidencia de Thomas Piketty, las Naciones Unidas y otras fuentes son bastante concluyentes, ahora tenemos índices de desigualdad en el Norte y en el mundo que no tienen precedentes. Las políticas neoliberales que han imperado desde la década de 1980, en forma de Reaganismo y la Tercera Vía en el Norte, y en forma de un ajuste estructural impuesto por el FMI y la liberalización del comercio obediente de la OMC en el Sur, han sido responsables de esta situación sombría. En su célebre libro Capital en el Siglo 21, Piketty dice que, en realidad, las cosas pueden llegar a estar aún peor:

[S]i la milésima parte de arriba disfruta de una tasa del 6 por ciento de retorno sobre su riqueza, mientras que la riqueza media global crece sólo en un 2 por ciento al año, entonces después de treinta años la participación de capital global de la milésima parte superior se habrá más que triplicado. La milésima parte superior entonces poseerá el 60 por ciento de la riqueza mundial...

La dinámica contemporánea de acumulación de capital, advierte Pikety , "puede dar lugar a una concentración excesiva y duradera del capital: no importa que justificadas las desigualdades de riqueza puedan ser inicialmente, las fortunas pueden crecer y perpetuarse más allá de todos los límites razonables y más allá de cualquier posible justificación racional en términos de utilidad social".

Datos de Piketty muestran que desde el siglo XVIII, cuando despegó el crecimiento Capitalista, la creciente desigualdad ha sido la norma. Esta fue rota sólo en las primeras siete décadas del siglo 20. A partir de lo que parecía ser la evidencia de la primera mitad del siglo 20, el economista Simon Kuznets desarrolló la teoría de que cuando el Capitalismo madure, las desigualdades se reducirían, lo que ilustró con la famosa "Curva de Kuznets". Piketty dice, sin embargo, que la Curva de Kuznets es una extrapolación no válida de una teoría más allá de un período marcado por circunstancias excepcionales: lo que él llama "eventos exógenos", como las dos guerras mundiales y las agitaciones internas que condujeron a acuerdos políticos y sociales que revirtieron temporalmente la dinámica natural del Capitalismo hacia la desigualdad. Como él mismo escribe, "La fuerte reducción de la desigualdad de ingresos que se observa en casi todos los países ricos entre 1914 y 1945 se debió sobre todo a las guerras mundiales y las perturbaciones económicas y políticas violentas que implicaban. Tenía poco que ver con el tranquilo proceso de la movilidad intersectorial..."

Democracia Liberal en el banquillo

Como miembro del parlamento y antiguo activista pro-democracia, encuentro los comentarios de Piketty inquietantes, porque una de las cosas que parece estar diciendo, implícitamente, es que los regímenes democráticos, que se supone tienen por objeto promover la igualdad entre los ciudadanos, realmente no funcionan cuando se trata de contener la desigualdad económica. Es decir, la dinámica natural de la democracia no se puede confiar en contener la desigualdad. Ellos, por supuesto, consagran la igualdad formal, se llevan por los principios de una persona, un voto, e institucionalizan el Gobierno de la mayoría, pero son ineficaces cuando se trata de lograr una mayor igualdad económica.

Mi generación alcanzó la mayoría de edad en el Tercer Mundo, luchando para derrocar dictaduras y traer democracia a partir de las décadas de 1970 - 1990. Como persona que participó en estas luchas anti-dictadura, uno de nuestros poderosos argumentos contra el autoritarismo era que promovía la concentración de la riqueza en camarillas dictatoriales, aliados con el capital transnacional. Dijimos que la democracia podría revertir este proceso de empobrecimiento y desigualdad. De Chile a Brasil a Corea del Sur a las Filipinas, la lucha contra la dictadura fue una lucha tanto por la elección democrática, como por mayor igualdad. Sin embargo, la evidencia ahora parece clara, lo que Samuel Huntington llamó la "Tercera Ola" de la propagación de la democracia en el Sur en los años 1980 y 1990, fue de la mano con la expansión y consolidación de las políticas de ajuste estructural que crean desigualdad.

Cómo la Democracia Liberal Promueve la desigualdad: el caso de Filipinas

La forma en que los resultados sociales negativos son generados por el proceso democrático liberal, es ilustrada en la lucha por la reforma agraria en las Filipinas, lucha en la que he tenido una participante activo, como activista y como legislador en los 28 años desde que cayó la dictadura de Ferdinand Marcos.

La reforma agraria es probablemente el factor más importante para reducir drásticamente la desigualdad durante el proceso de desarrollo, como se muestra en el caso de Taiwán, China, Corea del Sur, Japón y Cuba. En Filipinas, en un primer momento, las cosas parecían estar dirigiéndose en la dirección correcta. Con el derrocamiento de Marcos en 1986, no sólo se estableció una Democracia Constitucional, sino una ley de reforma agraria radical, el Programa Integral de Reforma Agraria (CARP) que se aprobó, fue diseñada para dar a millones de campesinos el título de su tierra. La redistribución se llevaría a cabo pacíficamente bajo el gobierno democrático, en contraste con los programas coercitivos de China, Vietnam y Cuba.

En los años siguientes, sin embargo, el país se desarrolló como una democracia liberal al estilo Occidental clásico, las elecciones se convirtieron en un mecanismo que permitió a los miembros de la elite luchar entre sí por el privilegio de gobernar y al mismo tiempo consolidar el control del sistema político por su clase. Una de las víctimas de este sistema de poder de clase, era el CARP. Con la combinación de coerción, obstruccionismo legal, y conversión admisible de tierras agrícolas para fines comerciales e industriales, el proceso de reforma agraria se estancó, con menos de la mitad de las originales 10 millones de hectáreas destinadas a ser distribuidas a los campesinos en el 2008, veinte años después del comienzo del programa. En efecto, con poco apoyo en términos de servicios sociales, muchos campesinos acabaron revendiendo sus tierras de manera informal a los terratenientes, mientras que otros beneficiarios perdieron sus tierras recién adquiridas debido a acciones legales agresivas por parte de los terratenientes.

Es en este momento que yo y varios otros parlamentarios nos reunimos para patrocinar la Extensión del Programa de la Reforma Agraria Comprensiva con Reformas de Ley o CARPER. Pasamos un verdadero infierno para que sea aprobado, pero lo conseguimos en agosto del 2009. Lo que hizo la diferencia fueron las huelgas campesinas, las marchas - incluyendo una de 1700 km desde la isla meridional de Mindanao al palacio presidencial en Manila- -así como varios intentos para interrumpir las sesiones del Congreso.

CARPER logró tapar muchas lagunas del CARP original, y asignó P150 mil millones (unos $ 3,3 mil millones) para apoyar la redistribución de la tierra, así como los servicios de apoyo, subsidios para semillas y fertilizantes, servicios de extensión agrícola. Los servicios de apoyo habían faltado singularmente bajo el CARP original. Lo más importante de todo, el CARPER ordenaba la distribución de toda la tierra restante hasta el 30 de junio del 2014.

Mi partido, Akbayan (Partido Acción Ciudadana,) se unió a la nueva administración de Aquino como un socio de coalición tras las elecciones de mayo del 2010, en parte porque sentimos que el gobierno pondría énfasis en completar la reforma agraria a través del CARPER. A pesar de nuestra vigilancia y empuje constante, el proceso de adquisición y distribución de la tierra procedió a paso de tortuga.

La resistencia de los propietarios de la tierra, mediante vacíos de la ley de la reforma agraria y otros mecanismos legales, la inercia burocrática por parte de la Secretaría de la Reforma Agraria y la indiferencia por parte de la presidenta se combinaron para crear una situación en la que, para el 30 de junio del 2014, fecha que debía completarse el proceso, más de 550 mil hectáreas de tierra quedaron sin distribuir, con 450 mil de ellas en manos privadas, de hecho, las mejores tierras del país. Ya que este núcleo de parcelas de la élite no se han tocado y la mayor parte de la tierra privada que se ha distribuido no había sido objeto de adquisición forzosa, el secretario de la Reforma Agraria se vio obligado a admitir, en las audiencias del año pasado, que en los últimos 25 años, la reforma agraria no se había sometido a su prueba de fuego.

Con la horrible ejecución de una ley de la que yo era uno de los patrocinadores, intenté una última vez, hace unas pocas semanas, salvarla, haciendo que el presidente despida a su tímida Secretaria de la Reforma Agraria. Se negó. El presidente, Benigno Aquino III, es un descendiente de uno de los clanes más ricos en el país.

Ahora bien, aun cuando la élite terrateniente se basaba en los mecanismos de la democracia liberal para subvertir la reforma agraria, también fue a través de la democracia liberal, que las potencias extranjeras, como los EE.UU, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial trataron de moldear nuestra economía a lo largo de líneas neoliberales. No fue una dictadura sino un Congreso elegido democráticamente que aprobó la ley de créditos automáticos, que permite a los acreedores extranjeros tener el primer corte del presupuesto del gobierno.

No fue una dictadura sino un gobierno elegido democráticamente que provocó la caída de nuestras tarifas a menos del cinco por ciento, eliminando de este modo la mayor parte de nuestra capacidad de fabricación. No fue una dictadura sino un liderazgo elegido democráticamente que nos trajo a la Organización Mundial del Comercio y abrió nuestro mercado agrícola a la entrada sin restricciones de mercancías extranjeras que ha llevado a una erosión de nuestra seguridad alimentaria. Hoy en día, una próspera política electoral, donde las élites se pelean por el dinero y otros recursos, convive con una situación en la que, al 27,9 por ciento, la tasa de pobreza se mantiene sin cambios desde la década de 1990. Es cierto que los últimos tres años han subido relativamente las tasas de crecimiento del PIB de 5 a 7,5 por ciento, pero los estudios muestran que la tasa de desigualdad en las Filipinas se mantiene entre las más altos de Asia, lo que subraya el hecho de que los frutos del crecimiento siguen siendo apropiados por el estrato superior de la población.

La Democracia Liberal: ¿El Régimen Político Natural del Capitalismo Neoliberal?

La experiencia de las Filipinas es muy similar a la experimentada por otros países en desarrollo en los últimos 30 años, por lo que, irónicamente, la democracia liberal por la que luchamos también se convirtió en el sistema de nuestro sometimiento a las élites locales y las potencias extranjeras. Argentina, Perú, Jamaica, México, Ghana, Brasil: son algunas de los países o sistemas políticos democráticos o en proceso de democratización que implementaron programas de ajuste estructural que generan desigualdad. Incluso más que dictaduras, Washington- o por democracias tipo Westminster - nos vemos obligados a llegar a la conclusión, el sistema natural de la gobernabilidad neoliberal del latifundismo capitalista, ya que promueven, en lugar de frenar, las fuerzas salvajes de la acumulación de capital que llevan cada vez más a grandes niveles de desigualdad y pobreza. De hecho, los sistemas democráticos liberales son ideales para las élites económicas, para que se programen ejercicios electorales periódicos que promueven la ilusión de igualdad, cubriendo así al sistema de un aura de legitimidad, mientras subvierten la igualdad en la práctica, a través de la política del dinero, la ley, y el funcionamiento del mercado. El antiguo término marxista "democracia burguesa" sigue siendo la mejor descripción de este régimen democrático.

Para revertir el proceso se requiere no sólo de un programa económico alternativo basado en la justicia, la equidad y la estabilidad ecológica, sino un nuevo régimen democrático para sustituir el régimen democrático liberal que ha llegado a ser tan vulnerable a la captura de la elite y los extranjeros. En cuanto a la variante Estado democrático o el bienestar social de la democracia, es cuestionable lo útil que es como un modelo ya que sus salvaguardas contra la grave desigualdad han sido barridos por la contrarrevolución neoliberal en la mayoría de los países en los que surgió después de la Segunda Guerra Mundial.

Hacia una Nueva Democracia

¿Cuáles podrían ser algunas de las características de esta nueva democracia?

En primer lugar, las instituciones representativas deben estar equilibradas por la formación de las instituciones de democracia directa.

En segundo lugar, la sociedad civil debe organizarse políticamente para actuar como contrapunto y poner a prueba las instituciones estatales dominantes.

En tercer lugar, los ciudadanos deben tener listo un parlamento de las calles o el "poder popular" que se pueda aplicar en los puntos críticos, para influir en el proceso de toma de decisiones: un sistema, si se quiere, de poder paralelo. El poder del pueblo debe ser institucionalizado para la intervención periódica, no abandonados una vez que la insurrección ha desterrado al antiguo régimen.

En cuarto lugar, la socialización ciudadana debe alejarse de la idealización de las formas democráticas liberales y acercarse a la gente a participar en la formulación de nuevos acuerdos democráticos, más participativos. Tal como, la igualdad, en el sentido radical del término de la Revolución Francesa, debe ser traído al centro del escenario, y no sólo en términos de la noción burguesa de la igualdad de oportunidades.

En quinto lugar, a diferencia de la democracia liberal, donde la mayoría de personas participan en la toma de decisiones sólo durante las elecciones, en el marco del nuevo régimen democrático, la participación política se convertiría en una constante actividad, con personas que se vuelven ciudadanos activos en lugar de actores políticos pasivos en el proceso.

Eventos "Exógenos", Como Disparadores del Cambio

La pregunta es, ¿cómo traemos estas reformas fundamentales en un tiempo donde las minorías organizadas y las mayorías desorganizadas, parecen ser la norma tanto en el Norte como en el Sur? ¿Las reformas democráticas que he enumerado se "disparan" sobre todo, por lo que Piketty llama, "eventos exógenos"? Tras señalar que, "la dinámica a largo plazo de la distribución de la riqueza es potencialmente aterradora", se pregunta si la única solución podría consistir en reacciones violentas o golpes radicales, como las guerras y las revoluciones sociales que se desencadenaron durante la primera mitad del siglo 20.

Tal vez ahora estamos para esos shocks radicales. Tal vez los acontecimientos actuales en Irak y Siria no son eventos marginales sino explosiones que, tarde o temprano también ocurrirán en otras regiones, incluyendo el Norte. Cuando las explosiones políticas ocasionadas por la desigualdad y la búsqueda de identidad se combinen, con lo que muchos avizoran como las consecuencias sociales turbulentas del Apocalipsis climático, tal vez no estamos demasiado lejos del desarrollo de acontecimientos como los que marcaron el período 1914-45.

Citando a una famosa figura del siglo 20, no es una fiesta de cóctel. Es un toro furioso en una tienda de porcelana.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.