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Miembros del movimiento 21-F celebran la decisión de la Corte Suprema Electoral de Bolivia que descalificó al ex presidente Evo Morales como candidato al Senado.

Miembros del movimiento 21-F celebran la decisión de la Corte Suprema Electoral de Bolivia que descalificó al ex presidente Evo Morales como candidato al Senado. | Foto: EFE

Publicado 27 febrero 2020


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Los bolivianos celebrarán una nueva elección en mayo, sin el derrocado presidente Evo Morales.

Mientras Bolivia se prepara para para unas elecciones repetidas el próximo 3 de mayo, el país continúa revuelto luego del golpe de estado contra el presidente Evo Morales, el cual fue apoyado por el sector militar del país. Un rápido recuento: Morales se adjudicó la victoria en las elecciones de octubre, pero la oposición protestó alegando fraude. Un reporte del 10 de noviembre de la Organización de Estados Americanos (OEA) señaló irregularidades en la elección, que según ellos “conducía al equipo de auditoría técnica a preguntarse por la integridad de los resultados de los comicios del 20 de octubre”. La policía se sumó entonces a las protestas y Morales solicitó asilo en México.  

El gobierno instalado por los militares acusó a Morales de sedición y terrorismo. El reporte de monitoreo de la Unión Europea indicó que cerca de 40 ex funcionarios electorales habían sido arrestados y estaban enfrentando cargos de sedición y subversión. Reportó también la muerte de 35 personas en el conflicto post-electoral. El candidato que encabeza las encuestas, un miembro del partido Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP), liderado por Morales, ha recibido citaciones de fiscales por delitos no especificados. Algunos analistas sospechan que estas medidas pretendían su inhabilitación. 

Los medios han reportado ampliamente sobre este fraude como un hecho. Muchos comentaristas han justificado el golpe como una respuesta al fraude del MAS-IPSP. Sin embargo, como especialistas en integridad electoral, hemos encontrado que la evidencia estadística no respalda los alegatos de fraude en la elección de octubre en Bolivia. 
 
La OEA alega que tuvo lugar un fraude electoral 

La base más importante de las acusaciones de fraude fue el informe de la OEA. Los auditores de esta organización alegaron que habían encontrado evidencia de fraude luego de una pausa en el conteo preliminar (TREP) — los resultados no vinculantes de esa noche, destinados a rastrear el progreso de los datos antes del conteo oficial. 

La constitución boliviana establece que para ganar las elecciones, un candidato debe obtener la mayoría absoluta o el 40 por ciento de los votos con al menos 10 puntos porcentuales de ventaja por sobre el siguiente contrincante. De lo contrario, tendrá lugar una segunda vuelta. El conteo preliminar fue detenido con 84 por ciento de los votos escrutados, cuando Morales llevaba una ventaja de 7.87 puntos. Aunque la pausa fue consistente con la promesa de los oficiales electorales de contar preliminarmente al menos el 80 por ciento de los votos la noche de la elección y continuar a través del conteo oficial, la OEA expresó rápidamente sus preocupaciones en torno a esta pausa. Cuando se retomó el conteo preliminar, el margen de Morales superaba el umbral de los 10 puntos porcentuales. 

La OEA sostuvo que detener el conteo preliminar resultó en una tendencia “altamente improbable” en relación al margen a favor del MAS-IPSP cuando se retomó el conteo. La OEA reportó “una profunda preocupación y sorpresa ante el cambio en la tendencia de los resultados preliminares: drástico y difícil de explicar”. Adoptando un nuevo enfoque para el análisis de fraude, la OEA argumentó que importantes desviaciones en el reporte de los datos antes y después del corte estarían indicando una potencial evidencia de falsificación.  
 
Pero el análisis estadístico tras este alegato es problemático
 
El reporte de la OEA está parcialmente basado en evidencia forense que según sus analistas apunta a irregularidades, entre las que se cuentan denuncias de falsificación de firmas y alteración de planillas de conteo, una cadena de custodia deficiente y la detención del conteo preliminar de los votos. La OEA denunció como algo crucial, en referencia a la interrupción del conteo que “una irregularidad de tal magnitud era un factor determinante en el resultado” a favor de Morales, tal que, significaba una prueba cuantitativa fundamental para concluir una “clara manipulación del sistema TREP… que afectaba tanto a dicho sistema como al conteo final”.

Nuestro equipo no evaluó si esas irregularidades respondían a una deliberada interferencia — o si reflejaban los problemas inherentes a un sistema con poca inversión y con oficiales pobremente entrenados. En cambio, comentamos sobre la evidencia estadística. 

Ya que Morales había sobrepasado el umbral del 40 por ciento, la pregunta clave era si la diferencia con el candidato que le seguía era de 10 puntos porcentuales o no. Si no lo era, Morales estaría obligado a enfrentar a su más cercano competidor, el ex presidente Carlos Mesa, en una segunda vuelta.

Nuestros resultados fueron directos. No parece haber estadísticamente una diferencia significativa en el margen antes y después de la interrupción del conteo preliminar de votos. Por el contrario, es altamente probable que Morales sobrepasara el margen de los 10 puntos porcentuales en la primera ronda. ¿Cómo llegamos a esto? El enfoque de la OEA se basa en dos suposiciones: que el conteo extraoficial revela acertadamente la medición continua del voto, y que las preferencias registradas de los votantes no podían variar en el tiempo durante el día. Tomando estas suposiciones como ciertas, entonces el cambio en la tendencia a favor de un partido a lo largo del tiempo pudiera indicar potencialmente que un fraude había ocurrido.

La OEA no cita ninguna investigación previa que sustente estas suposiciones. Hay razones para creer que la preferencia de los votantes y el envío de los datos electorales puede variar en el tiempo: por ejemplo si se toma en cuenta que la gente que trabaja sale a votar más tarde. En zonas donde se agrupan votantes improvisados pueden formarse filas más largas y puede disminuir la capacidad de contar y reportar el conteo total de los votos con celeridad. Estos factores bien pueden tener efecto en Bolivia, donde hay severas desigualdades en cuanto a infraestructura y en cuanto los ingresos de la población en zonas rurales y urbanas. 

¿Hubo una discontinuidad entre los votos contados antes y después del conteo oficial?

De seguro, las discontinuidades pueden ser evidencia de manipulación. Por ejemplo en Rusia, hubo la denuncia de que oficiales electorales locales llenaron las cajas de las boletas electorales para alcanzar sus objetivos preestablecidos. Si los hallazgos de la OEA fueran correctos, habríamos visto el margen de votos a favor de Morales dispararse poco después de la pausa en el conteo —y la brecha entre él y su competidor más cercano sería demasiado grande como para ser justificada por su desempeño antes de que se detuviera el escrutinio. Podríamos esperar otras anomalías, como un cambio repentino en votos a favor de Morales en localidades que previamente estaban menos inclinadas a votar por él. 

El margen de Morales antes del corte del conteo preliminar

El eje x muestra el margen de Morales en el conteo preliminar de 1.477 localidades que enviaron datos antes del corte, y el eje y es su margen final, tal como fue reportado en el conteo oficial. La alta correlación entre el conteo preliminar y los resultados finales de la votación, sugieren que no hubo irregularidades significativas ni en el escrutinio, ni en el margen final de los votos a favor de Morales. (Jack Williams. Datos del Tribunal Supremo Electoral, 2019).

Tal como lo muestra la figura, nosotros no encontramos evidencia de tales anomalías. Encontramos una correlación de 0,946 entre los márgenes de ventaja de Morales antes y después del corte en localidades cuyos votos fueron contados antes y después. Es muy poca la diferencia observable en los resultados de las localidades antes y después de la pausa en el conteo, y esto sugiere que no hubo irregularidades significativas. Junto a otros académicos en el campo contactamos a la OEA para que comentara al respecto; la OEA no respondió. 

También aplicamos 1.000 simulaciones para ver si la diferencia entre los votos de Morales y su principal competidor podía predecirse, usando solo los votos verificados antes de que se detuviera el conteo preliminar. En nuestras simulaciones, encontramos que Morales podía esperar al menos 10,49 puntos sobre el siguiente candidato, más que los 10 puntos porcentuales necesarios para ganar indiscutiblemente. De nuevo, esto sugiere que ningún incremento en la ventaja de Morales después de la interrupción del conteo puede ser explicado enteramente por los votos que ya habían sido contados. 
 
No hay sustento estadístico para las denuncias de fraude

No pudimos hallar evidencia estadística de fraude —la tendencia en el conteo preliminar, la ausencia de un gran salto a favor de Morales luego de la pausa, y el tamaño del margen de la ventaja de Morales aparecen en su totalidad como legítimos. Desde cualquier punto de vista, el análisis estadístico y las conclusiones de la OEA parecerían profundamente viciados. 

Investigaciones previas publicadas en nuestra sección “La Jaula del Mono” (Monkey Cage) revelan que las diferencias económicas y raciales dificultan la verificación de los votantes y su registro en los Estados Unidos, resultando en un aumento del uso de boletas provisionales entre los Demócratas —y en un mayor apoyo para los candidatos de este partido entre los votos escrutados después del día de las elecciones. Bajo los criterios de fraude de la OEA, es posible considerar las elecciones en EEUU fraudulentas, porque es frecuente que los votos contados posteriormente tiendan a favorecer a los Demócratas. Claro, que un fraude electoral es un problema serio, pero basarse en pruebas no verificadas para argumentar un fraude es una amenaza seria para cualquier democracia. 
 

John Curiel es un científico investigador del Laboratorio de Ciencia y Datos Electorales del MIT. Obtuvo su doctorado en ciencias políticas de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Jack R. Williams es investigador del Laboratorio de Ciencia y Datos Electorales del MIT.

Este artículo fue publicado en https://www.washingtonpost.com/politics/2020/02/26/bolivia-dismissed-its-october-elections-fraudulent-our-research-found-no-reason-suspect-fraud/


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