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MILES DE KURDOS EN ALEMANIA PROTESTAN LA DESIGNACIÓN DE TERRORISTA AL PKK, LO QUE HA CRIMINALIZADO SUS COMUNIDADES.

MILES DE KURDOS EN ALEMANIA PROTESTAN LA DESIGNACIÓN DE TERRORISTA AL PKK, LO QUE HA CRIMINALIZADO SUS COMUNIDADES. | Foto: Firat News Agency

Publicado 16 diciembre 2015

Al añadir el PKK a la lista de terroristas por parte de los Estados Occidentales, criminalizan a los kurdos ordinarios. Sin embargo, su hipocresía también creó una comunidad consciente, movilizada y activista.

El año pasado, cuando los medios de comunicación occidentales estaban confundidos sobre la lucha de los "terroristas del PKK" contra los "terroristas del Grupo Estado Islámico", esto provocó una sonrisa en los rostros de los kurdos comunes y corrientes que, aparte de la opresión en su propia casa, son estigmatizados y criminalizados en toda Europa.

El designar a alguien como terrorista, a menudo se demoniza un lado del conflicto, mientras inmuniza al otro lado. Esto se aplica especialmente en el conflicto entre Turquía y el PKK, el segundo ejército más grande de la OTAN-por un lado, y un movimiento de liberación nacional armada por el otro. Pero en este caso, la designación de terrorista también criminaliza a toda una comunidad de gente común, negándoles los derechos fundamentales.

El añadir o quitar de la lista de terrorismo a grupos y estados, como el Irak de Saddam Hussein, de acuerdo a la situación política del día, es un ejemplo de cómo las listas negras son políticas e inmorales, independientemente de sus pretensiones. En realidad, los listados fortalecen la violencia patrocinada por el Estado, reforzando el monopolio estatal sobre el uso de la fuerza, haciendo caso omiso de la legitimidad de la resistencia y sin hacer distinción moral entre grupos como ISIS y movimientos que reaccionan contra la injusticia.

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), fue designado como grupo terrorista por Estados Unidos en 1997 y por la Unión Europea en el año 2002. Si bien afiliados del PKK-cometieron actos violentos en Alemania en la década de 1990, la violencia no fue la razón para justificar la prohibición, sino más bien porque el PKK estaba "perturbando los intereses de la OTAN en Oriente Medio". Aún hoy, los funcionarios europeos afirman que mientras Turquía mantenga la postura sobre el PKK, se abstendrán de borrar al PKK de la lista negra. Siempre que los gobiernos parecen querer reconsiderar, se debe a las tensiones con Turquía. Si bien la lista apacigua a Turquía, también es un comodín para señalar que su enemigo podría ser borrado de la lista negra si Turquía se porta mal.

Uno no tiene que ser simpatizante del PKK-para ver la prohibición como un anacronismo. En una era en la que el PKK no sólo cambió su perspectiva política, anunciando varias treguas unilaterales, e inició un largo proceso de paz de dos años, también es la garantía de vida para muchas comunidades étnicas y religiosas en el Medio Oriente como el más fuerte enemigo del grupo Estado Islámico. Los viejos argumentos no se pueden sostener.

Pero, dejando de lado los argumentos legales y políticos a un lado, ¿qué implicaciones sociales tiene la–lista-negra?

En Europa, los kurdos constituyen una de las comunidades más organizadas y políticas. El concepto de autonomía democrática se implementa en forma de asambleas populares y las mujeres de la diáspora. Este potencial democrático por sí mismo, es visto como una amenaza.

Los Gobiernos europeos pretenden deslegitimar a las organizaciones percibidas como terroristas mediante la focalización y la "perturbación" de las bases de apoyo a través de la criminalización, en un intento de despolitizar las comunidades y romper sus vínculos con la política del país.

Pero los Gobiernos Occidentales a menudo son cómplices de la opresión sobre estas comunidades en el extranjero. Los mismos estados que etiquetan al PKK como terrorista son los principales proveedores de armas en la guerra turca contra los kurdos. La inteligencia proporcionada por los aviones no tripulados de Estados Unidos sirvió para matar a 34 civiles kurdos en 2011, los tanques alemanes destruyeron 5 mil villas kurdas en la década de 1990 por manos del ejército turco. Irónicamente, mientras apoyaban la guerra de Turquía sobre los kurdos, los Estados europeos aceptaron miles de refugiados kurdos debido a la persecución política en la década de 1990. La naturaleza explícitamente geopolítica de estas listas refuerza la injusticia; por lo tanto, para la comunidad kurda las listas negras no son una norma de moralidad o legitimidad, mientras mueren activamente bajo sus implicaciones. Lo que sin embargo es acoso y abuso a una comunidad de millones.

En Europa, en realidad, la gente no necesita cometer delitos para ser arrestados por ser parte del PKK. En Alemania, que persigue la criminalización más agresiva debido a su larga tradición de colaboración política y económica con Turquía, uno de los criterios de adhesión al PKK puede ser la mera simpatía, que es respondida con escuchas telefónicas, violencia psicológica y física en las manifestaciones, allanamiento de casas y cierre de instituciones sociales y políticas. La participación en eventos sociales y políticos, que normalmente son derechos democráticos protegidos por acuerdos internacionales, bastan para ser calificados como criterios de pertenencia. Oficinas legalmente registradas, organizaciones estudiantiles y centros comunitarios están bajo sospecha constante.

Las personas son acusadas sin ver las pruebas en su contra, debido a la naturaleza secreta de los procedimientos de lucha contra el terrorismo. En el caso de Adem Uzun, un destacado político kurdo y activista, la razón para arrestarlo fue fabricada totalmente por las autoridades francesas.

Jóvenes kurdos en Alemania, Francia y el Reino Unido, sin estatus de residencia o ciudadanía, son perseguidos a causa de su vulnerabilidad y son coaccionados a colaborar con las autoridades como espías contra sus propias comunidades. Si se niegan, enfrentan amenazas de deportación. Hoy en día, los refugiados de Kurdistán que escaparon del grupo Estado Islámico están amenazados y hostigados por la policía europea por unirse a cualquier actividad política.

Ofensivas simultáneas a menudo se coordinan a través de Europa y coinciden con los acontecimientos en Kurdistán. Poco después del anuncio de las negociaciones de paz entre el PKK y el Estado turco en 2013, una fuerte represión contra activistas kurdos tuvo lugar, sobre todo en España, Alemania y Francia.

La visita de Angela Merkel al Presidente turco Erdogan, antes de las elecciones anticipadas de noviembre, expresó apoyo a un Gobierno autoritario-fascista y significó que Europa iba a cerrar los ojos ante las masacres turcas si Erdogan mantiene a los refugiados fuera de la UE. Mientras ciudades kurdas sitiadas, como Silvan, enfrentan masacres perpetradas por el ejército turco, Alemania asalta las casas de los kurdos y arresta activistas, el mismo momento en que escribo estas líneas.

Al mismo tiempo, después de haber pasado la mayor parte del año en la cárcel, Shilan Özcelik, una joven mujer kurda de 18 años de edad, está siendo juzgada en un tribunal británico bajo cargos de terrorismo, por presuntamente querer unirse a la lucha contra el grupo Estado Islámico. Los activistas creen que el Reino Unido, que ha criminalizado a los kurdos durante más de una década, quiere sentar precedente con el caso de Shilan, sobre todo después de que el voluntario británico, Konstantinos Erik Scurfield, murió luchando contra el grupo terrorista islamista junto a los kurdos en Siria, en su funeral fue tratado como héroe por la multitud. El Gobierno británico está en alianza tácita con las fuerzas kurdas en el frente de combate, pero criminaliza la misma lucha a nivel nacional.

Las estadísticas sobre los simpatizantes del PKK en Europa se basan solamente en conjeturas de las autoridades, debido a que la desconfianza mutua entre el pueblo kurdo ordinario y las autoridades estatales de Europa, hace imposible expresar opiniones políticas en público. El Reino Unido, Francia, Alemania y Dinamarca dejaron claro su punto de vista al cerrar varios canales de televisión kurdos, castigándoles con fuertes multas por supuestamente apoyar al PKK. En el caso de la televisión ROJ, se cree que el entonces Primer Ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, cerró el canal con el propósito de ganar el voto de Turquía para su cargo de Secretario General de la OTAN en 2009, según documentos filtrados.

Aquellos que se enorgullecen de la libertad de prensa y la democracia, ¿qué mensaje envían a cientos de miles de kurdos de la diáspora que ven estos canales como la única voz y conexión a su patria?

Que nadie es inmune contra la constante angustia kafkiana de criminalización queda ejemplificado en el caso de Nicole Gohlke, miembro del Partido de Izquierda del Parlamento alemán. En noviembre de 2014, durante el sitio del grupo Estado Islámico en Kobane, ella habló en una manifestación en Múnich. Levantó la bandera del PKK durante 15 segundos, diciendo: "Insto al gobierno alemán ha no criminalizar símbolos como estos, ya que la lucha por la libertad, los derechos humanos y la democracia está siendo liderada bajo esta bandera, en estos momentos. Levanten la prohibición contra el PKK". Ella fue detenida, obligada a pagar una multa y su inmunidad parlamentaria levantada. Esto ocurrió en un ambiente político en el que el PKK fue aplaudido internacionalmente después de rescatar a diez mil Yezidis varados en el Monte Sinjar.

Claramente, la designación de terror es un velo detrás del cual Europa esconde su propia maldad. Se trata de una herramienta de control para silenciar la disidencia y aniquilar la conciencia política. Pero el PKK es legítimo a los ojos de millones de kurdos; es imposible hacer alguna distinción entre "organización" y "base social". El que haya asistido a una manifestación kurda habrá escuchado el lema: "El PKK es la gente - y la gente está aquí". Kobane, el bastión de la resistencia contra el Grupo Estado Islámico, fue liberado con el lema "¡Viva Abdullah Öcalan!"

Hoy, el movimiento de liberación kurdo alrededor del PKK, especialmente con el paradigma de la liberación de sus mujeres pioneras, atrae no sólo a los kurdos, sino a todos los pueblos oprimidos de la región. En el Kurdistán sirio y al norte del Kurdistán, la idea de autonomía democrática basada en la coexistencia de todos los compuestos étnicos está tomando forma práctica.

Cuando Kobane estaba sitiada el año pasado, todo el mundo vio el poder de movilización de la comunidad kurda; cientos de manifestaciones espontáneas, huelgas de hambre, ocupaciones y manifestaciones fueron organizadas simultáneamente en toda Europa en cuestión de horas. Al mismo tiempo, la política de dos caras de Europa fue expuesta cuando el PKK salvó a comunidades enteras en el Medio Oriente, mientras el miembro de la OTAN, Turquía, apoyaba a grupos yihadistas queriendo ver caer a los kurdos ante el grupo Estado Islámico, convirtiéndose así en un factor causal importante de la crisis de refugiados, por la cual ahora la UE,adula a Turquía.

Independientemente de sus pretensiones moralistas, la toma de medidas drásticas por Gobiernos que negocian con armas y que apoyan a estados opresivos como Turquía, que se realizan con la esperanza de asimilar especialmente a  jóvenes kurdos en partes acríticas, pacificadas del sistema mediante el aislamiento y robándole sus opiniones, derechos democráticos, medios de comunicación y el sentido de comunidad, lograron todo lo contrario: una comunidad políticamente consciente, cada vez más autónoma, una comunidad crítica que quemó sus puentes con el sistema y está dispuesta a dedicarse plenamente a su legítima lucha.

**Dilar Dirik, 23 años, forma parte del movimiento de mujeres kurdas, escritora y estudiante de doctorado en el Departamento de Sociología de la Universidad de Cambridge.**


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