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Colombia. La Reforma Tributaria fue la gota que derramó la copa
Publicado 12 mayo 2021


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Fue, dicho a la manera colombiana “el florero de Llorente”, que desató la indignación colectiva nacional.

La Reforma Tributaria del gobierno de Iván Duque al igual que el Ministro de Hacienda, ideólogo de la misma, son ya cosa del pasado, sin embargo el paro nacional continúa, con un nivel tan excesivo de violencia por parte de fuerzas del Estado, que sorprende y alarma al mundo, más no a Colombia.

Y aunque ya no existe, la Reforma Tributaria fue la gota que derramó la copa. Fue, dicho a la manera colombiana “el florero de Llorente”, que desató la indignación colectiva nacional. ¿Pero cuál era su contenido para tal reacción de ira?

Imponía un impuesto del 19%, conocido como IVA, a productos de la canasta básica como el café y el azúcar; a la gasolina y el biodisel; a las pensiones; y a los servicios públicos en los estratos medios correspondientes a 4, 5 y 6, entre otras medidas.

El plan del gobierno era cubrir un enorme hueco fiscal, producto también de una enorme deuda externa, corrupción, burocracia y salvataje a los bancos durante la pandemia. Era un agresivo plan contra el bolsillo de los trabajadores, sin tocar los estratos altos y mucho menos a las grandes fortunas.

“Ley de Solidaridad Sostenible” era su sugestivo nombre, pero la gente no cayó en la trampa, ya en otras oportunidades había sucedido. Tanto anteriores gobiernos como el actual realizaron reformas con la misma fórmula, ortodoxa o conservadora según economistas. Es decir, sin ir al fondo del asunto: avanzar en una equitativa redistribución de ingresos para detener el cada vez más empobrecido bolsillo de millones de hogares. Es por ello que se explica, entre otras razones, que Colombia sea el segundo país más desigual de América Latina y el séptimo del mundo (Banco Mundial).
Y fue la presión social, las calles, las masivas movilizaciones nacionales, las que lo lograron. El Presidente Iván Duque hizo el anunció de su retiro pero advirtió que viene otra Reforma Tributaria.

Aunque el anuncio fue recibido como una pequeña victoria no fue suficiente para aplacar la indignación. La gente recordó que no es solo una reforma fiscal, es todo un paquete de medidas económicas que incluyen: reforma laboral, a la salud y a las pensiones, que bautizaron “Paquetazo Duque”.

En la coyuntura, esta rabia se basa en un drama cotidiano desde que llegó la Pandemia al país: la falta de un plato de comida en la mesa de millones de familias, ante la mirada indolente del gobierno. Desde hace un año hemos visto trapos rojos en las puertas y ventanas de barrios populares como llamado de auxilio ante sus más básicas necesidades. Por ello, todos los partidos de oposición han pedido insistentemente una renta básica universal, sin ser escuchados.

“O nos mata el hambre o nos mata la Covid-19” dicen muchos con frecuencia, al tener que salir de sus casas para buscar medios de supervivencia en un país en donde han muerto más de 77 mil personas por el virus. En la última semana el promedio de fallecidos es de 480 cada 24 horas, según cifras oficiales. Después de Brasil y México, Colombia es la nación de América Latina más golpeada por la Pandemia.

A casi 15 días del paro cívico que comenzó el pasado 28 de abril, escuchamos que a esa frase frecuente se le suma otra: “o nos mata la Policía” y lo que sería un día de manifestaciones se extiende, sin saber hasta cuando.

Estudiantes, afros, campesinos, indígenas, trabajadores, centrales obreras, gremios de profesores y movimientos sociales, cada uno con sus propias reivindicaciones, se unen para decir “Basta” a un modelo de país que los ahoga, que quedó totalmente develado por la pandemia y que ahora muestra el lado más represivo contra la legítima protesta, tal como lo consagra la Constitución.
Producto de la excesiva violencia ejercida por el Estado contra los manifestantes en menos de dos semanas, 47 personas han sido asesinadas, 39 a manos de la fuerza pública, la mayoría jóvenes. Así mismo 300 personas han quedado heridas entre las que se cuentan 28 víctimas de agresiones oculares; se han producido casi mil detenciones y hay cientos de personas reportadas como desaparecidas. Según la Plataforma contra la Desaparición Forzada, se desconoce el paradero de 370 colombianos en el marco del estallido social.

Como jefe de estado y de las fuerzas militares, el principal responsable de este baño de sangre es el Presidente Iván Duque, que juega a dos bandas. De un lado llama a un diálogo nacional, se reúne primero con las élites políticas y deja en el final de la lista a los estudiantes y las centrales obreras. De otro lado, usa toda la capacidad represiva del estado contra las concentraciones sociales, con más uniformados, armas y vehículos de guerra en las calles. En las últimas horas por ejemplo, ordenó el envío de diez mil Policías y dos mil soldados más a Cali para contener la protesta. Sin embargo llama la atención que tal nivel de acción represiva no persuade y las movilizaciones lejos están de detenerse.

Los videos en donde se observa con toda claridad a la fuerza pública agrediendo a civiles le han dado la vuelta al mundo, es inocultable, a pesar de los intentos del cerco mediático. Por ello gobiernos, organizaciones políticas, académicas, pueblos, la ONU y el Papa Francisco, se han pronunciado pidiendo que se detenga este proceder y se priorice el diálogo y la concertación. El gobierno responde a través de la cancillería que se enfrentan a un “terrorismo urbano”.

¿Para donde va Colombia? Se pregunta el reconocido sociólogo portugués, Boaventura de Sousa Santos, en su más reciente artículo y entre sus reflexiones comparto las siguientes: “Las consecuencias de la pandemia no pueden ser mágicamente frenadas por la ideología de los gobiernos conservadores; la crisis social y económica pospandémica será gravísima, sobre todo porque se acumula con las crisis que preexistían a la pandemia. Será por eso mucho más grave”.
Y más adelante agrega: “El neoliberalismo no muere sin matar, pero cuanto más mata más muere. Lo que está pasando en Colombia no es un problema colombiano, es un problema nuestro, de las y los demócratas del mundo”. (Colombia en llamas: el fin del neoliberalismo será violento).

¿Para donde va Colombia? Se preguntan también millones de colombianos que padecen la no esperanza de futuro.


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