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Así somos
Publicado 21 septiembre 2014
Los venezolanos somos unos, el pueblo (y los que conocen y defienden al pueblo), y los otros son parásitos con nacionalidad venezolana que desde siempre esencialmente, y desde Chávez visiblemente, viven de explotar, oprimir, utilizar, traicionar y calumniar al pueblo.

Abogado, narrador, historiador, ensayista, dramaturgo, dibujante, submarinista y centinela de la Revolución, nuestro brillante Luis Britto García se metió a sociólogo (perdonen la palabreja) para preguntarnos ¿Cómo Somos? con un plural muy singular que resume la más vieja superstición nacional, la de un país integrado por la misma gente.

Los venezolanos somos unos, el pueblo (y los que conocen y defienden al pueblo), y los otros son parásitos con nacionalidad venezolana que desde siempre esencialmente, y desde Chávez visiblemente, viven de explotar, oprimir, utilizar, traicionar y calumniar al pueblo.

Los parásitos se sienten venezolanos sólo en la medida en que Venezuela es una hacienda de la cual son dueños o mayorales, lacayos o domésticos, histriones o bufones… sólo en la medida en que haya una mayoría por debajo de ellos. Mientras esa mayoría, permanezca en su lugar, les rinda pleitesía y sea obediente, pueden aceptarla como parte útil de la hacienda, y hasta tenerle cariño, comprensión y simpatía condescendiente.

Pero cuando Chávez señaló la injusticia y exclusión en que los pocos tenían a los muchos, y los muchos lo siguieron, los parásitos se sintieron ofendidos y “se les salió la clase”, su racismo, desprecio y odio hacia los “igualados”, hacia el pueblo que quería incluirse sin excluirlos ni hacerle daño a nadie. Para los parásitos pseudo-venezolanos la Patria es la hacienda como la conocían, sin humanidad y sin América: no quieren ser parte de ninguna Patria que no sea “su” hacienda. No quieren Patria: dejaron de ser ciudadanos de la Venezuela con pueblo que hoy tenemos. Dejaron de ser venezolanos y se volvieron apátridas.

No es la primera vez. Durante la Independencia mataron y se dejaron matar por Fernando VII, el más mierdoso rey que tuvo España; después de la Independencia se sintieron ofendidos por ese “rebullicio de mulaticos recién vestidos” y “zambos respondones”…que pronto fueron puestos en su sitio, a tiros, por Páez, devenido traidor y presidente de la Nación de los doctores. Luego vino la emancipación de los esclavos: los apátridas, alarmados por la aparición de la “mulatocracia”, ofrecieron a Inglaterra un tercio de Venezuela si nos invadía y ponía orden en la hacienda. No fue necesario: los “gendarmes necesarios” pusieron al pueblo en su lugar.

La aparición de los partidos y la llegada de los adecos “alpargatudos” alarmó a los Amos del Valle y sus lacayos, creyendo que se trataba de la revolución “que, como las grandes lluvias, trae la mierda de los cerros y la pone en la Plaza Bolívar” (Laureano Vallenilla Lanz, hijo – “Escrito de Memoria”), pero el partido del pueblo que cantaba “Adelante a luchar milicianos a la voz de la revolución” se domesticó con los gringos e impuso orden en la hacienda a fuerza de torturas, asesinatos y desapariciones. La nacionalidad estaba salvada: “venezolanos” torturaban a venezolanos. Y ¡qué alivio! cuando el gobierno salió a detener el “Caracazo”, masacrando a la gente desarmada e indefensa, y maldito fue y será por siempre el apátrida General Ítalo del Valle Alliegro, el carnicero de Caracas.

Que me perdone Luis Britto García, pero los venezolanos y venezolanas amanecen. Los apátridas viven del trabajo ajeno y dicen que el venezolano es flojo, se sienten cosmopolitas porque viajan a Miami y nos desprecian. Nos matarían su pudieran, y lo dicen: sueñan con su Noche de los Cristales Rotos y un estadio repleto de condenados a muerte. Son quienes le mendigan una estrella a la bandera y extienden ansiosa mano hacia el cheque o el fajo de dólares del extranjero, apátridas infelices que suplican por la invasión extranjera.

¿Somos “extrovertidos, gregarios, solidarios, igualitarios”?. Los venezolanos si, los apátridas todo lo contrario. ¿Somos “pródigos y generosos”? No los apátridas que se babean despotricando contra “la regaladera de Chávez”. ¿”Sólo confiamos en la autoridad de la competencia demostrada”? No quienes votaron por Manuel Rosales, o por Capriles Radonsky, o siguen a los incompetentes líderes de la derecha.

Que me perdone Luis Britto García, pero su ejercicio de unificación olvida la historia de Venezuela y la lucha de clases, se distrae de estos últimos quince años de generosa revolución vilmente atacada por los apátridas, sus medios y los que se dejan engañar por esos medios. ¿Es acaso venezolana la tarántula que dijo preferir que nos gobernara un militar yanqui antes que Chávez? La palabra compatriota le queda grande a mucha gente y por eso hoy significa chavista, partidario de la participación y la inclusión. Los compatriotas no excluimos a los apátridas: se excluyeron ellos solos.

Hay que entenderlo y repetirlo: los compatriotas, los venezolanos somos unos, el pueblo (y los que conocen y defienden al pueblo)… Los otros son parásitos con nacionalidad venezolana, que desde siempre esencialmente, y desde Chávez visiblemente, viven de explotar, oprimir, utilizar, traicionar y calumniar al pueblo.


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En Venezuela está el poder popular, bolivariano, socialista y chavista con acción transformadora de la patria venezolana. Por el otro lado están los pitiyanquis escuálidos, sabandijas y FASCISTAS con acción violenta y destructora de Venezuela. Está claro
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