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Las fuerzas británicas se acercan a una zona conocida como colina de la hamburguesa durante una patrulla en la provincia de Helmand, Afganistán 6 de noviembre de 2007.

Las fuerzas británicas se acercan a una zona conocida como colina de la hamburguesa durante una patrulla en la provincia de Helmand, Afganistán 6 de noviembre de 2007. | Foto: Reuters

Publicado 19 noviembre 2015





La guerra en Afganistán era un tema tabú incluso para el movimiento contra la guerra (2002-2007).

Hace varios años, tuve la oportunidad de trabajar con Suraia Suhar, una mujer nacida en Afganistán que ahora vive en Toronto, Canadá. En ese momento, Suraia estaba organizando a los afganos por la Paz (AFP), y yo estaba sirviendo en la junta directiva de Veteranos de Irak Contra la Guerra (IVAW).

Ya en 2012, la OTAN celebró su cumbre anual en Chicago, donde miles de manifestantes contra la guerra se presentaron para apoyar a AFP e IVAW, y para protestar contra el militarismo en curso y en constante expansión de la OTAN. Los mítines y acciones culminaron con los miembros de IVAW descartando sus medallas, haciéndose eco de las acciones de Dewey Canyon III en 1971, cuando los Veteranos de Vietnam Contra la Guerra tiraron sus recuerdos militares en las escalinatas del Capitolio en Washington DC.

Las protestas anti-OTAN fueron las últimas manifestaciones masivas contra la guerra que tuvieron lugar en los EE.UU. Desde entonces, e inclusive en los años anteriores (2008-2012), el movimiento contra la guerra ha sido casi inexistente. Sin embargo, aun cuando el movimiento contra la guerra estaba activo y visible (2002-2007), la guerra en Afganistán era un tema tabú. En resumen, los Progresistas e Izquierdistas en América del Norte nunca han llegado a un acuerdo en el hecho de que la guerra en Afganistán fue, es y siempre será, catastrófica e inmoral.

Nada menos que hace un par de semanas, como sabe la mayoría de la gente, el ejército estadounidense bombardeó un hospital civil en Kunduz, Afganistán, matando a 12 miembros de la organización de salud, Médicos sin Fronteras, junto con 10 civiles afganos que estaban siendo tratados por enfermedades vinculadas a la actual ocupación de la OTAN. Sin duda, el horror continúa para el pueblo afgano, y sin un final a la vista, ya que Obama decidió que mantendría 5 mil 500 soldados en Afganistán hasta que salga  del cargo en enero de 2017.

Recientemente tuve la oportunidad de hablar brevemente con Suraia, quien actualmente trabaja con organizaciones antirracistas en Toronto. Cuando le pregunté sobre el bombardeo en Kunduz, Suraia dijo que el mundo debe apoyar la campaña actual de Médicos sin Fronteras y esperaba que se utilice este brutal evento para aplicar presión política, tanto en los EE.UU como en el extranjero. Lo que se necesita, según Suhar, es una investigación independiente. Como IVAW demostró con sus audiencias de ‘Winter Soldier’, el ejército estadounidense no investiga adecuadamente sus propias acciones. Cuando los militares investigan y ocasionalmente enjuician, soldados de baja graduación y mujeres son los que enfrentan la música, no los oficiales de alto rango.

Respecto al reciente anuncio de Obama en relación con los niveles de tropas estadounidenses en Afganistán, dijo, "Es sólo una extensión de la actual ocupación. En cuanto al futuro, bueno, creo que mucho de eso dependerá de quien sea elegido después de que Obama deje el cargo". En otras palabras, "Obviamente Trump tendría un enfoque diferente de la política exterior de Sanders. Y dada su reputación, me preocupa que un gobierno de Clinton daría lugar a más políticas de halcón de guerra en el extranjero que las fracasadas políticas de Obama".

¿Y sobre las mujeres afganas? Suraia no lo cree. "Este es un argumento orientalista cansado y desacreditado. Teniendo en cuenta que vivimos en la era de la información, mi esperanza es que aquellos que creen y repiten estas afirmaciones hagan el esfuerzo de leer los informes estadísticos sobre la calidad de vida de las mujeres en Afganistán, y vean que los avances, aunque con resultados deficientes, tienen poco o nada que ver con la guerra militar". Resulta que las bombas son propicias para la igualdad de género o los derechos políticos – imagine eso.

De hecho, las bombas y los ataques de la OTAN han creado más inseguridad. "Toda la ocupación ha sido plagada de corrupción, escaladas de violencia, muertes evitables, y aún más falta de poder para el pueblo afgano. El elevado número de desplazados internos y el aumento de refugiados son evidentes signos del deterioro de la seguridad en Afganistán". De hecho, la situación sigue deteriorándose en Afganistán.

"Afganistán fue considerada la guerra buena (legal) y una respuesta justificada a Septiembre 11. Casi inmediatamente el alarmismo fue alimentado con un aumento de islamofobia y xenofobia, y la prensa no tuvo problemas para propagar la retórica anti-terrorista en forma de patrioterismo". Además, Suhar señala que: "Cuando la guerra de Afganistán se intensificó a finales de 2009, un demócrata (Obama) estaba en el poder, por lo que el movimiento contra la guerra, posteriormente, y cobardemente podría añadir, se disipó. Fue decepcionante por decir lo menos".

¿Crítica mordaz? No hay duda. Pero verdadera, no obstante. Personalmente puedo dar fe de la posición cobarde que muchas organizaciones pacifistas tomaron con respecto a la guerra en Afganistán. Incluso de Izquierda, nunca entendieron cómo hacer frente a la "guerra buena". Parte del problema, al menos desde mi punto de vista, es que hemos hecho un mal trabajo educando a los activistas por la paz y la justicia sobre el Imperio Estadounidense, su historia y el legado de las llamadas intervenciones humanitarias y operaciones de contrainsurgencia.

En lo que se refiere al movimiento contra la guerra, le pregunté Suraia qué consejo tendría para aquellos que buscan reconstruir el movimiento, o mejor aún, construir un nuevo movimiento para oponerse al militarismo y el imperio. "No puedo hacer suficiente hincapié en la importancia de trabajar junto a personas procedentes de Afganistán que están bien informadas, con experiencia, y ya están haciendo  organización comunitaria. Esto va para todas las regiones en conflicto en las que el movimiento contra la guerra está involucrado"

Además, de acuerdo a Suhar, "Yo también creo que es importante saber cómo contrarrestar y encontrar soluciones alternativas a la guerra militar, un mejor entendimiento del desarrollo sustentable a largo plazo, la justicia restaurativa y la reparación serían de tremenda ayuda al movimiento por la paz". Además, "El movimiento contra la guerra debe ser consciente de los problemas que pueden surgir de ciertas áreas de la política de identidad. Un ejemplo de esto es celebrar la diversidad en el ejército de Estados Unidos, cuando ese militar todavía está sirviendo a los intereses del Gobierno y corporaciones".

Al final de la conversación, le pregunté a Suraia como ha sido la vida para ella, una mujer afgana, franca y pública que vive en Toronto:

Creo que más personas están tomando conciencia de que el actual clima de islamofobia y racismo se ha utilizado para apoyar políticas de estados policiales, guerras en el extranjero y leyes en contra de las libertades civiles, así que ha habido una creciente resistencia a las mismas. Para ser clara, ser mujer afgana,franca y pública, que vive en América del Norte en el mundo post-9/11, no he estado exenta de desafíos.

Al encontrarme con visiones fuertemente sesgadas y desinformadas, una cosa que he notado es el constante criticismo sexista dirigido a mí y a las mujeres afganas con las que he trabajado, que han venido de muchas fuentes –los señores de la guerra afganos que apoyan la misión de la OTAN, figuras de los medios neoconservadores y sus seguidores, y racistas en general. Tenga en cuenta que estoy hablando de los canadienses aquí. Nos han dirigido ataques virulentos y acoso en línea por ser mujeres musulmanas de Afganistán con una opinión política, que por supuesto es diferente de la de ellos. Esto revela su hipocresía al reclamar que apoyan los derechos de las mujeres y su liberación a través de guerras occidentales. Son inevitables los ataques, por lo que he llegado a esperar que sucedan. Me doy cuenta que la intención es silenciar la disidencia, pero es una táctica cobarde. Una buena defensa es la transparencia y el apoyo de los aliados.

Los consejos y reflexiones de Suraia son muy similares a la orientación y reflexiones que he escuchado de otros afganos e iraquíes en los últimos años. En resumen, estos activistas necesitan solidaridad y verdaderos aliados - aliados que estén dispuestos a dejar de lado las pequeñas diferencias en la búsqueda de poner fin al imperio estadounidense en el extranjero, la islamofobia y el militarismo en casa. Después de todo, estamos hablando de la guerra, así que vamos a tomarlo en serio mis amigos, porque nuestros hermanos y hermanas en el extranjero requieren nuestra solidaridad y compromiso.

**Vicente Emanuele puede ser contactado en vincent.emanuele333@gmail.com**


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