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Como activistas por la paz, deberíamos de alzar la voz y llevar nuestras preocupaciones sobre la acelerada dependencia en robots armados.  (Foto: Efe)

Como activistas por la paz, deberíamos de alzar la voz y llevar nuestras preocupaciones sobre la acelerada dependencia en robots armados. (Foto: Efe)

Publicado 17 julio 2014
Kabul – El 10 de Julio del 2014, en el estado de Nueva York, el juez David Gideon sentenció a un año de prisión y a una multa de $1,000 a Mary Anne Grady Flores. Su crimen fue fotografiar una manifestación pacifica en las afueras de la Unidad Militar 174 de la Guardia Nacional Aérea Estadounidense en Hancock Field (cerca de Syracuse), donde drones (aviones no-tripulados) armados se maniobran de manera remota mientras sobrevuelan Afganistán.

Kabul – El 10 de Julio del 2014, en el estado de Nueva York, el juez David Gideon sentenció a un año de prisión y a una multa de $1,000 a Mary Anne Grady Flores. Su crimen fue fotografiar una manifestación pacifica en las afueras de la Unidad Militar 174 de la Guardia Nacional Aérea Estadounidense en Hancock Field (cerca de Syracuse), donde drones (aviones no-tripulados) armados se maniobran de manera remota mientras sobrevuelan Afganistán. Decenas de otras personas han sido sentenciadas previamente por manifestarse ahí pacíficamente. Pero lo que marcó una diferencia en este caso es que la corte sentencio a Grady basándose en leyes creadas para castigar a acosadores, bajo el criterio de que – al tomar fotos en las afueras de una base militar de alta supervisión – ella había violado una orden anterior para proteger al oficial encargado de acoso u hostigamiento.

Mary Anne es abuela de tres, tiene 58 años de edad, y vive en Ithaca, Nueva York, donde participa en la organización Upstate Drone Action.

Desde finales del 2009, la organización ha buscado persistentemente concienciar a la población sobre las consecuencias de los ataques de drones en Afganistán, el epicentro global de la guerra de drones de EE.UU. En diciembre del 2012 la Fuerza Aérea estadounidense reveló que había lanzado 477 ataques sobre Afganistán el año precedente. Miembros de Upstate Drone Action se alarmaron por la proliferación de drones y la facilidad con la que asesinan a sospechosos, y en general se preocuparon por vivir en una sociedad que automática y consistentemente escoge la guerra sobre cualquier otra solución a sus problemas.

Entonces, cientos se reunieron en Syracuse, Nueva York, para los eventos organizados por la coalición, incluyendo resistencia no-violenta en la base de Hancock.

Frustrado por la insistencia de los manifestantes – dispuestos a enfrentar un arresto –, el Coronel Earl Evans recibió una “Concesión de Orden de Protección” (una orden de restricción) por parte del juez del pueblo de DeWitt, que argumentaba que los manifestantes representaban un riesgo para su seguridad personal al manifestarse allí.

A primera vista, la idea de imponer una orden de este tipo sobre manifestantes no-violentos puede parecer risible. Estas 'órdenes de protección' se aplican generalmente en casos de violencia doméstica, contra acosadores o para proteger a víctimas (o testigos) de un crimen. ¿Cómo se pudo sentir amenazado por una civil desarmada como Mary Anne un coronel militar que vive en una base fortificada rodeada de armas y hombres entrenados para utilizarlas? Ella, como la mayoría de sus compañeros de la coalición, ha trabajado toda su vida para prevenir derramamientos de sangre y muerte.

Pero las cortes de DeWitt defendieron el derecho del Coronel Evans de ser protegido de activistas pacíficos. Entonces queda establecido que cualquiera que cruce los límites establecidos por la Orden de Protección fuera de la base (que no están claramente marcados), corre el riesgo de ser sentenciado por la corte por violar esa orden. Mary Anne se había alejado del grupo de manifestantes porque quería preguntarle algo sobre su cámara a su hermana Ellen.

Durante la presentacion de su caso en la corte, Mary Anne intentó explicarle al juez Gideon que gente joven como los Voluntarios por la Paz en Afganistán (APV) – con quienes vivo aquí en Kabul – están siendo amenazados por los drones. Ella y otra coalición de organizaciones presentaron a la corte una carta de Raz Mohammed, miembro de APV, cuyo cuñado fue asesinado por un drone, pidiéndole a las cortes estadounidenses que dictaran un mandato protegiéndolo a él y a su familia de una repentina aniquilación guiada por control remoto.

En Syracuse, Nueva York, un Departamento de Libertad Condicional [?] recomendó que no se le asignara tiempo en la cárcel a Mary Anne, destacando que es la encargada del cuidado de su madre y que la infracción no merecía encarcelamiento. Sin embargo el juez Gideon consideró que si no enviaba a Mary Anne a la cárcel, se correría el riesgo de que ella burlara la ley y se arriesgara a ser arrestada de nuevo.

El juez Gideon ha juzgado a varios activistas pacíficos en la Corte del pueblo de DeWitt por sus manifestaciones en contra de la guerra con drones. “Esto tiene que parar” dijo en un momento de exasperación en otro caso anterior. Todo parece indicar que la sentencia que dictó a Mary Anne busca establecer un precedente que persuada a los demás activistas, que se manifiestan amparados en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense donde se expresa el derecho a “que se reparen sus agravios”.

“Espero que se sienta orgullosa” dice Faiz, también parte de la comunidad APV. “Las leyes no deberían proteger formas de asesinar a la gente. Aquí en Afganistán, EE.UU. usa drones para asesinar a niños, madres, gente ordinaria. Espero que el juez piense en eso también”.

Cuando se dictaba su sentencia, Mary Anne explicó al juez Gideon que una serie de perversiones jurídicas la llevaron a estar ahí frente a él. “La última perversión” dijo “es la reversión de la verdadera víctima en este caso: ¿el coronel de una base militar cuyos drones asesinan a personas inocentes al otro lado del mundo, o las personas inocentes que son las que realmente necesitan protección del terror de ataques de drones estadounidenses?”.

¿Es un crimen tomar fotos de manifestantes pacíficos ejerciendo sus derechos establecidos en la Primera Enmienda, o es un crimen tomar múltiples fotos con drones de residencias privadas afganas y subsecuentemente utilizarlas para apuntar y asesinar a afganos que no han sido detenidos ni juzgados?

Mary Anne y los activistas del Upstate Drone Action tienen una gran preocupación. Se oponen a que se utilicen drones para lanzar misiles a hogares y comunidades donde civiles afganos, incluyendo niños, pueden ser asesinados. Ellos hacen preguntas cruciales en cuanto a la posibilidad de que niños sean asesinados por estos drones. Hacen preguntas cruciales en cuanto a la posibilidad de que los ataques de drones exacerben y prolonguen guerras, conflictos y disputas armadas. Espías aéreos que pueden desplazarse adonde sea, listos para asesinar a cualquier sospechoso con misiles, hace del mundo entero un campo de batalla en donde EE.UU. es un combatiente. Peor aún, esta es tecnología que otras naciones y grupos están intentando adquirir. Un revés podría generar espirales de confrontaciones letales. Inclusive 'think-tanks' como el Stimson Center – financiado por corporaciones que producen armas – han comenzado a cuestionar la efectividad de la guerra con drones.

Como activistas por la paz, deberíamos de alzar la voz y llevar nuestras preocupaciones sobre la acelerada dependencia en robots armados ante todas las diferentes entidades del gobierno, incluyendo el poder judicial.

El problema no es que Mary Anne no se apegue a la ley. Ella está ejerciendo sus derechos establecidos en la Primera Enmienda, el derecho de la gente de organizarse si siente que está siendo agraviada. El problema es que el juez Gideon se niegue a desafiar a las élites militares, algunas de las cuales nunca quisieron que personas compasivas y conscientes interfieran en sus políticas de amenaza, fuerza e inclusive asesinato para controlar a poblaciones foráneas.

En días venideros, otros tres activistas – Jack Gilroy, Russell Brown y Andrew Schoerke – van a ser juzgados bajo cargos similares en la Corte del pueblo de DeWitt, dándole al juez Gideon y su colega el juez Robert Jokl nuevas oportunidades para pensar en estos asuntos críticos.

Mary Anne, una de las personas más bondadosas y amables que he conocido, ha comenzado a cumplir con su sentencia en el Centro Correccional (cárcel) de Jamesville en Nueva York.

Durante esta tarde, mientras escribía sobre Mary Anne, mi joven amiga Zarghuna me dijo que había estado pensando todo el día en ella. Zarghuna está ayudando a comenzar una comunidad femenina para habitar en una comunidad afgana con APV. “Por favor,” me dijo “¿puedo escribirle a ella?” La respuesta es por supuesto que sí. Y usted también puede, a esta dirección: Mary Anne Grady Flores, #12001966, Jamesville Correctional Facility, P. O. Box 143, Jamesville, NY 13708, USA.

Creo que pronto los prisioneros que ella conozca en la prisión de Jamesville van a concordar con Abdulhai: Mary Anne Grady Flores tiene un gran corazón. Ella piensa en personas que se encuentran lejos.

Kathy Kelly (kathy@vcnv.org) es co-coordinadora de Voices for Creative Nonviolence (www.vcnv.org)


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