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La III Internacional pretendió, incluso en términos simbólicos, la subversión del mundo capitalista y su sustitución por uno nuevo: el comunista.

La III Internacional pretendió, incluso en términos simbólicos, la subversión del mundo capitalista y su sustitución por uno nuevo: el comunista. | Foto: Twitter: CLATE

Publicado 2 marzo 2021


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Una de las consecuencias más notables de la Revolución bolchevique fue la internacionalización que se propuso en 1919.

En noviembre de 1917, los bolcheviques liderados por Vladimir Ulianov, más conocido por Lenin, se hicieron con el poder en Rusia al derrocar al Gobierno burgués de Kerensky y, por primera vez desde la Comuna de París en 1871, controlarán un país. Una de las tareas urgentes de cualquier revolución triunfante, para asegurarse su propia sobrevivencia, es su internacionalización; uno de cuyos hitos esenciales fue la creación de la Internacional Comunista en 1919.

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El proletariado no tiene patria y, de ahí, que el internacionalismo sea consustancial a la ideología del proletariado, cuyo lema desde el Manifiesto Comunista de 1848 es: "¡Proletarios de todos los países uníos!". Por eso cuando en 1912 comenzaron a sonar los tambores de la guerra, la socialdemocracia de todo el mundo convocó con urgencia un congreso en noviembre en Basilea (Suiza) presidido por August Bebel para sellar la alianza inquebrantable de los obreros de 23 países diferentes, europeos en su mayor parte.

En agosto de 1914 sin embargo, las cosas se presentaron de una manera muy distinta. La socialdemocracia se aprestaba a traicionar a la clase obrera y a traicionarse a sí misma, cuando se puso al servicio de la burguesía de sus propios países cuando llamó a los obreros a matarse entre sí, al votar, en sus parlamentos nacionales, los "créditos de guerra" que hicieron posible, en términos prácticos, la Primera Guerra Mundial (1914-1918); proceso descrito, con razón, como la "bancarrota" de la Segunda Internacional.

En noviembre de 1917, las masas de obreros, soldados y campesinos, dirigidos por el Partido bolchevique, tomaron el poder en Rusia, e instauraron la República Socialista Soviética. El nuevo Estado soviético se convertía así en un modelo a seguir para el proletariado internacional y los pueblos sojuzgados por el imperialismo.

Tras salirse de la guerra mundial, no sin antes pagar un elevado precio, la Rusia soviética promovió la internacionalización de la Revolución y llegaron a instalarse, de manera breve, repúblicas soviéticas en regiones de Alemania y Hungría, aunque ambas experiencias fracasaron.

Cuando en enero de 1919 los espartaquistas alemanes se constituyeron en el Partido Comunista de Alemania, renació el proyecto frustrado que Lenin llevaba persiguiendo desde 1914. El 24 de enero se reunieron en su despacho comunistas polacos, húngaros, autríacos, letones y finlandeses. Había también un representante balcánico de los socialdemócratas revolucionarios y otro de la Unión Americana de Trabajadores. Redactaron un llamamiento dirigido a 38 organizaciones para celebrar un Congreso en Moscú.

Con la oposición del delegado alemán, el 2 de marzo de 1919 comenzó en el Kremlin la primera sesión del I Congreso de la Internacional Comunista, presidida por Lenin. Eran 52 delegados en total. Algunos provenían del antiguo imperio zarista: rusos, polacos, ucranianos, lituanos, letones, estonios, bielorrusos, armenios, colonos del Volga; otros provenían de Europa occidental: alemanes, austriacos, húngaros, finlandeses, suecos, noruegos, suizos y balcánicos; además había un chino y un coreano.

La revolución mundial parecía entonces inminente. Fue una fase de estallidos revolucionarios sin precedentes en la historia del movimiento obrero. El 24 de marzo los comunistas se hacen con el poder en Hungría. La Internacional Comunista se crea, pues, con la perspectiva de una revolución socialista europea inmediata.

En el discurso de apertura del I Congreso, dijo Lenin: "La burguesía está enloquecida de terror ante el creciente movimiento revolucionario proletario. Se comprende, porque toda la marcha de los acontecimientos desde el final de la guerra imperialista refuerza inevitablemente el movimiento revolucionario del proletariado, y la revolución internacional mundial comienza y crece en todos los países".

La principal preocupación de Lenin en el Congreso fue la de deslindar los campos con los oportunistas, en especial con los centristas de Kautski que propugnaban combinar el parlamento burgués con el poder soviético, o lo que es lo mismo, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. 

Tras el I Congreso, la afluencia a la Internacional Comunista de grupos y organizaciones de todo tipo fue enorme.

De ahí que el eje central del II Congreso, celebrado en julio de 1920, fuese la aprobación de los Estatutos y los 21 puntos a cumplir por las organizaciones que solicitasen su ingreso en ella: acatar los acuerdos de la Internacional, romper con el oportunismo, depurar a los elementos reformistas o centristas, crear un aparato clandestino del partido y subordinar al Comité Central la actividad legal -la prensa, las elecciones-, realizar propaganda en el ejército y el campo, luchar por la liberación de las colonias y contra el militarismo, entre otras.

La Internacional Comunista asumió un carácter centralizado. Según el artículo 3 de los Estatutos, se constituye como un partido mundial: Todos los partidos y organizaciones afiliados a la Internacional Comunista llevan el nombre de Partido Comunista de tal o tal país (sección de la Internacional Comunista). Según el artículo 4, a su cabeza se encuentra el Congreso mundial: El Congreso mundial sanciona los programas de los distintos Partidos que se adhieren a la Internacional Comunista. Examina y soluciona las cuestiones esenciales de programa y táctica relativas a la actividad de la Internacional Comunista. 

Entre dos congresos, el artículo 9 prevé la elección de un Comité Ejecutivo como centro dirigente: En el intervalo que separa las sesiones de los Congresos, el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista dirige todos los trabajos de la Internacional Comunista, publica, en cuatro lenguas al menos, un órgano central (la revista: la Internacional Comunista), publica los manifiestos que juzga indispensable en nombre de la Internacional Comunista y da a todos los Partidos y organizaciones afiliados instrucciones que tienen fuerza de ley. 

La cuestión colonial fue uno de los temas más debatidos en aquel Congreso. La Revolución de Octubre había desatado un fuerte movimiento de liberación en las colonias y el Congreso discutió el proyecto de Tesis sobre los problemas nacional y colonial, redactadas por Lenin, que fueron aprobadas. La piedra angular de la Internacional Comunista consistía en acercar a los proletarios de los países capitalistas desarrollados y a las masas trabajadoras de las naciones oprimidas para la lucha revolucionaria conjunta; además, en la Internacional se aprobó prestar todo tipo de ayuda a los movimientos revolucionarios de liberación nacional y se proclamó el derecho de autodeterminación de las naciones y de independencia de las colonias.

La muerte de Lenin, el ascenso de Stalin y del fascismo en Europa, determinaron el declive de la Internacional Comunista, la cual fue disuelta, de facto, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.


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