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La Comisión Europea tiene, por delante, un trienio de recuperación muy complejo.

La Comisión Europea tiene, por delante, un trienio de recuperación muy complejo. | Foto: EFE

Publicado 29 septiembre 2020


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El billonario plan de recuperación posCovid-19 de Europa incluye novedades que desafían la historia reciente.

Los 27 jefes de Gobierno de la Unión Europea acordaron en julio lo que se calificó entonces de "histórico acuerdo" para superar los estragos de la crisis sanitaria de la Covid-19 con un inédito fondo de 880.000 millones de dólares, basado en la "mutualización" de deuda. ¿Qué desafíos implica este plan?

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La primera novedad de la propuesta del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel y la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Van der Layen es que nunca la Unión Europea había pedido préstamos para financiar gastos. Tampoco había solicitado transferencias a los Estados miembros, lo cual constituye una apuesta de alto riesgo.

Para ayudar a las economías afectadas por la pandemia a recuperarse, la UE acordó en julio pedir prestados 880.000 millones de dólares para financiar 422.000 millones en subvenciones y 467.000 millones en préstamos a los Estados miembros del bloque. Este programa recibió el nombre de "Next Generation EU", y fue aclamado "como un gran avance".

Aunque es una cifra importante, el paquete de las ayudas europeas frente a la crisis de la Covid-19 asciende a un 13 por ciento del PIB conjunto de la UE distribuido en un periodo de siete años, aunque se pretenda concentrar el 70 por ciento en los dos primeros años (2021 y 2022).

De hecho, las subvenciones (dineros no reembolsables ascendentes a 422.000 millones de dólares) en realidad equivalen a menos del tres por ciento del PIB comunitario. 

En comparación con otros centros del poder económico mundial, es bastante menos. En Estados Unidos, el volumen del plan de recuperación ha sido hasta ahora del 15 por ciento del PIB; del 21 por ciento en Japón y del 4,2 por ciento en China.

En la propia Unión Europea hay mucha variación a nivel de los Estados miembros, del 14 por ciento en Alemania, el seis por ciento en Francia, hasta el 3,2 por ciento en España. 

Ello da una idea no solo de la insuficiencia del paquete aprobado por el Consejo Europeo en el marco de la competencia entre los grandes bloques económicos, sino de la orientación hacia el mercado europeo de los bonos comunitarios. 

La condicionalidad y soberanía de las políticas del bloque

Tras el volumen y la composición del Fondo, otro asunto a debate ha sido el de la condicionalidad. Este implica hasta qué punto los Estados miembros mantienen un margen de decisión soberana sobre la orientación social de sus políticas económicas, o estas se subordinan a la correlación de fuerzas políticas en la UE y en sus instituciones. 

Este asunto será dirimido en entes como la Comisión o el Consejo, a través de los mecanismos de seguimiento establecidos por el Pacto Fiscal europeo, aunque sus objetivos hayan quedado en suspenso por la crisis de la Covid-19.

En cualquier caso, la solución adoptada ha estado a medio camino entre la pretensión de los llamados "países frugales" (Holanda a la cabeza) de imponer un veto y la exigencia de la periferia europea (España mediante) de decisiones soberanas de los países miembros.

El asunto de la velocidad de las ayudas 

Otro tema en el debate ha sido la velocidad de las ayudas, pues si la recuperación de Europa fracasa podría producirse un círculo vicioso de ahorros por precaución y un empeoramiento de las expectativas, lo cual posiblemente conduzca a una recesión de doble caída.

En ese sentido, los especialistas señalan que la estrategia adecuada consiste en supeditar el apoyo presupuestario al ritmo de la recuperación: el dinero debería estar disponible ahora y desembolsarse con rapidez en caso de necesidad. 

Este plan de recuperación europeo debe hacer frente, además, a otros desafíos que también asechan al continente: la migración (en la cual los Estados miembros tienen posturas muy distintas) y el Brexit (asunto no concluido). 

La UE también debe enfrentar la situación sanitaria de la Covid-19 y la posCovid-19. En esa dirección, la llegada de la vacuna (prevista para 2021) no dará estabilidad de inmediato, hasta tanto no se alcance la inmunidad de grupo. 

Finalmente, se encuentran los desafíos que impone el estado de las relaciones con los otros centros del poder mundial: Estados Unidos (pendientes a las elecciones de noviembre), Rusia, China, Japón e India.


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