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La guerra impuesta a Siria ha tenido un alto costo humano y provocado el desplazamiento de unas 13 millones de personas.

La guerra impuesta a Siria ha tenido un alto costo humano y provocado el desplazamiento de unas 13 millones de personas. | Foto: EFE

Publicado 15 marzo 2021



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Este mes de marzo se cumplen 10 años de la imposición de una guerra interna contra el pueblo de Siria.

El 15 de marzo de 2011, en la cresta de la denominada "Primavera Árabe", promovida desde Occidente como parte de la reconfiguración de los equilibrios de poder en la región medioriental y magrebí, una manifestación antigubernamental en Damasco, derivó en una guerra, la cual, diez años después, no ha concluido.

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Siria, como Estado moderno, es el resultado de las aventuras coloniales las cuales derivaron en los acuerdos que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en particular entre Turquía (Imperio Otomano, entonces), Francia y Reino Unido.

Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Siria cayó en la lógica de la Guerra Fría, aun a pesar de los esfuerzos realizados por Damasco y El Cairo en la época dorada del panarabismo nasserista que llegó a vivir una efímera República Árabe Unida (RAU).

 
     

La posición geográfica de Siria de cara al mar Mediterráneo y parte de la geopolítica actual determina su papel en lo que fueron las llamadas "Primaveras Árabes" y el conjunto de alianzas que apoyan o luchan contra el gobierno legítimo de Bashar Al Assad.

Los principales partidarios del gobierno de Al Assad son Rusia e Irán, mientras que Turquía, las potencias occidentales y varios Estados árabes del Golfo han apoyado a la oposición en diversos grados durante la última década.

Rusia, que tenía bases militares en Siria antes de la guerra, lanzó una campaña aérea en apoyo de Al Assad en 2015 que ha sido crucial para cambiar el rumbo de la contienda a favor del gobierno.

Una coalición liderada por Estados Unidos, desde la época de Barack Obama, también ha llevado a cabo ataques aéreos y desplegado fuerzas especiales en Siria desde 2014 para ayudar a una alianza de milicias kurdas y árabes llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) a capturar el territorio que alguna vez estuvo en manos de militantes de Estado Islámico en el noreste.

En diez años de guerra impuesta más de 380.000 personas han muerto, entre ellos cerca de 117.000 civiles, incluidos más de 22.000 niños, y 2,1 millones han resultado heridas, aunque es díficil compatibilizar los datos.

 
     

Como consecuencia del conflicto armado, el cual no muestra visos de solución a corto plazo, unos 13.400.000 de personas necesitan ayuda humanitaria, según los últimos datos de la ONU. Son el doble que en 2011 y un 21 por ciento más que en 2020.

La guerra impuesta al pueblo sirio ha provocado el desplazamiento de 13.000.000 de personas: unos 5.600.000 viven como refugiados en países vecinos y 6.700.000 a lo interno del país. Casi la mitad de los desplazados llevan más de cinco años fuera de sus casas y casi cuatro de cada diez han tenido que moverse más de tres veces.

Ha sido devastadora para los niños, pues casi 12.000 han muerto o resultado heridos, según el Unicef. Según un estudio de Save the Children, uno de cada tres menores prefiriría vivir en otro país distinto a Siria y, entre quienes viven en Jordania, Líbano, Turquía y Países Bajos, el 86 por ciento no quiere regresar a su país de origen.

La ONU estima que 1.000.000 de niños han nacido con su familia ya viviendo como refugiada en estos últimos diez años.

 
     

Un 47 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 25 años han sufrido la muerte de algún familiar o amigo, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Uno de cada seis señala que al menos uno de sus padres ha fallecido o sufrido heridas graves, mientras que el 12 por ciento confirma heridas en carne propia.

El país, como toda la región, afronta una grave crisis económica como consecuencias de la emergencia sanitaria. La pandemia, al menos, ha dificultado los movimientos de los combatientes, lo que unido al alto el fuego pactado entre Rusia y Turquía se ha traducido en un descenso de víctimas. 

 
     


Desde hace un año se desarrollan en Ginebra las conversaciones entre gobierno y oposición, auspiciadas por la ONU, para redactar una nueva constitución que pueda poner fin al conflicto. Los delegados se reunieron por última vez el 25 de enero, sin avanzar de manera sustancial. 
 


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