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En el Mausoleo, ubicado en Caracas, reposan los restos del Libertador.

En el Mausoleo, ubicado en Caracas, reposan los restos del Libertador. | Foto: EFE

Publicado 6 mayo 2018

Con la presión de líderes de la talla de Santiago Mariño, el Libertador debió esquivar varias adversidades para terminar de asumir el mando supremo de la República.

6 de mayo de 1816. En plena crisis de egos hubo uno que se impuso por el de los demás, fue el del hombre que marcaría la historia de la América Meridional, fue Simón Bolívar, quien fue proclamado jefe supremo de la República de Venezuela.

Derrotada la Segunda República ante la arremetida española, Bolívar cayó en desgracia y algunos líderes, como Santiago Mariño, creían que era la hora de otros cabecillas, sin embargo, la decisiva participación del prócer haitiano Alexandre Pétion y la propia figura del Libertador abrieron los caminos.

Mariño fue elegido segundo jefe y junto a Bolívar encabezó el regreso a territorio venezolano, de donde habían sido expulsados por las fuerzas del rey de España.

Con la dirección definida de las fuerzas revolucionarias, se fraguaron las batallas más importantes del proceso independentista venezolano, incluida la Expedición de Los Cayos, que a pesar del resultado adverso, permitió a Mariño y otros militares obtener posiciones valiosas en oriente.

A su paso por Venezuela, el Libertador cumplió con lo pactado con Pétion: en Ocumare decretó el 6 de julio de 1816 la abolición total de la esclavitud.

Con la entrega de las clases populares a la causa emancipadora, Venezuela logró consolidar su independencia para luego ayudar a forjarla con el envío del Ejército Libertador a otros territorios del sur, bajo la dirección del jefe supremo y posterior presidente de la Gran Colombia, Simón Bolívar.

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