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El militar y político ecuatoriano demostró desde joven capacidad de liderazgo y se identificó con el liberalismo anticlerical.

El militar y político ecuatoriano demostró desde joven capacidad de liderazgo y se identificó con el liberalismo anticlerical. | Foto: El Telégrafo

Publicado 28 enero 2020





A 108 años de la conspiración política y el brutal asesinato contra el líder ecuatoriano Eloy Alfaro, su legado no ha perdido vigencia en el continente.

José Eloy Alfaro (1842-1912), paladín de las libertades e instaurador de la democracia en Ecuador, fue uno de los máximos líderes de ese país suramericano, no solo por haber ejercido la presidencia de la República en dos ocasiones, sino porque se convirtió en el principal representante del liberalismo radical

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El militar y político ecuatoriano, hijo de padre español, demostró desde joven una capacidad de liderazgo que unida a su identificación con el liberalismo anticlerical, conocido posteriormente como liberalismo radical ecuatoriano, lo llevaría a participar, en 1864, en un pronunciamiento contra el presidente Gabriel García Moreno. 

Aunque no fue preso, debió exiliarse y sería en Panamá donde se asentaría, emprendiendo varios negocios, casándose con una mujer local y vinculándose al mundo de la política y grupos de intelectuales liberales.

 

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Regresó a su patria en 1875, tras el asesinato de García Moreno y combatió al gobierno de Antonio Borrero, apoyando el golpe de Estado de Ignacio de Veintemilla, tras el cual fue nombrado coronel. 

Sin embargo, meses después se declararía contrario al nuevo mandatario, quien no cumplió el programa liberal prometido. Comenzando 1883, Alfaro fue proclamado jefe supremo de Manabí y Esmeraldas y organizó un ejército que derrotó al dictador.

Tras el triunfo "restaurador", una Asamblea Constituyente eligió como presidente a José María Plácido Caamaño, a quien el prócer enfrentaría desde que se instaló en el poder en 1884, durante casi cuatro años.

La lucha contra los tres presidentes hizo que la tradición lo bautizara como el "Viejo Luchador", pues no sería hasta 1897, a dos años de desatada la Revolución Liberal en Guayaquil, que una Asamblea Constituyente, después de expedir la undécima Constitución, lo eligió para la jefatura de Estado.

 

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Durante su primer gobierno, que se extendió hasta 1901, Alfaro se dedicó a consolidar el triunfo liberal, establecer la separación entre la Iglesia y el Estado e impulsar la construcción del ferrocarril entre Quito y Guayaquil.

Sin embargo, el segundo gobierno alfarista, desarrollado entre 1906 y 1911, resultó aún más notable, pues en este período se promulgó "la Carta Magna del liberalismo ecuatoriano (1906)"; continuó la construcción del ferrocarril transandino; se consolidó la secularización en la enseñanza pública y se realizaron obras de infraestructura y comunicación.

Su presidencia es recordada por la reforma de diversas leyes para dar seguridad jurídica a los ciudadanos; procurar por todos los medios la unidad nacional; la atención priorizada a la educación y la formación de nuevos profesores con nueva mentalidad y actitudes, que representaron una revolución educativa.

De igual manera exoneró del tributo territorial a los indígenas de la Sierra y a los montuvios de la Costa; suprimió la prisión por deudas y fue precursor de la igualdad de género al otorgarle protagonismo en la vida política a las mujeres, siendo el primer presidente de su país que nombró a una mujer para un cargo público.

 

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Asimismo, destacó por su apoyo a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión, logrando transformaciones ideológicas acompañadas de sus intervenciones en el campo social.

Su impronta no se limitó a Ecuador, también promovió una reunión de representantes hispanoamericanos en México para la formación de un Derecho Público Americano; intervino ante la reina María Cristina en favor de la independencia de Cuba y luchó por resucitar la idea de la Gran Colombia de Bolívar.

En 1910 la situación política era muy delicada, pues el conflicto limítrofe con el Perú había ganado en tensión, mientras se producían fisuras hacia el interior del partido liberal, donde se enfrentaban el liberalismo radical de Alfaro y el liberalismo oligárquico de Leónidas Plaza Gutiérrez. 

Luego de las elecciones de 1911, Emilio Estrada, quien fue electo presidente de manera sospechosa, se alió con los partidarios de Plaza y Alfaro fue depuesto y debió abandonar el país.

Al fallecer Estrada asumió el cargo Carlos Freile Zaldumbide asumió la presidencia, con lo cual el héroe ecuatoriano y otros dirigentes radicales regresaron al país, pero Freile Zaldumbide los apresó en Guayaquil.

 

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El 28 de enero de 1912, una turba asaltó la cárcel en Quito donde permanecían Eloy Alfaro, Flavio y Medardo Alfaro, Luciano Coral, Ulpiano Páez y Manuel Serrano, asesinándolos y luego vejando sus cadáveres, que finalmente fueron quemados en El Ejido. 

La multitud enloquecida y sedienta de sangre que asaltó el panóptico, asesinó con saña a los personajes, mutiló los cuerpos y los arrastró, fue el resultado de la ambición y deslealtad de varios jefes liberales a quienes no les importó la unidad del partido ni los preceptos transformadores de Alfaro.

Mas, el legado del luchador trasciende hasta nuestros días, pues su sino de liberar a Ecuador de la opresión, combatir los gobiernos corruptos y acabar con las diferencias, generando igualdad de oportunidades, siguen siendo reclamos contemporáneos.


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