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La vorágine y la exaltación máxima se reservan para el próximo día, cuando es sacado en procesión el santo.

La vorágine y la exaltación máxima se reservan para el próximo día, cuando es sacado en procesión el santo. | Foto: Caligrafía de luces

Publicado 26 julio 2019


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Cada 24 de julio la fiesta patronal de San Francisco Solano revive una vieja tradición de la religiosidad popular: El Guaicuru Ñemonde.

El joven Francisco Solano nunca pudo haber imaginado que se convertiría en el eje de una de las fiestas más importantes de Paraguay, el Guaicuru Ñemonde, el día que decidió embarcar a América Latina bajo la orden Franciscana en 1589 con el propósito de evangelizar a los indígenas.

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Más de 400 años después, los promeseros guaicurúes, herederos del legado indígena de esa tierra, bailan y veneran al santo Francisco Solano en un ritual que conjuga tradición, baile, espiritualidad pagana y religión católica.

En Minas de Emboscada danzan y giran adornados con plumas y máscaras como muestra de la resistencia ancestral de este pueblo ante la colonización e imposición cultural europea.

Las festividades comienzan en la noche a la víspera del cumpleaños del santo, el 24 de julio, alumbrados solo a la luz de candiles y entonan cantos religiosos.

Sin embargo, la vorágine y la exaltación máxima se reservan para el próximo día, cuando es sacado en procesión el santo, mientras que la misa ocurre en la mañana y bailan al compás de la bandita guaicurú, liderados por el cacique que ejecuta la armónica.

Esta festividad comenzó a tomar notoriedad hace unos 15 años, y el conocido como rito ancestral Guaicurú Ñemonde se realiza cada año en lo que es una tradición familiar, atrayendo a miles de personas de diferentes puntos del país y del extranjero.


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