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Hay 206 medios que poseen los derechos de transmisión, por lo que el mundo entero podrá ver a mujeres jugando a un deporte que ha sido machista durante siglos.

Hay 206 medios que poseen los derechos de transmisión, por lo que el mundo entero podrá ver a mujeres jugando a un deporte que ha sido machista durante siglos. | Foto: Reuters

Publicado 7 junio 2019





Las jugadoras de este Mundial quieren ser consideradas como trabajadoras, quieren que los y las hinchas las conozcan por sus nombres, quieren que sus clubes les den botines para entrenar y no sean ellas quienes tengan que pagarlos. Quieren que no se las agreda por el sólo hecho de hacer lo que más aman.

Para estar en Francia estos días hay que aprender una pregunta: ¿Allez-vous regarder la Coupe du Monde? Es simple: ¿Vas a mirar la Copa del Mundo? Esa es la consulta que se escucha en el metro, en algún café por la zona de la Bastilla y en un diálogo entre dos trabajadoras de la Torre Eiffel.

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La octava edición del Mundial de fútbol femenino ya comenzó. Se trata de una ocasión en la que lo único importante no estará en el campo de juego. Este viernes en el Parque de los Príncipes arrancó al mismo tiempo otro campeonato: el de la pelea por la igualdad de género en el fútbol.

Hay algo que será distinto. Algunos números dan cuenta de ello: hay 206 medios que poseen los derechos de transmisión, por lo que el mundo entero podrá ver a mujeres jugando a un deporte que ha sido machista durante siglos.

Aquí están selecciones como Brasil, donde el fútbol para las mujeres fue prohibido por ley en 1941 bajo la presidencia de Getulio Vargas, porque era considerado como un deporte que podía traer problemas en el útero. Con ese argumento se redactó el proyecto. Acá está también Inglaterra, cuya Federación vetó la práctica en 1921 porque consideraron inadecuado que las mujeres patearan una pelota. Y está también Alemania, que en 1955 tomó la misma medida.

El fútbol, aquí, es de ellas. Las y los franceses quieren que su selección se consagre campeona para jactarse ante que ellas y ellos dominan el mundo de la pelota: hasta ahora nunca un país tuvo como ganadoras a ambas selecciones (y los varones conquistaron el trofeo en Rusia 2018).

El partido que las jugadoras tienen afuera de la cancha también empezó. La selección de Estados Unidos, actual campeona mundial, inició una demanda en la justicia para reclamar por la igualdad salarial. En ese país los hombres perciben mejores salarios, pese a ser ellas quienes tienen más títulos, más partidos ganados y mayor audiencia en los estadios y en la televisión.

También hay selecciones con demandas más elementales. En Sudamérica, Argentina y Chile pasaron dos años sin competir por el abandono de sus federaciones. Las argentinas, donde se anunció la profesionalización del fútbol, quieren una Federación que las ubique como prioridad: le dé lugares de entrenamiento acorde a las necesidades, les organice un cronograma de competencia y les abone sueldos más justos. 

La Roja llegó a su primer mundial gracias al empuje organizativo de las propias futbolistas, que armaron un sindicato para presionar a la Federación. Ya demostraron que están a la altura: salieron segundas en la Copa América y consiguieron el boleto a Francia. Hicieron historia. Ahora necesitan respaldo e inversión.

Las jugadoras de este Mundial quieren ser consideradas como trabajadoras, quieren que los y las hinchas las conozcan por sus nombres, quieren que sus clubes les den botines para entrenar y no sean ellas quienes tengan que pagarlos. Quieren que no se las agreda por el sólo hecho de hacer lo que más aman.

Todas, absolutamente todas, se enfrentan a los prejuicios. A todo eso quieren ponerle fin en esta Copa del Mundo.


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