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A sus casi 34 años, la futbolista estadounidense Megan Rapinoe constituye un símbolo que trasciende el deporte.

A sus casi 34 años, la futbolista estadounidense Megan Rapinoe constituye un símbolo que trasciende el deporte. | Foto: Reuters

Publicado 30 junio 2019

Megan Rapinoe es una de las rebeldes de una selección que propone un fútbol subverso afuera de la cancha.

En este Mundial de las reivindicaciones, Estados Unidos (EE.UU.) es el único equipo no europeo que logró meterse en las semifinales. Se trata de un país donde la historia grande del fútbol la escriben las mujeres.

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Megan Rapinoe es una de las rebeldes de una selección que propone un fútbol subverso afuera de la cancha; un juego lleno de compromiso y de defensa de derechos, en el que la pelota aparece como un elemento más para una transformación social más grande que las tres Copas del Mundo que esta selección ya ganó.

En el Parque de los Príncipes, con un calor que azota a Europa y que genera incomodidad en cada una de las 45.700 personas que están allí, Rapinoe jugó ante Francia su propio partido. En la semana ha dicho una frase que recorrió el mundo. Cuando le preguntaron si iría a la Casa Blanca a visitar al presidente Donald Trump en caso de ganar la Copa, respondió: “No voy a ir a la maldita Casa Blanca”.

A sus casi 34 años, la futbolista constituye un símbolo que trasciende el deporte. “Soy una protesta andante”, dijo alguna vez. Lesbiana, defensora de los derechos de la comunidad LGBT, la delantera no entona el himno de su país.

En París tampoco lo hizo. El propio Trump se había hecho eco de sus palabras y le contestó a través de su cuenta de Twitter: “Megan nunca debe faltarle el respeto a nuestro país, la Casa Blanca o nuestra bandera, especialmente porque se ha hecho mucho por ella y por el equipo. Siéntete orgullosa de la bandera que llevas. Y primero debes ganar antes de hablar”.

Contra Francia y con una pelota en los pies, Rapinoe lideró la victoria de su equipo, que eliminó a la selección local al ganarle por 2 a 1. Los dos goles tuvieron su firma. El primero fue una avivada en un tiro libre con un buscapié que se metió en el arco de Sarah Bouhaddi y el segundo, una arremetida en la que terminó empujando la pelota al gol. Podría haberse puesto nerviosa y haber fallado: pero no. Rapinoe sabe que en el campo de juego está dando su propia batalla.

-¿Acaso fue una motivación para tí aquel tweet de Trump? -le preguntaron al final del partido.
-A mí me motiva la gente que tiene las mismas luchas que yo -respondió.

En el Día del Orgullo, Megan organizó la celebración. Sus festejos tuvieron los símbolos de cualquier reivindicación: el cuerpo erguido, el pecho en alto, la mirada firme hacia el horizonte y los brazos abiertos. Casi un símbolo de la libertad que se transformó en meme: en las redes sociales aparecieron fotos con Rapinoe como protagonista de un cuadro en el Museo Louvre y hasta una imagen con Trump firmando un decreto que proponía declararla como la mejor futbolistas de todos los tiempos.

Luchar tiene sentido para la jugadora nacida en California. En 2016 se había solidarizado el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick para protestar por la violencia policial contra los negros. Además, es una de las impulsoras de la demanda judicial que las jugadoras le hicieron a la federación estadounidense antes de que comience este Mundial para reclamar por la igualdad salarial.

¿Qué impacto tiene el compromiso de una futbolista que integra una de las mejores selecciones del mundo? La delantera es consciente de que su mensaje llega a millones de personas en su país.

“Dispongo de una plataforma tan poderosa como el deporte, que interesa a miles y miles y miles de personas en todo el planeta. Y formo parte de un equipo que recibe una gran cobertura mediática. Callarme sería egoísta”, dijo una vez en una entrevista al diario El País.

E invitó a no callarse: “Supongo que, por el hecho de ser mujer y homosexual, siento una mayor empatía respecto a las personas que no se encuentran en una posición dominante. A mí me pareció una obviedad. Cuando alguien se ahoga, ¿vas a ayudarle o te quedas en la orilla?”.

Este viernes, tras el triunfo de su equipo -y de ella misma- ante Francia, en un día de reivindicaciones para las identidades disidentes, Rapinoe fue provocadora ante los micrófonos: “Es obvio que para ganar hay que tener gays en el equipo. Eso siempre fue así. Es ciencia, está comprobado”.

Trump, mientras tanto, lo mira por TV.


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