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En 1991, el Frente de Liberación de los Pueblos de Eritrea triunfó en una guerra de independencia.

En 1991, el Frente de Liberación de los Pueblos de Eritrea triunfó en una guerra de independencia. | Foto: EFE

Publicado 24 mayo 2019



Eritrea ha estado aislada de sus vecinos y gran parte del mundo hasta ahora, centrando su comercio exterior con China y Corea del Sur.

Casi tres décadas después de ganar su independencia, el conjunto de desafíos de Eritrea en 2019 es diferente de lo que era hace un año, luego de firmar un acuerdo de paz con Etiopía y la caída del régimen de Sudán

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La agresión externa había sido la razón principal del gobierno del presidente Isaías Afewerki para mantener un gran ejército permanente y un estado militar opresivo sin libertades políticas ni de prensa, siendo un Estado casi hermético.

El fin de los antagonismos de Eritrea, un país costero ubicado en el cuerno africano, con sus vecinos significa que sus amenazas existenciales son ahora internas.

Eritrea ha estado aislada de sus vecinos y gran parte del mundo hasta ahora, centrando su comercio exterior con China y Corea del Sur. El potencial que sus costas tienen para el comercio en el Mar Rojo se ha echado a perder durante mucho tiempo, infrautilizando sus puertos.

Eritrea fue colonizada por dos países europeos: Italia (1889 - 1941) e Inglaterra (1941 - 1952). Etiopía lo anexó en 1961 después de que la ONU lo declarara una región autónoma de esa nación africana, luego que los británicos se fueran en 1952.

En 1991, el Frente de Liberación de los Pueblos de Eritrea triunfó en una guerra de independencia.

En 1993, Eritrea votó a favor de la independencia de Etiopía en un referéndum respaldado por la ONU y posteriormente obtuvo reconocimiento internacional. Actualmente es miembro de pleno derecho de la Unión Africana (UA) y de las Naciones Unidas (ONU).

Las protestas para una reforma política y la modernización de la estructura estatal de 1997 sirvieron sólo para redactar un borrador constitucional que contempla elecciones multipartitas que, no obstante, jamás llegó a ponerse en funcionamiento.

Un cambio absolutamente necesario para potenciar el mercado laboral es finalizar con la política de servicio castrense nacional actual. 

En 1998 lo que solía ser un servicio militar de 18 meses se convirtió en un plan sin un periodo definitivo, obligando a muchos ciudadanos a permanecer atrapados durante más de 20 años.

Este programa ha arrastrado fuera del mercado laboral a miles de eritreos y ha tenido una consecuencia directa en la provisión alimentaria, ya que el 80 por ciento de la población eran granjeros que no podían cosechar sus cultivos, como explicó The Economist. 

El gobierno ha utilizado como excusa el conflicto con Etiopía para prolongar este programa, pero tras el acuerdo de paz, el presidente debe finalizar con esta política que ha forzado a miles a escapar del país y ha cortado el desarrollo de una incipiente población joven con una media de tan solo 18 años.

La joven población del Cuerno de África proporciona una bolsa de trabajadores que producen una gran oportunidad para desarrollar una clase media prácticamente inexistente a día de hoy, pero también puede suponer una mayor pobreza si las puertas hacia la reforma social, política y económica permanecen cerradas, concluye un estudio Navarra Center for International Development, de la Universidad española de Navarra.


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