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Actualmente, varias naciones latinoamericanas tienen legislaciones especiales para los afrodescendientes, medidas contra el racismo, y políticas públicas específicas destinadas a las poblaciones negras.

Actualmente, varias naciones latinoamericanas tienen legislaciones especiales para los afrodescendientes, medidas contra el racismo, y políticas públicas específicas destinadas a las poblaciones negras. | Foto: El Periodico

Publicado 20 noviembre 2019



El 20 de noviembre fue escogido por ser la fecha de la muerte del líder afrobrasileño, Zumbi dos Palmares, y recuerda la conquista de los movimientos sociales negros que a lo largo de la historia han luchado por la valorización de su cultura.

El Día de la Conciencia Negra en América Latina es celebrado desde la segunda mitad de los años 1970 en rechazo al genocidio, la desigualdad y el racismo que sufren las poblaciones afrodescendientes de la región, situación que no culminó con la definitiva abolición de la esclavitud en el continente.

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El 20 de noviembre fue escogido por ser la fecha de la muerte del líder afrobrasileño, Zumbi dos Palmares, y recuerda la conquista de los movimientos sociales negros que a lo largo de la historia han luchado por la valorización de su cultura, sobre todo en Brasil por ser el país con la mayor representación de la raza negra luego de África.

Pero mucho antes de los 70 existieron movimientos étnicos–raciales en América Latina que fueron impulsos para  declarar de forma oficial un día para legitimar las luchas de los afrodescendientes. Ejemplos que se destacan son el Partido Independiente de Color en Cuba, fundado en 1908, y el Frente Negra Brasileira, que surgió a comienzos de la década de 1930.

Representación de la comunidad negra en la política de América Latina

No obstante, fueron las décadas de 1970 y 1980 donde comenzó a visibilizarse la fecunda participación política afrolatinoamericana. Durante este período sobresalieron los tres Congresos de la Cultura Negra de las Américas que se iniciaron en Cali, Colombia, en 1977, seguido por Brasil, en 1982, y Panamá, en 1987.

Dichas reuniones dieron como resultado que se consolidaran organizaciones y redes nacionales en muchos de los países latinoamericanos, como es el caso del nacimiento de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas en una conferencia en la República Dominicana.

Por otra parte, la Constitución brasileña de 1988 aprobó la Ley de Derechos de las Comunidades Quilombolas que reconocía derechos de titulación colectiva de la tierra a comunidades con claras conexiones históricas con los asentamientos de antiguos esclavos.

Mientras, en Colombia la ley 70 de 1993 reconoció y promovió derechos colectivos de propiedad de la tierra, representación cultural y política, junto con la necesidad de reformas educativas para la inclusión de las historias y culturas de los pueblos negros afrocolombianos.

Igualmente, el mito de la ausencia de afrodescendientes en Argentina, donde la Asociación Caboverdiana había sido organizada desde 1867, fue roto por el liderato de la agrupación uruguaya Mundo Afro que, junto con las redes afrobrasileñas y afrocolombianas, llevaron la voz cantante de organización del movimiento afrodescendiente.

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Ya para 1993 surgían redes regionales de movimientos negros en América Latina tales como la conferencia Afroamérica XXI y la Organización Negra Centroamericana (ONECA) que nació un año más tarde.

Asimismo, de acuerdo al investigador Agustín Laó – Montes, dos referente claves en la última década del siglo XX en la política afrolatinoamericana fueron la Campaña continental de quinientos años de resistencia indígena, negra y popular, y los procesos que llevaron a la Tercera Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, organizada por la Organización de Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica, en 2001.

En la conferencia realizada en Santiago de Chile en el 2000, se redactó el Documento de Santiago, que articuló un programa crítico para combatir el racismo junto a otras formas de discriminación; además, se consolidó la Alianza Estratégica Afrodescendiente de América Latina y el Caribe.

“La lucidez política y el carácter profundamente democrático de la Declaración de Santiago ubicó a los movimientos afrodescendientes al frente de las propuestas de transformación histórica en la región, proveyó un proyecto de alianza estratégica con el movimiento indígena, y sirvió de base para el carácter descolonial de la Declaración de Durban”, subrayó Laó – Montes en su artículo Cartografías del campo político afrodescendiente en América Latina y el Caribe.

La Declaración y Plan de Acción de Durban promovió las afroreparaciones, al calificar la esclavitud como crimen de lesa humanidad, y reconoció al sionismo como una forma de racismo, razón por loa cual Estados Unidos (EE.UU.) abandonaron la conferencia y luego boicotearon la agenda.

Latinoamérica y sus nuevas políticas de cambio

Actualmente, varias naciones latinoamericanas tienen legislaciones especiales para los afrodescendientes, medidas contra el racismo, y políticas públicas específicas destinadas a las poblaciones negras.

En Colombia, el Observatorio sobre la Discriminación Racial, un esfuerzo conjunto entre la Universidad de los Andes y el Proceso de Comunidades Negras(PCN), ha promovido la legislación contra el racismo y ha aportado jurisprudencia para facilitar litigios en casos de discriminación racial en establecimientos públicos.

Pero, es en el gigante sudamericano donde se han obtenido mayores logros, puesto que es el único país que instauró una Secretaría para la Equidad Racial (SEPPIR), que estuvo en vigencia desde su fundación en el 2003, con el primer gobierno del presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva, hasta el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, en 2016.

 

También, la necesidad de tener una representación política formal sirvió de base para la organización de un Parlamento Negro regional, conformado por aquellos congresistas de raza negra electos en forma en sus respectivas naciones entre los que han sobresalido la primera vicepresidenta de Costa Rica, Epsy Campbell, la exsenadora de Colombia, Piedad Córdoba, y la politíca ecuatoriana Alexandra Ocles.

Sin embargo, hoy día el racismo continúa como un problema estructural en toda América Latina, que se evidencia en las severas desigualdades sociales y la falta de representación política en los altos escenarios de decisión.


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