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En la actualidad, se continúan desarrollando vacunas contra diferentes enfermedades para evitar un mayor impacto en la población mundial.

En la actualidad, se continúan desarrollando vacunas contra diferentes enfermedades para evitar un mayor impacto en la población mundial. | Foto: teleSUR

Publicado 1 junio 2020



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Los antecedentes de intentos para crear vacunas datan de tiempos remotos, siendo el registro más antiguo que se conoce desde el siglo VII.

Varios fueron los intentos siglos atrás para lograr la vacunación, en aras de encontrar una protección duradera y real contra las diferentes enfermedades infecciosas, capaces de provocar miles de muertos y diezmar comunidades enteras.

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En aquellas épocas, de acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, los padres se habrían sorprendido al pensar que las generaciones futuras podrían proteger a sus hijos de muchas de las enfermedades infecciosas más graves de la niñez.

Después de todo, refieren que “hubo una época en que la difteria era una de las enfermedades infantiles más temida, cobrando más de 10.000 vidas al año en Estados Unidos durante los años de 1920”.

Mientras, entre 1940 y 1950 “la poliomielitis paralizó e incluso mató a miles de niños. En determinado momento, el sarampión afectó a casi medio millón de niños en Estados Unidos cada año”.

Pero los antecedentes de intentos de vacunas datan de tiempos incluso más remotos. Según la investigación “La vacunación. Antecedentes históricos en el mundo”, realizada por especialistas cubanos en Higiene y Epidemiología, los datos más antiguos que se conocen sobre la historia de la vacunación datan del siglo VII, cuando budistas indios ingerían veneno de serpiente con el fin de ser inmune a sus efectos.

Un poco más adelante lo llevaron los antiguos chinos, quienes, desde el siglo X,  practicaban la “variolización” con el fin de inocular el virus de la viruela de un enfermo a una persona susceptible, “sometiendo además, las pústulas variolosas y el almizcle, a un proceso de ahumado con el propósito de disminuir su virulencia”.

En este sentido, manuscritos chinos han referido cómo los profesionales asiáticos contagiaban a propósito a un paciente con una carga baja del virus, para que el organismo humano pudiera encontrar su medio de inmunización.  

Posteriormente, a mediados del siglo XVIII, el médico inglés Francis Home realizó algunos intentos de inmunización contra el sarampión; no obstante, “sin lugar a dudas, el también inglés Eduardo Jenner, fue quien marcó una nueva etapa en la historia de la inmunización, conociéndosele mundialmente como el padre de la vacunación”.

Inicio y desarrollo de la vacunación

En una de las etapas de mayor propagación de la viruela por Europa, un doctor de un pueblo rural en Inglaterra notó que las recolectoras de leche se solían contagiar con la viruela bovina por el contacto frecuente con las vacas; sin embargo, eran inmunes a la enfermedad humana.

Ese médico inglés, Edward Jenner, tomó viruela bovina en modo de fluido y el 14 de mayo de 1796 inoculó a James Phipps “la linfa de una pústula de viruela obtenida de la ordeñadora Sara Nelmes que había contraído la enfermedad”.

En función de comprobar la eficacia de esta vacunación, un mes después, Jenner inoculó a la misma persona con viruela humana y, en efecto, este individuo nunca enfermó. Posteriormente, repitió el mismo experimento en su propio hijo y obtuvo los mismos resultados. Nacía así la primera vacuna, cuyo nombre tiene su origen en la palabra “vaca”.

Jenner, creador de esta vacuna, expuso esos resultados junto a otros veintidós ensayos en 1798, que impresionaron a toda Europa, y “en menos de diez años esta vacunación se había extendido al mundo entero”.

Pero el estudio y desarrollo de vacunas en el mundo no se detuvieron ahí. Según refiere la investigación de los profesionales cubanos, a finales del siglo XIX, se habían realizado importantes investigaciones en el campo de la microbiología y la inmunología.

“Un ejemplo de ello lo constituyen los descubrimientos del químico y biólogo francés Louis Pasteur, al descubrir en 1885 la vacuna antirrábica humana (…). En ese mismo año, el bacteriólogo español Jaime Ferrán descubrió una vacuna anticolérica, que es ensayada en la epidemia de Alicante con resultados satisfactorios”.

Mientras, en el año 1887, comienzan a realizar las primeras pruebas experimentales de una vacuna contra la fiebre tifoidea, y un año después se realizan estudios con igual vacuna, pero con la diferencia de que estaba compuesta de bacilos muertos y no vivos como la anterior.

Y para 1892, “Haffkine, bacteriólogo ruso nacido en Odessa, preparó la primera vacuna contra la peste”. Luego, en el año 1923, el veterinario francés Gaston Ramón desarrolla la inmunización activa contra la difteria, y ese mismo año Thorvald Madsen, médico danés, descubre la vacuna contra la tosferina.

Años más tarde surgieron otra serie de vacunas que revolucionaron el tratamiento de ciertos padecimientos, como la fiebre amarilla en 1932; en 1937 la primera antigripal inactivada; en 1954 la vacuna antipoliomielítica inactivada, y en el año 1987, se registra  la vacuna contra el meningococo B.

En la actualidad, se continúan desarrollando vacunas contra diferentes enfermedades y, según explica la Academia Americana de Pediatría la lista de padecimientos “graves que se han erradicado o cuyas cifras se han reducido dramáticamente por las vacunas, continúa aumentando, desde las paperas hasta el sarampión, desde la rubéola hasta el tétano”.


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