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La razón por la que sólo mujeres son capacitadas como ingenieras solares es que ellas son el núcleo de sus comunidades.

La razón por la que sólo mujeres son capacitadas como ingenieras solares es que ellas son el núcleo de sus comunidades. | Foto: El propalador.com

Publicado 12 mayo 2015

Cinco mujeres Indígenas colombianas recibieron una beca para estudiar seis meses en la aldea Tilonia. 

Un grupo de cinco mujeres wayús analfabetas de la alta Guajira (Colombia) viajaron hasta la aldea de Tilonia, en el desértico estado Rajastán (India), para convertirse en ingenieras solares en un tiempo récord de seis meses.

Ahora, gracias a esta capacitación -que no las aleja de su cultura- ésas mujeres saldrán no sólo del analfabetismo, sino que serán las encargadas de llevar luz a los alrededores de 300 rancherías de cinco comunidades de Uribia, un municipio ubicado al norte del departamento colombiano de La Guajira.

“Nosotras nos fuimos con la expectativa de aprender y de traer el conocimiento para beneficio de nuestras comunidades”, dijo Anastasia García, integrante del proyecto.

Mientras que Magalys Polanco, otra de las participantes, manifestó que fue emocionante contribuir con su comunidad indígena en la construcción y manejo de paneles solares, para “poder alumbrar de noche y que los niños puedan hacer sus tareas, ya que aquí (Guajira) nos acostamos muy temprano antes de oscurecer, porque no encontramos qué actividad hacer sin luz.

En Contexto:

Durante el mes de marzo de 2013, la embajada de la India en Colombia entregó un total de cinco becas a mujeres de Uribia, con la finalidad de que estudiaran energía solar en el Barefoot College: una fundación sin fines de lucro, que capacita como ingenieras solares a mujeres analfabetas y semianalfabetas entre 35 y 55 años, entre ellas, mamás o abuelas de las zonas más lejanas del mundo.

Fue así como Anastasia García, Magalys Polanco, María Milagro Ibarra, María Luisa Uriana y Catalina Ipuana salieron por primera vez del país latinoamericano, alejándose de sus familias y hablando solo español y wayuunaiki.

“Aunque tomar la decisión de ir a la India no fue fácil, mis hijos me animaron y me dijeron que era una oportunidad única, que se presentaba una vez en la vida”, agregó Magalys.

En Tilonia (India), un lugar que según ellas tiene parecidos con La Guajira no sólo por el clima, sino por el desierto y la escasa vegetación, estas cinco colombianas compartieron clases con mujeres de países de África como Comores, Madagascar y Tanzania; de Asia como Myanmar, y de América Latina como Nicaragua y Panamá.

Para la wayú más joven del grupo, Maria Luisa, la experiencia no fue tan fácil, porque debió enfrentarse a cambio culturales. “La primera semana me quería devolver porque no me gustaba la comida; era muy picante. Tampoco me gustaba el idioma porque era solo inglés e hindi”, dijo.

Asociar colores y números es la clave para el aprendizaje

La herramienta fundamental para enseñarles cómo funcionan los circuitos y paneles solares a estas cinco mujeres analfabetas de La Guajira, radicó en la tarea maratónica de repetir y asociar los colores con los números.

“Lo complicado era el aprendizaje por el lenguaje. Los primeros días era repetir 10, 20, 30 veces para conocer el nombre de los objetos, de las herramientas, de los componentes, de las piezas que nos enseñaron a armar. Pero al transcurrir los días, al repetir y repetir, como el alumno que está aprendiendo la cartilla del abecedario, aprendimos”, dijo Anastasia García.

Por su parte, María Luisa expresó que aprendió a soldar, a reparar una lámpara. “Para aprender no hay edad; no hay necesidad de saber bastante el inglés, uno aprende”.

Sin importar los avatares del desierto, estas colombianas aseguraron que compartir con mujeres de otros países, les permitió saber que tienen muchas cosas en común entre ellas, que sus comunidades tienen las mismas necesidades e inquietudes.

Llevar Luz a los hogares Indígenas, para no emigrar.

El objetivo central de Barefoot College, desde su creación en 1972, bajo los principios de Mahatma Ghandi, según los cuales el espíritu de la India está en las aldeas, ha sido multiplicar el conocimiento de la energía solar, que reciben cientos de mujeres del mundo a sus comunidades, para que éstas se vuelvan sostenibles. 

La idea según el director de la institución, Rodrigo Paris, es fortalecer las aldeas para que la gente encuentre razones y herramientas, de manera que su vida hacia el futuro sea sostenible, para que los hijos y los nietos que estén naciendo en esos lugares digan “no voy a emigrar a una ciudad y creo que en este sitio hay futuro”.

Por tal razón, las mujeres que son escogidas para participar en el programa pertenecen a las zonas más remotas y más aisladas del mundo. “Esos lugares son los que están en la cola de la base de la pirámide, son las personas más olvidadas. 

El Dato:

Desde el año 2008, momento en el que el Gobierno de la India decidió incluir al Barefoot College en sus programas de cooperación internacional, más de mil 100 mujeres de 64 países han sido capacitadas en temas de energía solar.

“Nuestro objetivo es seguir la filosofía de la cooperación sur-sur de compartir las experiencias de los países en vías de desarrollo”, afirmó Sajeev Babu, consejero de la embajada de la India en Colombia.

Importante: Después de terminar sus estudios en Tilonia, las mujeres regresaron al país en septiembre de 2013. Pero Catalina Ipuana, una de las integrantes del grupo, falleció unos días después de volver a la Guajira, a causa de un derrame cerebral.

Hasta ahora, su compañera María Luisa ha participado en la instalación de 35 paneles solares en Bocas de Aracataca, en el departamento de Magdalena.

“Cuando me dijeron que me iban a llevar a Aracataca pensé mal y estaba triste. Dije: qué tal vaya y se me haya olvidado todo. Cuando yo vi los materiales y las cajas empecé a abrirlas; se me vino todo a la cabeza y empecé a armar. Y cuando vi que armé un panel me puse contenta. ¡No se me ha olvidado todo lo que aprendí allá!”, dijo.

María Luisa también forma parte del proceso de instalación de los paneles en la alta Guajira, con donación de dispositivos solares del sector privado. 

90% de los proyectos son para las mujeres indígenas

En América Latina, la prioridad del Barefoot College las tienen las damas indígenas. Hasta el momento, en la iniciativa han participado mujeres de países como Ecuador, Nicaragua, Panamá, Bolivia, Guatemala, entre otros.

Por su parte, Paraguay se convirtió en el primer país de Suramérica en el que las beneficiadas con el programa de educación en la India, son mujeres guaraníes discapacitadas.

En la Universidad Pies Descalzos en India aprenden proyectos sustentables para multiplicar conocimiento en sus comunidades.
 

Contexto: 

Vale destacar que durante el mes de febrero del año 2015, unos 50 mil campesinos e indígenas se movilizaron entre 26 puntos de Guatemala para exigir al Gobierno la nacionalización de la energía eléctrica.

Comunidades mayas, xincas y garífunas marcharon pacíficamente para que el Gobierno avance en el desarrollo integral, cese la criminalización y persecución de líderes campesinos e indígenas.

La movilización fue organizada por la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas, el Comité de Desarrollo Campesino y la Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas.


 

Vale acotar que estas becas para cursar energía solar en la India, también la recibieron féminas de las comunidades afrodescendientes de algunos países como Cuba, Brasil y Dominicana. 

 Las mujeres de Afganistán, Bolivia, Camerún, Mali, Sierra Leona y Gambia formándose en Universidad de Pies Descalzos en La India, para ser ingenieras solares.
 

La labor que hace  Barefoot College en La India de capacitar a las reservas indígenas más recónditas, para el crecimiento de sus generaciones, se contrasta con el genocidio y las prácticas colonialistas que aún reinan en Norteamérica. 

En Canadá por mencionar tan sólo un ejemplo, en la década de los sesenta, más de 20 mil bebés aborígenes fueron raptados de los brazos de sus madres y repartidos en adopción a familias blancas de los Estados Unidos, ocasionándoles un choque emocional, además de quitarles el derecho a tener un futuro propio y la prolongación de sus generaciones.

Ahora, esos niños, convertidos en adultos, de treinta, cuarenta y hasta cincuenta años, regresan a sus pueblos aborígenes para encontrarse con sus raíces y tratar de hacer justicia.

Este genocidio racista norteamericano provoca suicidios en la población adolescente indígena, puesto que los pueblos originarios de norteamérica siguen sufriendo, después de 500 años, un genocidio físico, emocional, social y espiritual por parte de los europeos y la política colonialista de EEUU.

En la reserva de Dakota del Sur, en la que viven unos 28.000 amerindios lakotas y dakotas, también llamados población Sioux, del medio oeste de los Estados Unidos, aumentó el número de suicidios de jóvenes índígenas, quienes no se adaptan a las culturas “progresistas” de la nación norteamericana, que los obliga a abandonar sus tierras, creencias culturales y espirituales, para adaptarse forzosamente a la sociedad globalizada y capitalista.


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