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Mancuso paga condena por delitos de narcotráfico en EE.UU. (Foto: Archivo)

Mancuso paga condena por delitos de narcotráfico en EE.UU. (Foto: Archivo)

Publicado 28 noviembre 2014

Este viernes, el Tribunal de Justicia y Paz de Colombia condenó de nuevo al paramilitar Salvatore Mancuso por violencia de género, que actualmente paga condena por delitos de narcotráfico en Estados Unidos (EE.UU.)

La segunda sentencia contra Mansuso subrayó: la violencia de género, por secuestrar mujeres con los fines de prostitución y esclavitud sexual, acceso carnal violento, actos sexuales abusivos, esterilización forzada y abortos forzados. Los casos de violencia de género por los que se condena a Mancuso suman 175.

 

La violencia de género como arma de advertencia

Un informe de 1998 de la Relatora Especial sobre la Violencia Contra la Mujer, Radhika Coomaraswamy, explica que el modus operandi de los actores en guerra para intimidad al enemigo es usar el cuerpo de la mujer como medio para aterrorizar a una población e imponer la hegemonía militar como símbolo de marca del territorio.

“La violencia sexual generalmente se presenta como una forma de humillar al enemigo: es un medio para alardear ante los hombres de la parte contraria y para demostrarles que no han sido capaces de proteger a sus mujeres. Es un mensaje de castración y mutilación al enemigo.”

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define que la violencia sexual como medio de sacrificio en el contexto de crímenes de guerra que contempla la esclavitud sexual, la maternidad forzada, esterilización forzada y otros métodos de martirio, es incurrir en daños que imperan en el azote físico y psicológico para castigar a la víctima o una tercera persona que varía en el terreno étnico, racial o religioso.

Las marcas de la bota paramilitar

La periodista colombia Jineth Bedoya que recientemente narró en la Habana Cuba, sede de los diálogos de paz entre Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) cómo con apenas 26 años de edad fue secuestrada y violada por alias el Panadero y otros tres paramilitares, es ejemplo vivo de la intimidación de un grupo ilegal armado para infringir miedo y conseguir el silencio a costa de ultrajes.

“Mis ‘hazañas’ periodísticas me cobraron el haber tocado a quien no debía. Esa mañana de mayo llegué a la puerta de la cárcel La Modelo de Bogotá en busca de una entrevista con un paramilitar y terminé drogada, amordazada y en la parte trasera de una camioneta rumbo al infierno”. Un fragmento de lo escrito por Begoya a la revista Soho.

Vea: “No es hora de callar, por Jineth Begoya”

 


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