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Lula terminó su periodo como presidente de Brasil con el 80% de popularidad.

Lula terminó su periodo como presidente de Brasil con el 80% de popularidad. | Foto: Archivo

Publicado 17 agosto 2015

La campaña de desprestigio emprendida por la derecha tiene en la mira a la fuerza política del exmandatario, el gobernante Partido de los Trabajadores. 

La presión mediática que ejercen los sectores de oposición en Brasil tiene como objetivo principal ir reduciendo de manera gradual la popularidad que actualmente tiene el expresidente Luis Inacio “Lula” Da Silva, quien busca ser candidato a las elecciones presidenciales de 2018. 

La derecha brasileña ha emprendido una campaña de desprestigio en contra de todo lo que rodea a Lula, que tiene en la mira a su organización política, el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), y a la actual jefa de Estado, Dilma Rousseff, con constantes ataques de los que se han hecho eco los medios privados en ese país. 

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Durante el programa Agenda Abierta de teleSUR, el periodista y director de “Opera Mundi”, Berno Altman, aseguró que esa presión es ejercida por los estratos sociales más altos, que buscan movilizar a los sectores más conservadores del país para interrumpir el proceso democrático en la nación suramericana. 

El dato: Lula terminó su periodo como presidente de Brasil con el 80% de popularidad, gracias a sus ambiciosos programas sociales que permitieron sacar de la pobreza a unos 40 millones de personas.

Altman señaló que esa movilización tiene como fin “debilitar a la izquierda y restarle el apoyo popular” de cara a los comicios que se efectuarán en tres años aproximandamente, hecho que ya se vivió cuando Lula lideró Brasil entre 2003 y 2011.  

Se quiere demeritar las políticas económicas y sociales no solo en Brasil, sino de los gobiernos progresistas en general, como se ha hecho con Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina. “Esto es una ofensiva de la derecha en toda América Latina”, comentó el periodista.

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A pesar de la apertura al diálogo entre el gobierno de Rousseff con diferentes sectores políticos y sociales en Brasil, para buscar soluciones conjuntas a la crisis económica, la derecha radical del país se ha lanzado a las calles para “exigir” la salida de la presidenta, hecho que ha sido calificado como un acto inconstitucional e, incluso, un intento de golpe de Estado por diferentes movimientos sociales que sí han aceptado presentar sus propuestas al Ejecutivo nacional. 

En contexto

El Partido de los Trabajadores (PT)  ha sido inculpado de casos de corrupción por parte de la oposición en Brasil.
En esos presuntos hechos se ha querido involucrar tanto a Lula como a Rousseff, a ésta última sin pruebas, por parte de su adversario en las pasadas elecciones, Aécio Neves, quien pidió un juicio contra la mandataria brasileña a pesar de haber admitido que “no existen pruebas en su contra”.
Recientemente, Lula fue acusado por el diaro O Estado de Sao Paulo de ser parte de una corrupción con el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bandes) para favorecer créditos a la constructora Odebrecht en Brasil. 
El exmandatario calificó el hecho como una “tergiversación” de la información que solo busca acabar con las buenas relaciones que mantienen Brasil y los países de la región. 

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