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El directos de la ONG pidió a Bangladesh abrir su frontera para permitir el paso de los refugiados musulmanes.

El directos de la ONG pidió a Bangladesh abrir su frontera para permitir el paso de los refugiados musulmanes. | Foto: Reuters

Publicado 1 septiembre 2017

Al menos 38.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá han cruzado la frontera con Bangladés en la última semana, huyendo de la violencia en Myanmar. 

La Organización No Gubernamental Fortify Rights emitió un comunicado este viernes reclamando a las fuerzas de seguridad de Myanmar el cese de la violencia contra la minoría musulmana rohinyá en el estado de Rakáin, en el noroeste del país.

"La situación es urgente. Se siguen cometiendo masivamente crímenes atroces. El gobierno civil y los militares tienen que ejercer todo su poder para prevenir más ataques", dijo el director ejecutivo de la ONG, Matthew Smith, en una nota de prensa.

En sus redes sociales expresó que "condenamos todos los ataques en Rakáin, Myanmar. Todos los civiles deben ser protegidos". 

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Smith señaló como "imperativo" que "Bangladés permita a los refugiados cruzar la frontera para evitar más muertes", petición que también ha hecho el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Ante el último ataque del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA) a los puestos policiales y militares en Rakáin, las fuerzas de seguridad han respondido iniciando una operación para castigar a los culpables, la que ha sido denunciada por numerosas organizaciones por su dureza y violaciones de los derechos humanos.

El director ejecutivo también condenó "todos los ataques. La gran mayoría de los militantes rohingyas en Myanmar llevan palos y cuchillos. Ejército de Myanmar lleva un arsenal".

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Abdul Rahman, de 41 años, superviviente de la represión en la aldea Chut Pyin, declaró a la ONG que los soldados mataron a su hermano y lo quemaron junto a un grupo de cadáveres.

Encontró a otros miembros de su familia muertos en los campos de cultivos con heridas de bala y arma blanca en el cuerpo. "Mis dos sobrinos habían sido decapitados. Uno tenía seis años y el otro nueve años", detalló el sobreviviente. 

Más de un millón de rohinyás viven en Rakáin, la gran mayoría considerados inmigrantes bengalíes y víctimas de una creciente discriminación desde el brote de violencia sectaria de 2012, que causó 160 muertos y que 120.000 personas sigan confinadas en 67 campos de desplazados.


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