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Un derrame de más de 11 millones de litros de aguas contaminadas en los ríos Ánimas y San Juan de Colorado ocurrió durante los trabajos de limpieza.

Un derrame de más de 11 millones de litros de aguas contaminadas en los ríos Ánimas y San Juan de Colorado ocurrió durante los trabajos de limpieza. | Foto: @masivaecologica

Publicado 20 agosto 2015

Los metales pesados como arsénico, plomo y cadmio no sólo contaminan la cuenca hidrográfica del río Colorado, sino que también amenazan la salud de sus habitantes.

Al menos 230 minas abandonadas en Colorado (oeste de Estados Unidos) vierten metales pesados al ecosistema, informó el director de políticas regulatorias de la ONG Center for Effective Government, Ronald Tessing.

"Hay unas 22 mil minas abandonadas sólo en Colorado, y de esas al menos 230 están ahora mismo vertiendo cantidades sustanciales de metales pesados en los ríos del estado", declaró Tessing a Sputnik.

El director de Effective Government enfatizó que el impacto del tóxico contamina la cuenca hidrográfica del río Colorado y amenaza los ecosistemas de ese país y la salud de sus habitantes.

A principios de agosto, los trabajos de limpieza realizados por una excavadora de la Agencia para la Protección del Medioambiente de EE.UU. (EPA, por su sigla en inglés) provocó el derrame de más de 11 millones de litros de aguas contaminadas en los ríos Ánimas y San Juan de Colorado.

"La EPA ha intentado llevar a cabo una limpieza mucho más sustancial e intensa en esa y otras minas abandonadas durante los últimos 25 años, lo que requeriría que esas zonas fueran declaradas, bajo la ley de Superfondos de EE.UU., como áreas contaminadas, y permitiría recibir unas cantidades muy sustanciales de fondos federales para cometer el proceso de limpieza”, explicó Tessing.

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La ley de Superfondos (Cercla, por su sigla en inglés) se aprobó el 11 de diciembre de 1980. Por medio de un impuesto a las industrias químicas y del petróleo, se busca “responder directamente a los escapes o a las amenazas de escape de sustancias peligrosas que podrían poner en peligro la salud pública o el ambiente”, destaca la EPA.

Tessing enfatizó que los habitantes de la zona desconocen el impacto ecológico del vertido, pero sí reconocen las consecuencias de permanecer expuestos a largo plazo a metales pesados como el arsénico, el plomo y el cadmio. Una exposición prolongada a esos tóxicos puede causar cáncer y lesiones en la piel, así como enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y diabetes.

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