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Lula mostró su molestia por las acciones que han emprendido contra él.

Lula mostró su molestia por las acciones que han emprendido contra él. | Foto: Reuters

Publicado 15 marzo 2016

El expresidente de Brasil manifestó en el interrogatorio realizado por la Policía Federal que esperará las disculpas de alguien por lo que le han hecho.

El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se mostró indignado y sumamente furioso tras ser interrogado el pasado 4 de marzo por la Policía Federal de ese país, según el interrogatorio divulgado en forma íntegra por la policía.

"Creo que estoy participando en el caso más complicado de la historia legal de Brasil, porque tengo un apartamento que no es mío, han inventado toda una historia tratando de conectarme a Lava Jato”, destacó Lula.

>> Cinco claves para entender el caso de corrupción en Petrobras

En el documento Lula da Silva dijo estar muy furioso por “la falta de respeto y las actitudes cretinas que han tenido conmigo, han sobrepasado los límites”.

El exmandatario espera que cuando termine el proceso alguien se disculpe, “alguien diga: lo sentimos, por el amor de Dios, fue un error".

Aseguró que será candidato presidencial en el 2018 ante tanta “insolencia” que han aplicado en su contra en el caso de corrupción de Petrobras.

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“Lo que están haciendo conmigo hará que cambie de posición. Yo que estoy viejito y estaba queriendo descansar, pero voy a ser candidato a la presidencia en 2018, porque creo que mucha gente fue insolente conmigo (entonces) van a aguantar insolencias de aquí en más”, aseguró Lula.

En su testimonio, Da Silva negó rotundamente las acusaciones que se le hacen, como la supuesta participación en empresas privadas, entre ellas, las grandes constructoras contratistas de Petrobras, inculpadas de defraudar al ente, para que supuestamente donaran dinero a su fundación (el Instituto Lula) o a sus campañas políticas.

Asimismo, la supuesta tenencia de un lujoso apartamento triplex localizado en Guarujá, en el litoral de Sao Paulo, que fue reformado por la empresa OAS -implicada en el caso Petrobras- como presunta "retribución" por haber conseguido millonarios contratos con la petrolera nacional.

Lula negó que ese inmueble le pertenezca y calificó la acusación de “canallada homérica”.

Rechazó, además, haber recibido dinero a modo de “favores” por parte de contratistas de Petrobras, camuflado a través de pagos por conferencias que él ha impartido desde que dejó el Gobierno.

En contexto

Tanto la jefa de Estado, Dilma Rousseff, como el expresidente Lula, enfrentan en la actualidad una campaña de desprestigio por parte de sectores opositores que buscan generar una situación de ingobernabilidad en el país, acusándolos de ser los responsables del fraude masivo en Petrobras.

El líder siempre se ha mostrado abierto a declarar a las autoridades, por lo que su orden de conducción coercitiva se relaciona con otros factores, "como un claro ataque a lo que Lula representa como líder político y social", según refirió el ministro brasileño de Trabajo y Sanidad Social, Miguel Rossetto.


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