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El negociador colombiano Frank Pearl (i) y el jefe de la delegación del ELN, Antonio García (d), durante la presentación del plan de negociación.

El negociador colombiano Frank Pearl (i) y el jefe de la delegación del ELN, Antonio García (d), durante la presentación del plan de negociación. | Foto: EFE

Publicado 30 marzo 2016





Con el anuncio del inicio de la fase pública de las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) se abren las perspectivas de una paz completa para Colombia.

Las negociaciones entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno de Colombia se oficializaron este miércoles. A juicio de varios analistas, esto significa cerrarle de manera definitiva las puertas a la guerra en ese país que lleva casi seis décadas de confrontación armada.

Con ello, el Gobierno de Santos ha comprendido que una paz parcelada no llevará a la nación por los caminos de la reconciliación que tanto anhelan sus habitantes.

En Caracas (capital de Venezuela) quedó sellada la agenda entre las partes para alcanzar el fin del conflicto armado que ha desangrado a la nación andina. Estos puntos son: 1) Participación de la sociedad, 2) Democracia para la paz, 3) Víctimas, 4) Transformaciones para la paz, 5) Seguridad para la paz y dejación de las armas y 6) Garantías para el ejercicio de la acción política.

En su mayoría con nombres diferentes, esta ruta guarda similitudes con al menos tres de los seis puntos de la agenda que guía los diálogos entre el Gobierno y las FARC en Cuba. De esa manera, los puntos 1 y 2 de lo pactado con el ELN equivaldrían, aunque quizá más ampliamente, al punto sobre Participación política que se acordó con las FARC; el punto 3 correspondería al punto 5 de la agenda de La Habana, y los puntos 4, 5 y 6 se asemejarían a los del Fin del conflicto. No obstante, el punto denominado “Transformaciones para la Paz” parece muy amplio y podría abarcar asuntos muy diversos, por ahora desconocidos.

>> El camino de paz entre ELN y Gobierno colombiano

Desde los años 90 el ELN ha insistido en propuestas que involucren al conjunto de la sociedad para alcanzar la paz del país. Ese espíritu quedó plasmado en el punto 1 referente a la participación de la sociedad civil. De esta manera, los movimientos sociales podrán presentar propuestas para alcanzar la reconciliación entre los colombianos.

Recientemente, un grupo de presos políticos pertenecientes al ELN hizo público un documento en el que reafirman los planteamientos sobre justicia transicional que, tal como anotaba el portal web Pacifista! a comienzos de marzo, habían expresado con motivo del acuerdo sobre víctimas al que llegaron el Gobierno y las FARC. En su opinión, el Estado debe asumir “su responsabilidad en la guerra” y los empresarios deben ser juzgados por asesinatos y despojos de tierras, propuestas que se aleja considerablemente de los alcances de la Jurisdicción Especial para la Paz que se pactó en Cuba.

Asimismo, el Movimiento de Presos se refirió a la reiterada inconformidad del ELN sobre la negativa del Gobierno para discutir asuntos relacionados con el modelo económico del país: “El Gobierno se ha negado a discutir los puntos que permitan superar las causas que originaron el conflicto social, político y armado (…) y por consiguiente no quedan claras las garantías de no repetición”. Igualmente, dijeron que la negociación debe conllevar a una revisión de la doctrina de las Fuerzas Armadas y a la regulación de los medios de comunicación, y que la refrendación de lo pactado solo podrá darse cuando “la sociedad haya participado y decidido”. Esas y otras diferencias entre las partes habrían retrasando los diálogos que se iniciaron este miércoles. Sin embargo, tal como está acordada la agenda, todo indica que las conversaciones con el ELN tendrán un carácter amplio.

>> Maduro ratifica apoyo al ELN y el Gobierno colombiano en diálogos de paz

Las últimas cuatro décadas en Colombia han sido de intensa guerra pero también de búsqueda de la paz con varios intentos fallidos y con la firma de acuerdos con otros grupos que depusieron las armas y se incorporaron a la vida política legal del país.

La agenda oficializada contiene temas muy similares con las FARC-EP, pero reconociendo las particularidades del grupo. A diferencia de las FARC, que históricamente han sido una guerrilla más militar que política, el ELN “se ha considerado a sí mismo un aparato político al que le sumó un ejército de combatientes”, afirma Fernando Hernández, director ejecutivo de la Corporación Nuevo Arco Iris y quien encabezó en 1994 la entrega de armas de la Corriente de Renovación Socialista (CRS), disidencia de esa guerrilla.

Por esta característica, la insistencia del ELN durante los intentos de paz con los gobiernos de Andrés Pastrana (en el 2000) y Álvaro Uribe (2006-2008) fue por una “convención nacional”, de la que harían parte todos los sectores de la sociedad.

Según el grupo armado, esa convención, y no el Gobierno y la guerrilla, debía llegar a un “acuerdo nacional” sobre las soluciones de los graves problemas de Colombia, entre ellos, “la estructura del poder”. Este acuerdo, decía el ELN, debía ser la base del trabajo de una asamblea constituyente.

Lo que está por verse es cuál es el modelo de participación social que defenderá esta guerrilla en la mesa de diálogos. En todo caso, sería mucho más intenso que en el caso de las FARC.

No se descarta que sea uno en el que las comunidades de las zonas de presencia y de influencia del grupo armado indiquen en qué debe traducirse para ellas un proceso de paz, en términos de beneficios.

No es pues gratuito que uno de los dos puntos ya acordados por el grupo armado con el Gobierno de Santos –para la agenda de negociación– sea la participación de las comunidades. El otro es víctimas. A este nuevo esfuerzo de paz con la guerrilla de Gabino, en el que además de Ecuador y Brasil, actúan como garantes Venezuela, Cuba, Chile y Noruega.

Existen otros aspectos que deben resaltarse en el proceso iniciado. Entre ellos destaca el hecho que se negociará en medio de la guerra, sin tregua ni cese al fuego por lo que se pueden presentar sobresaltos e interrupciones por la continuidad de la confrontación. Igualmente el hecho de que participa una mujer como negociadora plenipotenciaria reviste importancia.

El involucramiento de distintos países es también un signo positivo, pues el apoyo regional e internacional es de vital importancia. Sin embargo, ello al mismo tiempo podría entrañar dificultades de movilización y de carácter logístico.

Ahora uno de los retos históricos es cómo compaginar los dos procesos, el de las FARC y el del ELN.

>> El ABC del Ejército de Liberación Nacional (ELN)


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