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Ambos deportistas lucharon contra las dificultades.

Ambos deportistas lucharon contra las dificultades. | Foto: teleSUR (AP - EFE)

Publicado 9 agosto 2016

El pesista Oscar Figueroa y la judoca Rafaela Silva tuvieron que superar adversidades para alcanzar sus metas

Los juegos Olímpicos Río de Janeiro reúnen a más de 10 mil atletas que sueñan con obtener la medalla Olímpica. Hay muchas historias de superación, entre ellas la participación de refugiados y la de dos latinoamericanos: Oscar Figueroa y Rafaela Silva.

La judoca brasileña Silva y el pesista colombiano Figueroa le otorgaron a sus países las primeras medallas de oro y demostraron, además, una gran lección de superación personal y profesional.

Oscar Figueroa, desplazado del conflicto colombiano

El levantador de pesas colombiano de 32 años, Oscar Figueroa, se convirtió en el atleta en darle a su país la primera medalla de oro en Río 2016.

Su historia no siempre estuvo llena de éxitos y victorias. A los nueve años se vio obligado a salir de su Zaragoza natal, en Antioquia, junto con su madre y tres hermanos hacia  Cartago, en el Valle de la Cauca por el conflicto armado que azota al país desde hace más de 50 años.

En su juventud practicó varios deportes antes de dedicarse de lleno a las pesas. Durante un período prestó servicio militar que complementó con la práctica de este deporte.

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A pocos meses de ir a las Olimpiadas de 2004 se lesionó la espalda y amenazó con dejarlo cuadripléjico. Su camino se vio truncado y se dedicó nuevamente al servicio militar. Sin embargo, luego de un año regresó a las pesas.

En las Olimpiadas de Beijing 2008 abandonó nuevamente la competencia por el dolor de la espalda. A pesar de todos los pronósticos, en Londres 2012 se llevó la medalla de plata. Pero fue en Río 2016 cuando finalmente obtuvo la medalla de oro.

Rafaela Silva, de una favela a los JJ.OO.

La brasileña  Rafaela Silva, de 24 años, ganadora de la medalla de oro en la disciplina de judo tiene un origen humilde: nació en la famosa favela “Ciudad de Dios” de Río de Janeiro.  

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Cuando tenía 5 años su padre la inscribió en un proyecto social de judo que le transformó la vida.

En las Olimpiadas de Londres 2012 fue descalificada por una retención ilegal durante la ronda preliminar. La derrota fue comentada en las redes sociales y fue atacada con comentarios racistas. Por un momento, la judoca pensó en retirarse.

Cuatro años después, Silva derrotó a la actual campeona del  mundo, la representante de Mongolia, Sumiya Dorjsuren.

Su victoria significó la medalla número 20 del judo brasileño en la historia de los Juegos Olímpicos.

La campeona nunca olvida sus orígenes. "Nací en una comunidad que no me permitía plantearme muchos objetivos en la vida. Soy de Ciudad de Dios. Empecé a practicar judo por diversión y ahora soy campeona mundial y olímpica", afirmó.  


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