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El líquido es conducido por una tubería plástica y alcanza a girar una pequeña turbina instalada en la planicie.

El líquido es conducido por una tubería plástica y alcanza a girar una pequeña turbina instalada en la planicie. | Foto: teleSUR

Publicado 9 julio 2015

Habitantes de una comunidad del departamento de Quiché instalaron una hidroeléctrica a filo de agua, con una capacidad de generación de entre 21 y 25 kilowatts hora y suficiente excedente para más de 300 hogares

Campesinos de la remota comunidad “El Lirio Putul”, del municipio de Uspantán del departamento de Quiché, empezaron a generar su propia energía eléctrica, aprovechando la caída de un pequeño manantial.

El agua es concentrada sin turbulencia en una pileta, explica Jorge Grijalva, ingeniero civil del colectivo “Madre Selva”. Luego el líquido es conducido por una tubería plástica y alcanza a girar una pequeña turbina instalada en la planicie.

Le llaman hidroeléctrica a filo de agua, con una capacidad de generación de entre 21 y 25 kilowatts hora, con suficiente excedente para más de 300 hogares, señala el lugareño Tito Giménez López.

Con esta energía eléctrica los habitantes pueden operar herramientas de herrería, panadería y otros equipos que accionan con 120 voltios, asegura Delfino Gamarro Hernández, del comité de energía eléctrica.

El agua es conducida por esta tubería de plástico que llega a girar la pequeña turbina.

Atrás dejaron la oscuridad y la historia del uso de las velas de cera, testifica la comunitaria Verónica Jiménez Chub, quien, a su vez, exalta las múltiples oportunidades que el proyecto aportaría para el desarrollo integral comunitario.

Es un proyecto construido por 61 familias que conforman la comunidad El Lirio Putul. Ellos decidirán en asamblea sobre la tarifa que pagarán por consumo, que no podría sobrepasar los US$ 3 mensuales por hogar, considera Giménez López.

 El primer dique de remanso construido al pie de la caída del manantial.

La suma que se recaudará mensualmente, dicen que se invertirá para la administración, operación y mantenimiento del sistema eléctrico que corre bajo la responsabilidad de electricistas capacitados de la misma comunidad.

La historia de este proyecto empezó en el año 2004, con la realización del estudio de factibilidad. Diez años más tarde, el 16 de octubre del año 2014 inició su construcción, que finalizó en mayo de este año, relata Julio Ríos Dubón.

Fue construido a fuerza de pulmón; accesorios y postes de más de media tonelada, tuvieron que ser acarreados a lomo humano por un camino agreste, “nuestro cansancio, nuestro sudor por este proyecto, ahora lo vemos alumbrando nuestras casas”, añade Ríos.

A pesar de ser un proyecto comunitario, no contó con financiamiento del Estado de Guatemala; contrario a los subsidios y exoneraciones de impuestos que favorecen a las empresas transnacionales de hidroeléctrica, lamenta José Cruz, del “Madre Selva”

 

El posteado, cableado, la pequeña turbina y todos los accesorios, alcanzó un costo de aproximadamente US$ 510 mil, contribuidos por la embajada de Noruega, a través del Colectivo Ecologista “Madre Selva”, afirman los ambientalistas.

Se trata de la segunda hidroeléctrica comunitaria que opera en esa zona montañosa. La primera es la hidroeléctrica “Luz de los Héroes y Mártires de la Resistencia”, instalada en la comunidad Unión 31 de Mayo, Uspantán, Quiché.

Este tipo de proyectos, asegura José Cruz, fortalece la dignidad y la autoestima de las comunidades, porque se dan cuenta de que son capaces de construirlas, operarlas y son ellos quienes deciden cómo aprovechar para beneficio propio, sus recursos naturales, añade.


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