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Entrevista a Victoria Basualdo

| Foto: Archivo

Publicado 23 marzo 2016

Victoria Basualdo es historiadora y hace más de 15 años trabaja interrogando nuestro pasado. El grabador todavía estaba apagado y en el primer cruce de palabras ratificamos que la historia es un arma cargada de futuro. Que en todas las voces trabajadoras, reprimidas, desaparecidas, que resisten el olvido, está nuestro presente.

**Entrevista a Victoria Basualdo, investigadora de CONICET y del Área de Economía y Tecnología de FLACSO

Cambio: ¿Cuál fue el marco de organización obrera y sindical que precedió al golpe?

Victoria Basualdo: En primer lugar, está bueno pensar los 40 años del golpe desde el proceso de organización sindical y desde la historia de la clase trabajadora. Hay que hablar de los orígenes de la organización sindical en la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX con consolidación en las primeras décadas del siglo XX, de un proceso de estructuración del movimiento sindical durante el peronismo muy significativo, que se caracterizaba, por un lado, por ser muy centralizado, verticalizado en gremios por ramas de actividad; y por una presencia muy fuerte en los lugares de trabajo, por otro. Es una marca muy significativa de nuestro país. Esto supuso una estructura sindical que creció exponencialmente durante el peronismo. Para tener una idea, desde mediados de los años 40 hasta mediados de los 50 se triplica la cantidad de afiliados. Pero, además, estamos hablando de un movimiento con fuerte presencia en los establecimientos laborales, lo que marca una capacidad del movimiento sindical de llegar al lugar de trabajo, y una capacidad de los trabajadores de poner presión sobre el liderazgo gremial. Y aun después de la ofensiva que operó después del ‘55, cuando no hubo solo una contra el peronismo sino contra el movimiento sindical y contra la clase trabajadora, en los 60 se dio una reactivación del proceso de disputa, desde antes del Cordobazo.

C: ¿Y qué significó el Cordobazo?

VB: A mediados de los años 60, existieron disputas muy significativas en muchos gremios, procesos de organización y huelgas muy largas como la de los portuarios en el 68, la creación de la CGT de los Argentinos como polo de articulación de un sector sindical combativo. Lo que hace el Cordobazo es visibilizar a nivel nacional la existencia de este activismo tanto estudiantil como obrero, que son las dos líneas que confluyen, y marcan de algún modo un límite muy acentuado de disputa entre el 69 y el 73, hasta que se logra el retorno a la democracia. Esto es central para entender lo que está en disputa entre el 73 y el 76, que no es sólo un proceso de militancia política sino, además, una disputa, en torno a las formas de organización económica y social, de los distintos proyectos de país que estaban en juego. Y yo diría que eso fue muy complejo, porque no se daba sólo a niveles de los sectores dominantes y de los trabajadores, sino que también existían distintos proyectos dentro del movimiento sindical.

C: ¿Cómo podés describir a esos sectores?

VB: Por un lado, estaban los sectores vinculados con el gobierno peronista, con un gran poder en los años 74-75. Y otros sectores, crecientemente radicalizados, algunos vinculados a las organizaciones políticas y político-militares que buscaban una transformación radical, y que criticaban a los más ortodoxos por querer obtener mejoras parciales que no alcanzaban para delinear lo que ellos defendían como un proyecto de transformación radical de la sociedad y de la economía.

C: Y en ese contexto, ¿cuál era el poder de la clase trabajadora?

VB: Hay algunos elementos que nos permiten mirar el grado de poder obrero en esa etapa, como la participación en el ingreso o su distribución funcional, que mide los salarios y beneficios en el Producto Bruto nacional. Antes del derrocamiento del peronismo había una participación que se acercaba a los 48 puntos, luego de haber alcanzado el famoso “50-50”. Esto es lo que se busca reconfigurar de la Revolución Libertadora en adelante, y se va recuperando con el ciclo de conflictividad desde fines de los años 60 hasta alcanzar nuevamente una participación cercana a los 45 puntos en el año 1974, antes de las políticas de ajuste de Rodrigo y luego de Mondelli.

Otro elemento que ayuda a ver el grado de poder de la clase trabajadora es el nivel de movilización y el grado de respuesta que tuvieron ante momentos de ajuste. Hubo históricas movilizaciones entre junio y julio de 1975 que muestran una respuesta muy grande frente a los intentos de ajuste. Y si hay algo que marca la conflictividad de la clase en la primera mitad de los años 60 es su importancia, su alcance y su extensión dentro de los lugares de trabajo. Se daban procesos de organización desde las bases con delegados y comisiones internas que se enfrentaban no sólo a la patronal sino también a sus propias direcciones sindicales, y estos representantes de base lideraron muchos procesos de organización.

C: ¿Qué significó el 24 de marzo en todo este proceso de organización?

VB: Para entender el golpe sí o sí hay que entender la represión a los trabajadores que se acentúa desde 1974 en adelante. En una investigación reciente sobre 25 casos de empresas en todo el país, confirmamos que existió un proceso represivo muy fuerte en Córdoba en 1974, con el cambio de gobierno y el avance del sector de derecha del peronismo, una persecución sistemática a los líderes sindicales como Tosco o Salamanca, que están en la clandestinidad desde ese momento. Hay un proceso de represión muy fuerte en Tucumán que coincide con el Operativo Independencia, que tiene una rama de represión al movimiento sindical muy importante. También en casos emblemáticos, como el Ingenio Ledesma, el proceso represivo empieza en 1975 y la persecución se acentúa desde ese momento. Lo mismo en todo el cordón industrial de la zona norte del Gran Buenos Aires hasta el sur de Santa Fe, en donde se produce un proceso de represión muy fuerte desde 1975, un año exacto antes del golpe, con epicentro en Villa Constitución, donde se toma por asalto la localidad y se detiene a dos camadas sucesivas de dirigentes obreros de Acindar. Frente a esto, los trabajadores responden con dos meses de huelga y una gran inserción territorial.  

Y en el 24 de marzo hay un punto de inflexión y una transformación. Se impuso una prohibición de derechos básicos de toda organización, prohibición del derecho a huelga, de la petición colectiva, una reconfiguración de todos los derechos de organización que van a barrer con el proceso de acumulación del que hablábamos. Eso es lo que se desarticula. Y todo un sector, que en la etapa previa daba la disputa incluso desde la clandestinidad, es un sector que va a ser desaparecido, exiliado, que va a tener que esconderse bajo las piedras.

C: Intentando profundizar en ese punto de inflexión que supuso la dictadura, ¿podés explicar la conexión entre las fuerzas militares y el poder económico?

VB: La dictadura impuso un enorme cambio estructural a partir de la reforma financiera de 1977, de la apertura en 1979, de una transformación brutal de los precios relativos de la economía y de una dramática reconfiguración del endeudamiento externo. En el golpe confluyeron elementos de carácter económico, laboral y represivo. No podemos pensar a las fuerzas armadas como un sujeto excluyente, sino que hubo un entramado de poder que la sostuvo. Y, en este sentido, claramente el papel de los empresarios fue fuerte en términos de las redes que hicieron posible la configuración de un equipo económico liderado por una figura empresarial como Martínez de Hoz, que pasó de ser presidente de Acindar a ministro de Economía de la dictadura. Y, además, por la densidad e intensidad que asumió la confrontación capital-trabajo. En la etapa previa hay un involucramiento muy importante del empresariado en la represión.

C: ¿Podés contar con más detalle ese rol de los empresarios y las complicidades civiles?

VB: Hubo una relación orgánica, de provisión de cuadros. En un informe abordamos la forma en que se involucraron las empresas en la represión a través de 25 casos en todo el país y confirmamos tendencias más amplias. El caso de Acindar, el papel de Martínez de Hoz y el tipo de represión que allí existió no era un caso único. Y vimos que, efectivamente, en estos 25 casos de grandes empresas hay una participación muy fuerte de los empresarios en la represión, a partir de cuestiones muy concretas: la elaboración de listas de trabajadores a ser detenidos, la provisión de vehículos para detener, la no presentación de alguna queja ante la utilización de la propiedad privada para fines represivos que incluye la provisión de recursos financieros. Luego registramos la presencia de varios empresarios en momentos de tortura y en 5 de los 25 casos registramos la existencia de centros clandestinos de detención y tortura en los propios predios de la fábrica. Esto es lo que nosotros llamamos proceso de “militarización de la fábrica”, es decir, una presencia militar explícita con operativos masivos con tanques, helicópteros. Y no se restringió al momento del golpe, sino que existieron operativos muy significativos o incluso presencia militar permanente. Había un conjunto de empresarios que no eran víctimas sino parte misma del proceso represivo, que no presentaron quejas formales ni informales durante ni después de la dictadura.

C: ¿Se pudo revertir el impacto de la desarticulación de la clase en sus lugares de trabajo?  

VB: Es muy difícil revisar estas historias y tienen que ver con una reconfiguración del papel de los trabajadores en la sociedad. El caso de Jorge Julio López es muy claro en ese sentido, su propia familia no conocía parte de su historia justamente porque él no había querido transmitirles lo que le había sucedido. Padecían el miedo, la estigmatización, la participación sindical como algo peligroso, de la mano de un proceso complejo que es el afianzamiento de otra práctica de militancia sindical. Las patronales no quieren evitar del todo esa militancia porque la necesitan de algún modo, entonces la dictadura implicó persecución sistemática de los sectores combativos, pero también un proceso de reconfiguración de las estructuras sindicales fortaleciendo a los sectores dirigentes más reaccionarios y vinculados a las dirigencias patronales.

En los 80 se produce una recuperación parcial de algunos sectores de la militancia sindical pero en un marco que condiciona muy fuertemente sus capacidades de organización, con crisis crecientes hasta llegar a la hiperinflación de 1989 y a lo que va a ser la segunda ola de reformas neoliberales. Esto venía acompañado de un fortalecimiento de los sectores que van a avalar las reformas liberales y van a sacar beneficios personales e institucionales de ese segundo enorme retroceso de los trabajadores.

Entonces, claramente la dictadura instauró una nueva etapa en las relaciones laborales, cambió las relaciones de fuerza de manera brutal. Por ejemplo, en 1974, los trabajadores tenían 45 puntos del ingreso nacional y en 1982, entre la crisis inflacionaria y la salida de la dictadura, 22 puntos del ingreso nacional. Esto implicó una reconfiguración de relaciones sociales que marcaron nuestra historia posterior.

C: ¿Ves alguna relación de lo que sucedía entonces con lo que estamos viviendo en los últimos meses en nuestro país?

VB: Estas empresas que comentaba son muchas que a la vez investigamos por violación de los derechos laborales y sindicales de manera sostenida en la actualidad, a partir de la implementación de políticas empresariales como la tercerización (factor de disciplinamiento y división del colectivo laboral que divide trabajadores de primera y de segunda, es decir, trabajadores de planta reconocidos con todos los derechos y trabajadores tercerizados, que son externos, que no son parte del colectivo laboral formalmente y por los cuales las empresas no responden).

Estas empresas no son parte del pasado, son núcleos centrales del poder económico en la actualidad y aquello que pasó en la dictadura reconfiguró relaciones económicas, sociales y laborales que permitieron otra forma de explotación y disciplinamiento de los trabajadores que permanecen hasta la actualidad.

El nuevo intento de refundación económica y social que está haciendo el macrismo hay que verlo desde esta perspectiva. De algún modo, a 40 años del golpe tenemos una disputa histórica: si como trabajadores elaboramos estos procesos podemos encontrar vías de salidas en la actualidad.

**Publicado en Periódico Cambio, Nº35


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