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Los videos fueron creados bajo códigos para así lograr su seguimiento.

Los videos fueron creados bajo códigos para así lograr su seguimiento. | Foto: Reuters

Publicado 6 octubre 2016

La legislación estadounidense prohibe que el gobierno utilice la propaganda de su población, de ahí el uso de una empresa externa para crear el contenido.

Una investigación periodística realizada entre el semanario The Sunday Times y la organización no gubernamental The Bureau of Investigative Journalism (Oficina de Periodismo de Investigación) reveló que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos pagó unos 540 millones de dólares por crear publicidad falsa de acciones terrorista en Irak.

La compañía publicitaria Bell Pottinger con sede en Londres recibió más de 100 millones de dólares al año en contratos desde el 2007 hasta 2011 para crear videos de propaganda dentro de uno de los llamados "black ops", programas secretos de las agencias militares estadounidenses.

La empresa británica llegó a emplear hasta 300 personas para este programa de desinformación en Irak.

Programa de propaganda de alto secreto en Irak | Fuente: Thebureauinvestigates

La investigación confirmó las transacciones por hasta 540 millones de dólares entre el Pentágono y la compañía británica.  Además, entrevistaron a Martin Wells un especialista en procesamiento de video, quien trabajó para la compañía publicitaria.

En las cuentas del Pentágono, las transferencias a la empresa figuraban entre las partidas destinadas a las "operaciones de información y psicológicas".

El trabajo consistió en tres tipos de productos: los "blancos", atribuidos correctamente; los "grises" sin atribución; y los "negros", falsamente atribuidos.

El primero se trató de comerciales que representaban a Al-Qaeda de forma negativa. El segundo consistía en productos que simulaban ser creados por la "TV Árabe", como, por ejemplo, bombardeos de Al-Qaeda que eran editados como si fueran noticias, con una voz en árabe, para luego ser distribuidos por estaciones de noticias en la región.

El tercer tipo fue la producción de videos falsos de propaganda de Al-Qaeda. Los videos además contaban con un código de tracking para acumular inteligencia.

Martin Wells trabajó para Bell Pottinger en Irak durante 2006-2008 | Fuente: Thebureauinvestigates

La opinión pública fue manipulada por el equipo de Wells, quienes difundían el material falso en canales de televisión iraquíes y del resto de Oriente Medio.

Por su parte, los vídeos propagandísticos eran creados a partir de una serie de instrucciones muy precisas que detallaban la trama que tenían que seguir, qué metraje de Al-Qaeda se debía utilizar, cuál debía ser su duración y en qué formato y con qué sistema de codificación debían ser entregados.

El material visual fue creado para reproducir en Real Player y se les incorporó un código que se une a Google Analytics, para permitir a los militares realizar un seguimiento de las direcciones IP en que los videos han sido reproducidos.

Más manipulación

Esta información se suma a una amplia colección de filtraciones que muestran cómo las agencias de inteligencia de Estados Unidos han manufacturado la percepción de los terroristas islámicos, tanto de al-Qaeda como del Daesh.

En 2009, se informó que el Pentágono había contratado a la controvertida firma The Rendon Group para controlar la información de periodistas integrados con los militares de EE.UU., para evaluar si estaban dando cobertura “positiva” a sus misiones.

En 2005 se reveló que la compañía de relaciones públicas con sede en Washington Lincoln Group había estado colocando artículos en periódicos en Irak que fueron escritos en secreto por el Ejército de Estados Unidos. Una investigación del Pentágono desestimó que el grupo tuviera culpa alguna.


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