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El EAAF ya había trabajado anteriormente en México. La primera vez lo hicieron en Ciudad Juárez, Chihuahua, tras la serie de feminicidios registrados en México.

El EAAF ya había trabajado anteriormente en México. La primera vez lo hicieron en Ciudad Juárez, Chihuahua, tras la serie de feminicidios registrados en México. | Foto: Archivo

Publicado 11 diciembre 2014

Desde los desaparecidos de la dictadura Argentina a los restos del Che, el Equipo de Argentino de Antropólogos Forenses (AAF) ha participado en investigaciones forenses en cincuenta países y esclarecido miles de crímenes, su labor, sin embargo, va más allá de lo jurídico y brinda tranquilidad y restitución a familiares de víctimas en todo el mundo.

Desde el principio de las investigaciones de los 43 de Ayotzinapa, cuando se descubrieron las primeras fosas comunes en los alrededores de Iguala, en el sureño estado de Guerrero, los padres de los estudiantes perdidos solicitaron el apoyo de un grupo de especialistas en quien depositar la confianza que no inspiran los equipos de investigación del gobierno de México.  La respuesta, como ya ha ocurrido en diferentes regiones de México y el mundo, vino de la mano del Equipo Argentino de Antropólogos Forenses (EAAF).

Los ciudadanos no confían en una autoridad que forma parte del mismo aparato de seguridad que sustrajo a los 43 estudiantes y asesinó a tres junto con otros tres transeúntes la noche del 26 de Septiembre. Tras el descubrimiento de las primeras fosas comunes los familiares de los jóvenes desaparecidos y el equipo de apoyo legal solicitó la participación de un equipo que ha identificado víctimas desde Rosario, Argentina, hasta Tamaulipas, México, y en más de 50 países.

¿Quiénes son los miembros del afamado equipo? ¿Cómo obtienen el reconocimiento que hace que sean requeridos en todo el mundo? Un equipo nacido de la necesidad inmediata ha acumulado experiencia a lo largo del tiempo y alrededor del mundo, incluso llegando a establecer muchos de los protocolos utilizados hoy día por equipos forenses oficiales de distintas naciones.

El equipo altamente multidisciplinario, está conformado por 60 personas en siete centros en Argentina y el exterior, los miembros del equipo se especializan “fundamentalmente en arqueología, antropología, biología, medicina”, explica desde la oficina de Buenos Aires a teleSUR, Luis Fondebrider, miembro fundador del EAAF, “Recibimos solicitudes de diferentes lugares del mundo, hasta el día de hoy hemos trabajado en 50 países, analizando este tipo de casos y dando capacitación a científicos, fiscales y gente de investigación local”.

Un miembro del EAAF obtiene una muestra de sangre de un familiar para hacer comparación de ADN y lograr la identificación de una víctima. 

Fue en 1984 la necesidad de esclarecer un abundante número de casos en Argentina que dió origen al EAAF, cuando el colectivo Madres de la Plaza de Mayo y la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas solicitan el apoyo de Eric Stover y Clyde Snow para identificar restos exhumados de fosas comunes pertenecientes a víctimas de la dictadura. Al llegar a la Argentina los expertos forenses encuentran que no se han seguido protocolos adecuados en la exhumación de restos, por lo que se dedican a entrenar a un equipo de expertos en técnicas forenses durante cinco años, que se constituye posteriormente en el EAAF, que ha identificado desaparecidos de la dictadura, restos de migrantes, mujeres en Juárez y hasta el cadáver de Ernesto “Ché” Guevara en Bolivia.  

“Son 30 años de trabajo en 50 países y si bien nuestro centro de trabajo está en Argentina y todos somos argentinos hemos trabajado en muchas partes del mundo con contextos diferentes”, continúa Fondebrider, “hemos acumulado un cierto grado de experiencia en diferentes contextos, diferentes áreas, diferentes culturas. Lo que hace que sea mucho más internacional la experiencia, más allá de haber estudiado casi todos en universidades argentinas”.

“La satisfacción más importante es poder decirle a un familiar que se ha encontrado a su ser querido”.

A lo largo de tres décadas han establecido un ritmo de siete a diez misiones al año en diferentes naciones. El EAAF trabaja siempre de acuerdo a marcos legales cambiantes según el país en el que participen de una investigación.

“Somos nombrados peritos por la justicia de cada país, a través de un fiscal, nuestro trabajo consiste en hacer una investigación forense (...) y brindar esa información a los familiares, en el sentido no nos relacionamos tanto con gobiernos”, añade el investigador Argentino, quien remarca la importancia de trabajar de mano de la ciencia y del marco jurídico, “no podemos intervenir en un caso sin la autorización de un juez o un fiscal, si no estaríamos cometiendo un delito. Por eso nuestro trabajo se enmarca en el marco de una investigación jurídica, en el marco de una comisión investigadora de las ONU o cualquier otro cuerpo que tenga una autoridad legal y la posibilidad de investigar un hecho determinado”.

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La experiencia del trabajo forense en 50 países a lo largo de 30 años ha permitido a los miembros del EAAF enriquecer sus habilidades y mantenerse flexibles para trabajar en todo tipo de condiciones, “somos antropólogos también, eso hace que seamos muy respetuosos de cada contexto y nos apoyemos en especialistas locales y gente que conoce mucho más su lugar. De modo de ser muy cuidadosos en cómo desarrollamos nuestra tarea, respetando las costumbres, las prácticas hacia los muertos, entendiendo que hay sistemas judiciales diferentes. Entonces nosotros nunca llegamos a imponer un modelo de trabajo argentino sino a implementar protocolos de trabajo internacionales que hemos ido desarrollando a lo largo de los años”, dice Fondebrider sobre la experiencia en el exterior.

El EAAF identificó los restos del estudiante Alexander Mora para que su familia pudiera ofrecerle un funeral, y apegándose a su obligación pericial negó que dichos restos confirmaran la versión del gobierno acerca de la tragedia de Iguala.

El objetivo final de esta labor, aclara el antropólogo, es que la información a través de las más modernas técnicas científicas cimiente la impartición de justicia, la lucha contra la impunidad y a favor de los derechos humanos, y al tiempo lograr la restitución a los familiares y seres queridos de las víctimas.

“La satisfacción más importante es poder decirle a un familiar que se ha encontrado a su ser querido, de modo que pueda cerrar una etapa de angustia e incertidumbre. Y que la evidencia científica que aportamos sirva para que los responsables de los hechos sean juzgados” concluye el investigador Argentino.  

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