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 Los versos de Jara recorren el mundo, su voz se escucha aún en la memoria de los pueblos. 

 Los versos de Jara recorren el mundo, su voz se escucha aún en la memoria de los pueblos.  | Foto: Notimérica.

Publicado 16 septiembre 2017

El 16 de septiembre de 1973, asesinaron a Víctor Jara. La dictadura chilena de Augusto Pinochet intentó que su guitarra y sus verbos de protesta se apagaran. Hoy su canción aún se escucha. 

Hace 44 años, la cruenta dictadura de Augusto Pinochet se encargó de maltratar las manos al artista y apagar la voz de Victor Jara. 

Lo que ocurrió desde su detención y hasta su muerte aún está en investigación, pero los testimonios reviven los horrores desatados por la dictadura instaurada luego del golpe de Estado contra Salvador Allende. 

Descubre algunas de las claves para entender este suceso recordado con horror pero además que afianza el compromiso por la justicia social. 


Su detención

Jara fue detenido por las fuerzas militares de Pinochet el 12 de septiembre de 1973. Luego de su captura fue llevado al Estadio Chile, convertido en centro de detención arbitraria y tortura. 

De acuerdo con las declaraciones de los propios militares, en el lugar había un "escenario dantesco" por la cantidad de prisioneros que era de 5.600. Convivían en condiciones insalubres, sin comida y sin poder dormir. 

Fue allí donde escribió su último poema, titulado “Somos cinco mil”.

 


La tortura

Tres días después de su detención, inició el proceso de tortura e interrogatorio en los vestidores del Estadio de Chile.

"A ese hijo de puta me lo traen para acá", gritó un oficial con su metralleta al hombro, según dicen los testigos. Jara fue golpeado brutalmente. Herido, ensangrentado, permaneció bajo custodia en uno de los pasillos del lugar hasta el jueves 13, sin ingerir alimentos ni agua. Los demás custodios intentan mantenerle con vida y disfrazar su estampa conocida de cantor popular y militante reconocido en una distracción de los militares. 

El sábado 15 de septiembre, los soldados se llevan a Jara y comienzan a golpearlo. Sus manos quedaron destrozadas a golpes de culata. Fue la última vez que vieron con vida al cantor chileno. 

 


Su muerte

Fue el domingo 16 de septiembre cuando su cuerpo fue arrojado, junto a otros, cerca del Cementerio Metropolitano, en el sur de Santiago. Le dispararon al menos unas 40 veces. El cuerpo fue reconocido por una vecina y al llegar a la morgue es reconocido. Avisan a su esposa para que le diera sepultura. 

El funeral semiclandestino se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. 

 


Sus victimarios y la justicia 

El primer procesado por el asesinato de Jara, el comandante César Manríquez Bravo, era el jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile. 

Pero Jara y el resto de los detenidos estaban bajo la custodia del teniente Pedro Barrientos, quien lideró las torturas y conspiró para asesinarlo. En todas sus declaraciones, Barrientos negó conocer en esa época al popular cantautor y haber estado en el Estadio Chile durante esos días, sin embargo, seis exsoldados aseguraron haberlo visto al menos unas 20 veces entre esos días.

En 2016, Barrientos fue condenado a pagar a la familia 28 millones de dólares de indemnización por daños y perjuicios, lo que equivale a más de 25 millones de euros. En la actualidad ciudadano estadounidense y residente en el centro de Florida.


Su legado 

Antes de su muerte, Jara trabajó por la justicia social y en su memoria el compromiso por la justicia continúa. Su mensaje estaba cargado de ternura adaptado al contexto de Chile de los setenta y ochenta. 

Hoy sigue siendo una de las figuras de la canción latinoamericana de protesta y esperanza. Los torturadores no lograron lo que querían. Los versos de Jara recorren el mundo, su voz se escucha aún en la memoria de los pueblos. 

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