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El fiscal colombiano Iván Velásquez Gómez, quien preside la Cicig, aseguró que los "resultados demuestran la independencia" de la institución.

El fiscal colombiano Iván Velásquez Gómez, quien preside la Cicig, aseguró que los "resultados demuestran la independencia" de la institución. | Foto: teleSUR

Publicado 3 septiembre 2015

Los especialistas han advertido que Estados Unidos, bajo el pretexto de atacar la corrupción en ese país centroamericano, responde a sus intereses de mantener el poder en la región.

Detrás de la renuncia del presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, están instancias como la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), un órgano autónomo creado con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y financiado por Estados Unidos (EE.UU.).

El dato→ Estados Unidos ha aportado 7,16 millones de dólares del presupuesto de 14 millones de dólares con el que dispone el Cicig para 2015. El resto de fondos viene de naciones como Noruega, Canadá y Suecia, así como de instituciones como la Comisión Europea.

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La investigación que la Cicig, realizada de forma conjunta con el Ministerio Público, demostró que los más altos funcionarios de ese país centroamericano estaban vinculados al caso de corrupción aduanera, conocido como “La Línea”, entre ellos, la exvicepresidenta Roxana Baldetti; su secretario privado, Juan Carlos Monzón; y el presidente Otto Pérez Molina.

Sin embargo, más allá de la búsqueda por acabar con la impunidad en ese país, EE.UU. intenta defender sus intereses en esa nación, junto a los de Honduras y El Salvador, los del llamado Triángulo Norte de Centroamérica.

El dato→ A comienzos de marzo pasado, el vicepresidente de los EE. UU., Joe Biden, sostuvo un encuentro en Guatemala con los mandatarios de estos países centroamericanos, con el fin de negociar la aplicación de la Alianza para la Prosperidad.
Por su parte, el consejero del Departamento de Estado de la nación norteamericana, Thomas Shannon, aseguró en julio que Centroamérica es “una de las cinco prioridades” de la política exterior de esa nación, junto a Irán, Rusia, China y el autodenominado Estado Islámico (EI).

Para el analista político y miembro de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales en Guatemala Hugo Novales, es necesario cuestionar el papel y la influencia de EE.UU. en ese país.

"Cuando se trata de democracias débiles, no consolidadas, debemos preguntarnos sobre qué papel queremos que juegue la comunidad internacional. En este caso, los intereses del pueblo guatemalteco coinciden con los de EE.UU.”, expresó en alusión a los diferentes sectores sociales que han celebrado la dimisión del mandatario y su comparecencia ante la justicia. 

Sin embargo, el especialista alertó que esta coincidencia coyuntural de intereses “podría no ser el caso en el futuro”. 

Asimismo, señaló que hay quienes se preguntan si la comunidad internacional, “incluyendo a EE.UU., disponen de un poder de veto sobre la política en Guatemala o si, por lo que estamos viendo, pueden iniciar procesos que eventualmente pueden llevar a la caída de nuestros Gobiernos".

El dato→ Washington promovió el golpe de Estado que derrocó al presidente guatemalteco Jacobo Árbenz en 1954. Asimismo, apoyó a los Gobiernos militares que estuvieron en el poder en ese país hasta 1986.

Por su parte, el comandante guerrillero guatemalteco César Montes, asegura se la Cicig “es un mal necesario”, pues ha logrado investigar “a los más altos.

Sin embargo, apuntó, “nosotros consideramos que el triunfo no es de los organismos internacionales, sino de las manifestaciones que nunca se habían visto en el país”.

Asimismo, Montes señaló que en Guatemala han tenido un “impúdico embajador norteamericano”, pero “por razones de los intereses estratégicos” de ese país han ignorado las injerencias. “Nos interesaba romper con esa estructura de corrupción de los más altos niveles”, que estaban “erosionando toda la institucionalidad” afirmó, al tiempo que calificó como “desorden” y “Estado fallido” el Gobierno del presidente Otto Pérez Molina.

Ante esta injerencia, sentenció que el pueblo guatemalteco está de pie y no se va a dejar influenciar por ninguna embajada ni ningún poder internacional.

En ese sentido, resaltó que la renuncia de Pérez Molina es un triunfo de la no violencia, de la lucha social, de los pobres y campesinos, que van a cambiar el sistema.

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Según el analista político Secil Oswaldo de León, la Cicig “está haciendo su trabajo en medio de un contexto en el que las potencias se están jugando el futuro de Centroamérica”. El especialista aseguró que EE.UU. “está luchando para no ser desplazado aún más por los potencias emergentes” en América Latina y para ello “ha utilizado la lucha contra la corrupción como una herramienta de política exterior, como lo hizo en su tiempo contra la lucha contra el comunismo y como lo hace ahora en otras partes del mundo con su lucha contra el terrorismo”. 

Recordó que “son instrumentos de dominación”, que utiliza “de acuerdo a sus necesidades, al contexto y a la coyuntura”. Sin embargo, reconoció que “por primera vez la investigación judicial está funcionando”.

Mientras tanto, el analista Sandino Asturias resaltó que la presión social consecutiva, permanente y masiva también contribuyó a la renuncia de Pérez Molina, y ahora deberá promover el cambio de sistema en ese país.

“El sistema nos tiene que llevar a que los pueblos marginados históricos de la sociedad guatemalteca, los indígenas, las mujeres y los jóvenes, tengan acceso al poder”, enfatizó.

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