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Soy Reportero
  • Sobre la conversación entre latinos y el resto de la gente en los EE.UU.
Fecha de publicación 17 marzo 2016 - 02:17 PM

En primer lugar, déjenme explicarles que América no es un país. Esta es una pelea en la que he estado involucrada desde que llegué por primera vez a los EE.UU. y una madre racista en mi escuela primaria en la Florida me dijo que América no me quería aquí, y que debería volver a mi país. Le expliqué lo más cortésmente que pude que yo había nacido en la América, ya que Cuba era una parte del continente americano, y ella procedió de inmediato a escupirme en la cara. No fue un comienzo maravilloso a mi residencia aquí. En mi próximo año me gané el concurso de ortografía de la escuela, pero la semana antes me había dicho mi docente del aula principal que nunca tendría éxito porque a) hablaba una lengua de segunda clase y b) venía de una cultura de tercera categoría.

Estas dos experiencias, las primeras de muchas, me llevaron a decidir que nunca iba a perder mi lengua y cultura de origen.  De manera que cuando enseñé español en la escuela primaria, secundaria y a nivel universitario, cuando compartí mi conocimiento de la historia y la geografía con mis alumnos, cuando ejercí el derecho y representé a clientes, ya fueran de habla española o haitianos que hablaban francés o personas que hablaban otros idiomas, proporcionaba siempre traducciones. No había traductores automáticos en esa época, y si bien reconozco que sirven como herramienta, como traductora e intérprete profesional encuentro que su uso por empresas y agencias gubernamentales como el único medio de abordar a mi gente es algo perezoso y ofensivo. Hablamos una lengua preciosa, como todas las lenguas son hermosas; no la releguen a una construcción robótica automática en aras de la conveniencia. Sí, ustedes son la sede actual del imperio, pero todas las cosas, las buenas y las malas, llegan a su fin.

En mi trabajo como defensora ante en los tribunales ayudando a los inmigrantes y a las personas de color y a todos los sin voz en este país, incluyendo a los hermanos y hermanas sin hogar y a los ancianos (y supongo que, después de cumplir 67 el mes pasado, podría empezar a añadirme a ese grupo), siempre he insistido en lo que Flaubert llamó caducado 'le mot juste’, la palabra correcta, apropiada, exacta, perfecta. Mi abuelo paterno sefardí, que hablaba ocho idiomas perfectamente, siempre me dijo que siguiera estudiando idiomas porque podría encontrar la palabra que necesitaba para expresar un sentimiento o concepto, ‘le mot juste,’ en uno de esos idiomas. Estaba completamente acertado.

Estamos envueltos en una terrible lucha a muerte en las elecciones actuales que constantemente me recuerda las palabras de Abraham Lincoln en su discurso en Gettysburg. "Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil, para probar si esta nación, o cualquier nación así concebida y consagrada, puede perdurar. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra".
Para mí estas elecciones son una gran guerra civil. El discurso entre todos nosotros es duro y conflictivo, salvo por uno de los candidatos, que se ha negado y persiste en su negativa a participar en las tácticas bajas de sus adversarios. No sé si podremos perdurar; hemos visto con la retórica de violencia casual del candidato Trump, que la violencia sólo genera más violencia; sólo el amor triunfa sobre la violencia.   



Y eso me lleva de nuevo a mi punto: la actitud general en estos Estados Unidos, o US América como forma corta en inglés, de que únicamente las opiniones de la gente blanca y de habla inglesa son las que importan. Que aquellos de nosotros (latinos, hispanos, chicanos) que pronto constituiremos una mayoría en los Estados Unidos no somos dignos de la igualdad de representación. Que la lengua que hablamos, y las culturas que aportamos a la olla, son menos significativas. Yo afirmo que todas las culturas son importantes, y las primeras naciones que estaban aquí no hablaban inglés, no eran blancas, y tuvieron que someterse al genocidio, la depredación, la violencia y el abuso que continúa hasta la actualidad; sus lenguas y culturas son importantes y dignas de la igualdad de representación. Que las lenguas y las culturas originales de los antepasados esclavos africanos, que también siguen experimentando la violación, la violencia estatal e individual, son importantes y dignas de la igualdad de representación. Todos nosotros traemos nuestros sabores y culturas especiales a la olla; todos somos importantes y dignos de la igualdad de representación.

Estoy utilizando la palabra América durante mi trabajo para elegir a Bernie Sanders porque llevaría demasiado tiempo que ustedes cambien su comprensión de lo ofensivo que es el uso de esa palabra para el resto de nosotros, los guatemaltecos y bolivianos, los canadienses y los mexicanos, los cubanos y puertorriqueños y dominicanos y colombianos y salvadoreños y hondureños, si voy a nombrar sólo a unos pocos de nosotros los estadounidenses. Pero cuando el proceso electoral haya terminado, voy a seguir exigiendo de todas las personas de buena voluntad, y en mi experiencia hay muchos de ustedes por ahí, dispuestos a aprender, dispuestos a recuperar esta nación de las manos de aquellos que la destruirían, que abandonen el uso del nombre de América y americano, a menos que tengan la intención de incluirnos al resto de nosotros en el discurso, por el respeto y la igualdad de representación.


Dios bendiga al mundo entero, sin excepciones.

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