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Soy Reportero
  • Schedenfreude: El odio es el privilegio de los civilizados
Fecha de publicación 28 octubre 2017 - 09:48 PM

¿Quién es el barbaro al final? Lejos de la anacronica clasificacion categorica que hiciera Domingo Faustino Sarmiento en “Civilización o Barbarie”, en este particular estadio historico signado por la posverdad y el manejo teatrero de la politica en manos del “Gran Hermano” y del circulo de Blinderberg; la figura del “barbaro” y del “civilizado” merecen un profunda revisión de cuan hondo a penetrado en la estructura basica de pensamiento en las sociedades latinoamericanas.
Estamos siendo testigos de un reordenamiento social intencional, las plataformas virtuales que han construido una sociedad dentro de otra están creando y/o modificando el sentido común, el instinto de supervivencia, el sentimiento de pertenencia y borrando la comprensión de . La estigmatización y la continua construccion de “el deber ser” y del “deber aceptar” están a la orden del dia.
La desigualdad social, la pobreza estructural y los grandes problemas socioeconomicos de decadas que el poder politico no ha sabido responder y qué, el poder economico ha realizado enormes esfuerzos en mantener, han dejado de ser objeto de critica persistente de una porcion considerable de la sociedad al sistema politico. Los responsables de la administración de las naciones están “esquivando” esa responsabilidad. 
Los ciclopeos esfuerzos en instaurar una sociedad meritocrata en países con enormes desfazajes de ingresos entre los quintiles mas acaudalados y los más empobrecidos, ha de permitir y lo están haciendo en este momento,  que los gobiernos de estas naciones dejen ser responsables del aumento de la pobreza y la indigencia. Los responsables de la pobreza no ha de ser el gobierno que maneja los resortes de la economia  ni los empresarios que depredan la renta nacional, los recuersos naturales e imponen a sus CEOs en la administración pública; bajo este modelo meritocratico, la culpa de ser pobre, la tiene el pobre.
Esta peligrosa idea que atenta contra la equidad social y contra el grueso de la sociedades, que manipula y contruye un nuevo sentido común, una nueva logica de funcionamiento social, está calando hondo en la psique de enormes sectores de la población.
Hay ejemplos muy claros, solo basta entrar a las redes sociales, a las paginas de los famosos miembros de la generación Y – los millenials- de la era digital, para ver como se burlan de la chica que se saca fotos con la pared sin reboque como telón de fondo o como estigmatizan y se burlan de los chicos de barrios pobres de los grandes centros urbanos por las zapatillas y ropas que usan. Están perpetuando y enseñando a las generaciones mas jovenes un modelo social basado en el merito y en la burla contra los que menos tienen, tratan de ´educar´ a generaciones enteras a juzgar por la imagen externa en vez de juzgar por los ideales y convicciones. Los politicos ´glam´, los presidentes ´showmans¨´ de la decada de los ´90 fueron el prototipo.
Los victimarios y los arquitectos de ese “nuevo sentido común” creado desde los medios y desde las redes sociales, son los que el siglo pasado se autodenominaban “civilizados”: los bien vestidos, con finos modales y abominables ideas; éstos representan una minoria infima de la sociedad, si fuese por su capacidad, solo politica y en democracia -no por su poder economico- , no serían un obstaculo a los movimientos sociales que procuran reformas estructurales en el reparto de la riqueza o en la construcción de un nuevo Estado de Bienestar, el problema radica en su capacidad de infeccion al tejido social: su control de los medios, del ocio, de la información y por consecuencia del pensamiento.
El odio es la fuerza del cambio: ¿Como es posible que una sociedad gire politicamente a la derecha 
y se automutile? ¿Como es posible aun sabiendo que van a ser objeto de la horca, defender al verdugo? ¿Estamos viviendo una especie de Sindrome de Estocolmo como sociedad?
“El  giro a la derecha” que han realizado sociedades como la argentina, los numeros que obtienen y, posiblemente, obtendrán partidos de derechas en otros países latinoamericanos y europeos, nos hace pensar en cómo despúes de ver cara a cara las consecuencias del libre mercado y de vivir con estabilidad economica y politica durante más o menos una decada, dada por gobiernos nacionales y populares votan propuestas neoliberales. Sin duda la respuesta es multidimensional, multiples disciplinas y áreas de conocimiento darán respuestas interesantes, complementarias, contrapuestas, con o sin sentido; quizás se llegue a un acuerdo, quizas no.
Lo indudable, lo visible, lo palpable y lo audible nos habla de una desintegración del sentido de pertenencia de clase en una porción considerable de la sociedad. Es común escuchar en los circulos militantes opositores a estos gobiernos neoliberales frases como:  resumiendo de este modo muchas cuestiones imporantes y alarmantes.
decia una historiadora argentina en una conversación informal sobre politica, se preguntaba porque, en elecciones parlamentarias, despúes de año y medio de una gestión que aumentó la pobreza de manera considerable, que habia reprimido con violencia una serie de manifestaciones de los pueblos originarios y despúes de un aumento drastico y sin piedad de los servicios publicos, el partido gobernante mantenia elevados porcentajes y estaba cerca de ganar esas elecciones. 
Porque han constuido un enemigo interno en sociedades que tienden a quebrarse con facilidad, desde los medios y desde prestigiosos centros de opinión. En Brasil y en Argentina se puede ver con facilidad que los gobiernos populares de Dilma Rousseff y Cristina Kirchner se han convertido en el unico blanco de ataque de la prensa hegemonica, del capital concentado y de los principales partidos politicos conservadores.
En países donde la sociedad habia recuperado poder de compra, donde la desigualdad habia sido reducida a valores record e inimaginables hasta hace pocas decadas, donde el desempleo se habia desmoronado por debajo de los dos digitos, donde se habia construido poderosos Estados de Bienestar, con acceso universal a prestaciones sociales y previsonales, claramente la gestión no podia ser blanco de ataque. La corrupcion es la excusa para derribar gobiernos populares, decia un imporante politico argentino del siglo XX.
Por un lado, la prensa acusando con denuncias endebles a los gobiernos populares de ser asociaciones ilicitas o mafias que tenian por objeto robar las riquezas de la Nación, cuando en realidad lo que hacian era redistribuirla y pagar la deuda externa e interna contraida por gobiernos oligarquicos y por otro lado, los Barones de la Big Data y los dueños del Ocio, generando, a traves de videos, imagenes y diversos contenidos, la destrucción del sentido de pertenencia social, del sentido de clase y construyendo al “enemigo” de ese sector de la sociedad que estaba y está siendo inoculado con esas ideas elitistas.
Los programas de redistribucion el ingreso de estos gobiernos tenian una poblacion objetivo, que claramente eran los economicamente más vulnerables; ese sector de la sociedad se constituyó como el “enemigo” del otro sector de la sociedad que fue y es proclive al discurso del “merito”. Es común y siempre lo fue, por lo menos en Argentina que el pobre sea estigmatizado por medio de diversos epitetos o sea identificado, hasta desde los medios de comunicación “serios”, con determinada vestimenta o color de piel. La iconograficación de la pobreza es claramente intencional.
Mentimos si decimos que nunca escuchamos frases como: “Me sacan a MI -de los impuestos- para 
darle a los ´negros´ o a los ´vagos´” “A MÍ el gobierno no me dió nada, todo lo tengo por MI esfuerzo” “Son pobres porqué quieren”. Esas frases son la manifestacion de esa parte del tejido social infectada con las ideas de los “civilizados”, quienes son los propietarios de enormes riquezas hechas al abrigo del propio Estado, una minoria infima de la sociedad;  pero que han esparcido esas ideas como se esparcen las epidemias por aquellos sectores sociales que están muy lejos economicamente de ellos. La recuperacion economica provocada por esas politicas redistributivas, ese circulo virtuoso de la economia, que ha llevado ingresos pocas veces visto por la clases medias ha provocado una muy errada autopercepcion. Fue sensible a ese discurso porqué se sintió cerca de la “clase de civilizados”, porqué no se preocupó en formarse antes de sentarse frente a los medios de comunicación hegemonicos  y porqué, por medio del sentido común que los sectores oligarquicos se ocuparon en expandir, quisieron alejarse lo más posible de las clases bajas; solo discursivamente claro, para no ¨caer¨ en la burla y la estigmatización de la oligarquia argentina con pretensiones de aristocracia europea.
Los procesos politicos, sociales y economicos neoliberales tienen solo un tipo de beneficiarios, donde las grandes mayorias populares, desde los pobres hasta las clases medias están excluidas. La economia en este momento es como un  juego de ajedrez, donde primero se sacrifican a los peones y despúes caen los que se creen que están cerca del Rey, aunque solo son escudos sin valor para aquel. La caballeria, las torres y los alfiles, no dejan de ser peones con otros nombres en un juego donde solo vale salvar a la realeza.
Tarde o temprano esos sectores inoculados por un odio de clase que no les pertenece, por exclusión natural, deberán inyectarse un antibiotico social, sacar de terapia intensiva a la consciencia de clase. El odio contra las clases medias, contra las clases bajas, contra los beneficiados del reparto de la riqueza en los gobiernos populares es sólo entendible para las minorias, dueñas del capital economico concentrado, propietarios de enormes latifundios que deberian estar en manos de los pueblos originarios; a ellos le es dado el derecho de odiar a los gobiernos populares, a los militantes de movimientos politicos que procuran un cambio estructural en la economía a favor de los excluidos.
El odio, la fuerza del cambio con el que han llegado los gobiernos oligarquicos al poder, ese odio visceral, es tan exclusivo de ellos como sus riquezas; porque el odio es la ley privada de los civilizados.

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Argentina
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