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Soy Reportero
  • Nuestra Fe es Revolucionaria
Fecha de publicación 1 febrero 2016 - 03:13 PM

Las expectativas son altas en el estado más pobre y marginado de México en cuanto a la inminente visita del primer Papa latinoamericano de la Iglesia Católica. Se espera que esta visita aclarará la oscuridad que rodea a la militarización y a la guerra de "baja intensidad" que sigue desgarrando a las comunidades indígenas de Chiapas más de 20 años después el levantamiento zapatista.

El Vaticano ha anunciado que el 15 de febrero, en la catedral de San Cristóbal de las Casas, Francisco orará y presentará sus respetos frente a la tumba de Samuel Ruiz García, el Obispo mexicano que una vez fue considerado un zapatista 'comandante' por la élite política, quien envió soldados, tanques y helicópteros militares contra su congregación indígena campesina, en un intento por destruir su resistencia al colonialismo persistente que continua  tratándolos como siervos.

Durante cuatro décadas, el obispo Samuel Ruíz organizó a las comunidades indígenas más pobres y marginadas en las montañas y exuberante selva tropical en la frontera sur de México, elevando la conciencia entre los tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales y otros descendientes del original Maya, para reclamar sus tierras ancestrales y para exigir, no simplemente sus derechos constitucionales y políticos, sino su derecho a la dignidad y el respeto de su patrimonio cultural y lingüístico.

El trabajo cauteloso y poco conocido del Papa argentino entre los pueblos más pobres y barrios más marginales en Buenos Aires durante las dictaduras militares de extrema derecha de su país, tiene eco en la obra del obispo Ruiz. Esta es una conexión que está lejos de pasar desapercibida por las comunidades indígenas en Chiapas, quienes aún hoy enfrentan la violencia de los paramilitares organizados por finqueros y terratenientes, por los campesinos soportando constantes actos de desplazamiento de sus territorios ancestrales y la represión del Estado por parte de la policía y los militares cuando intentan resistir.

Organizadores de las comunidades indígenas Ch’ol en la selva Lacandona, el corazón de la resistencia zapatista en curso, citan las propias palabras del Papa en comunicados, exigiendo un trato justo para los migrantes centroamericanos que cruzan la frontera y pasan a través de su territorio, evadiendo a los militares mexicanos, tratando de llegar a los trenes de mercancías que podrían llevarlos a la frontera con Estados Unidos:

"Tenemos que luchar para vivir, para vivir con dignidad y tenemos que decir que ‘No’ a una economía de la exclusión y la desigualdad que mata y margina a las masas de gente ... sin trabajo, sin horizonte, no hay salida que emigrar, superando tantas adversidades por la oportunidad de una vida mejor".

Los sobrevivientes de la infame masacre de Acteal, una masacre de 45 personas, en su mayoría niñas y niños y mujeres - muchos de ellos desplazados de sus tierras por las amenazas y la violencia - quienes se encontraban apiñados en la iglesia católica de su comunidad tzotzil en las montañas de Chiapas, cuando fueron asesinados con machetes y balas por paramilitares contratados, también declararon su fe en que el Papa "va a estar al lado de los pobres. Él ha dicho que quiere ‘una Iglesia de los pobres y para los pobres’, y oramos que va a estar con nosotros, como siempre lo estuvo nuestro querido jTatik (Padre) Samuel Ruíz".

Campesinos católicos se han unido en las comunidades indígenas en todo el espectacular paisaje de Chiapas, para organizar 'Pueblo Creyente', quienes pertenecen a congregaciones de iglesias diferentes que salen a las calles para expresar activamente su adhesión a la demanda central de la teología de la liberación católica - que la iglesia pone los pobres, los indígenas, los trabajadores y los campesinos, ante todo y en primer lugar - siguiendo la demanda del Papa para buscar "alternativas creativas ... a la dictadura sutil del capital y sus injusticias".

El Pueblo Creyente, en sus declaraciones, proclama las palabras del Papa en la Reunión Internacional de Movimientos Populares en Bolivia el pasado verano, como justificación de su lucha: "Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y los excluidos pueden y hacen mucho ... debemos decir sin miedo:  queremos un cambio, un cambio real, ya que este sistema económico no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades ... el futuro está en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas".

Samuel Ruiz ofreció palabras como estas a menudo, ya que en 1975, cuando escribió un libro titulado 'La Teología Bíblica de la Liberación' - apropriando a Cristo como un profeta revolucionario - y consistentemente, en los idiomas de las comunidades indígenas en las que predicó, y como cuando él organizaba campesinos en su lucha contra los terratenientes ricos, y protegía a los migrantes durante su escape de las dictaduras militares centroamericanas apoyadas por los Estados Unidos.

La adhesión del obispo Ruíz a la teología de la liberación y sus denuncias de la complicidad de los políticos mexicanos en la perpetuación de la situación colonial de los indígenas y los pobres en Chiapas, inquietaron al Vaticano y le valieron la hostilidad sin tregua de los ricos y poderosos en Mexico.

Después de una década de sigilosa organización política de los Zapatistas entre las mismas comunidades en las que Ruiz había predicado, una insurrección guerrillera estalló en 1994, y en este momento cuando la máxima autoridad de la Iglesia Católica en México, el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, imploró a los católicos "a no caer presa de los pensamientos irracionales ni a la dirección de Samuel Ruiz".

Incluso después de que Ruiz explicó cuidadosamente que los indígenas en Chiapas habían "sido empujados más allá de los límites de su paciencia, se habían cansado de las promesas del gobierno y creían que no había otro camino más que tomar las armas," sus compañeros obispos lo denunciaron por "perder su imparcialidad" y, el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, personalmente acusó a Ruiz de seguir una "teología de la violencia".

La ideología revolucionaria y anti-capitalista Zapatista no es religiosa, pero no hay duda de que el trabajo insistente de Ruiz en el aumento de la conciencia y la confianza de los campesinos indígenas en todo Chiapas, contribuyó a la rebelión, y a la resistencia continua Zapatista - así como de las innumerables organizaciones autónomas y radicales en las comunidades a lo largo de las montañas del estado - no se podría explicar sin entender su fe revolucionaria.

Las oraciones del Papa frente a la tumba de Samuel Ruiz se verán, entre los tzotziles, tzeltales, choles y otros pueblos indígenas que se están organizando para resistir a los intentos implacables del Estado, los terratenientes y los ricos, para mantenerlos en un estado de pobreza y sometimiento colonialista, como una reivindicación de la lucha del obispo por la justicia, el respeto y la dignidad de los oprimidos.

La imagen de un Papa latinoamericano ofreciendo sus respetos ante el retrato de Ruiz, en la catedral en la que el obispo exigió a la Iglesia Católica colocar a los más pobres y marginados - los indígenas - en el centro de su fe y práctica, exigirá que todo México reconozca que la lucha por la justicia ya no es representada solamente por un sacerdote en solitario, trabajando pacientemente y sin reconocimiento en comunidades remotas de las montañas.
FIN

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