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Soy Reportero
  • La llegada de la derecha al gobierno y el rol de la izquierda en Argentina.
Fecha de publicación 29 noviembre 2015 - 11:58 PM

El pasado domingo 22 de noviembre de 2015, fue un domingo histórico para Argentina y para América Latina. De trascendencia por muchas cosas. Fundamentalmente porque tuvieron lugar hechos que se dieron por primera vez en el país en el que por doce años gobernó una fuerza política que intentó buscar nuevos mecanismos a nivel local de reproducción del capitalismo. El neoliberalismo resultó obsoleto para seguir reproduciendo e incrementando la tasa de capital y el kirchnerismo intentó buscar ese objetivo en base a un reformismo de carácter neodesarrollista. Habrá que estar muy atentos y prestarle especial atención a las políticas económicas que traerá el nuevo gobierno que no serán de carácter puramente neoliberal sino que se impondrán en el marco de un liberalismo financiero de nuevo tipo teniendo en cuenta que las relaciones geopolíticas y económicas que se encontraban en la región durante los años 90 hoy han mutado hacia una situación de poder multipolar mundial y se encuentran además bajo la crisis más profunda del capitalismo de toda su historia.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que es el primer caso de segunda vuelta -como se lo denomina constitucionalmente al balotaje- para una elección presidencial en la Argentina. En segundo lugar, es la primera vez que la derecha llega al poder por vía constitucional, partido que representa los intereses de quienes sumieron al país, desde 1976 -con el inicio de la última y más sangrienta dictadura cívico-militar- hasta 2001, en la más crítica desocupación, pobreza, e indigencia que alguna vez nuestra nación haya conocido.

Pero al mismo tiempo es la primera vez que Argentina tendrá un presidente procesado por la justicia nacional por escuchas ilegales, y una primera dama acusada de ser la dueña de talleres clandestinos en donde murieron dos niños el pasado marzo.

Mauricio Macri se presentaría, de esta manera, pero en el marco de liberalismo financiero de nuevo tipo, como decíamos más arriba, como el garante del vaciamiento y desguace de un Estado puesto en función de los trabajadores, de la mayoría; como el garante de la megadevaluación, la austeridad, la rebaja de salarios y jubilaciones, la privatización de las empresas públicas, el pago a los fondos buitres, la apertura de las importaciones que destruyen la industria nacional, etc.

Sin embargo, refrendar todo esto que decimos implica dejar a un lado por unos minutos las abstracciones analíticas y correrle el velo a lo que implica, realmente, “el cambio” de la mano de quienes durante la campaña hablaron de “volver al diálogo” y “construir un país para todos”.

La restauración conservadora en Argentina, de la cual el Partido Comunista, ha venido hablando durante estos últimos años, tiene un sólo objetivo primero y fundamental, pero muchos nombres y apellidos, como lo veremos a continuación. Por un lado, ese objetivo primero y fundamental es volver a hacer de nuestro país una cabecera de playa del imperialismo, y para ello se activarán y pondrán en marcha diferentes mecanismos. Así lo entendemos cuando Mauricio Macri, a poco de haber ganado las elecciones -e incluso en el último debate presidencial que lo enfrentó a Daniel Scioli- vociferó sus ansias de querer aislar a la República Bolivariana de Venezuela de los organismos regionales porque en ese país, según él, se persigue a los opositores y no se respeta la libertad de opinión. Paradójico es, sin embargo, que la dictadura venezolana, en manos de Nicolás Maduro, haya sido reelegida el pasado 28 de octubre para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, con 131 votos a favor de un total de 191 miembros. Creemos que es de suma importancia que los distintos países que integran el Mercosur, la CELAC, la UNASUR, el ALBA se manifiesten repudiando semejante desatino. Querer aplicarle la Cláusula Democrática del Mercosur a Venezuela es como querer denunciar al mundo entero la desnutrición en Cuba: un verdadero desconocimiento de lo que realmente ocurre en esas naciones, y un absoluto intento de intervención en los asuntos internos de nuestros países hermanos. Muy bien ha hecho Rafael Correa en salir inmediatamente a responderle a Macri cuando dijo que demuestre “si hay perseguidos políticos en Venezuela. Les guste o no les guste, en Venezuela claramente se vive una democracia”. Leopoldo López, no hay que dejar de decirlo, es un golpista, es un traidor a su Patria, y la justicia venezolana ha sido demasiado benevolente al imponerle solamente 13 años de prisión, 9 meses, 7 días y 12 horas.

Pero entonces, si el objetivo es hacer de la Argentina el soporte político y económico, nuevamente, del imperialismo para desestabilizar los procesos democráticos, progresistas y revolucionarios de la región, para ello el macrismo no sólo llama a romper relaciones regionales con Venezuela sino que pregona, bajo el lema de “abrirse al mundo”, la unidad con el bloque regional que supo re-construir Estados Unidos luego de que en 2005 fracasaran los planes imperialistas de edificar y poner en marcha un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

La Alianza del Pacífico, de la cual forman parte Chile, Perú, y México es, nada más y nada menos, que la continuidad de aquel proyecto de querer someter a la región a los intereses políticos y económicos del Imperio. Y Argentina, bajo la dirección del PRO, ve con muy buenos ojos sumarse a esa iniciativa.

Esto que decimos encuentra su más cruda evidencia cuando el candidato a ocupar la conducción del Banco Central es Federico Sturzenegger, de quien, en los últimos días, se ha difundido un video en el cual explicaba lo que el asesor político del macrismo, Durán Barba, decía lo que el PRO debía hacer durante sus intervenciones públicas: no explicar nada, no proponer nada. Sin embargo, lo que realmente da cuenta del perfil de Sturzenegger, quien además fue secretario de política económica en 2001, y por lo tanto del camino que tomará la economía del país durante los próximos años, es que trabajó como asesor de organismos internacionales como el FMI, el BM, y el BID. Son claros, en este sentido, los indicios sobre los futuros pedidos de créditos, rememorando viejas épocas, a los arietes económicos del imperialismo.

El repaso por las diferentes áreas o ministerios que a partir del diez de diciembre estarán en manos de la oligárquica derecha argentina nos lleva a clarificar con mayor contundencia aún hacia dónde se encamina la República Argentina. Por ejemplo, todo parece indicar que el Ministerio de Hacienda quedará en manos de Alfonso Prat-Gay, quien es ex directivo del JP Morgan y quien fuese director del BCRA durante la presidencia de Duhalde. Al mismo tiempo, si algo quedó bien claro en la distribución de cargos que está realizando Mauricio Macri por estos días es que el think tank de la derecha argentina, la Fundación Pensar, además de ser el motor ideológico-político del macrismo, es también desde donde salen ahora las futuras direcciones ministeriales. Es el caso, por ejemplo, del presidente de esa fundación, Francisco Cabrera quien quedará a cargo de Producción -que reemplazará al actual Ministerio de Industria-, y quien fuese fundador y CEO de la compañía de Fondos de pensiones Máxima AFJP. El caso de Ricardo Negri, para Agricultura, quien en la Fundación Pensar coordinó el área agroindustrial. O el de Miguel Braun, también director de esa fundación, y que podría llegar a encargarse de la Secretaría de Comercio.

Un dato más podemos agregar en base a seguir clarificando el escenario político económico que se viene en Argentina. En las últimas horas se dio a conocer una carta dirigida al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por parte del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de ese país. En dicha carta, el republicano Ed Royce, y el demócrata Eliot, le explicitan a Obama los intereses reales que tiene el imperialismo para con Argentina, y las recomendaciones que el Comité de Relaciones Exteriores hacen van desde “incrementar la diplomacia pública”, “iniciar un diálogo económico de alto nivel”, "proveer asistencia técnica en cuestiones de economía y comercio", "apoyar la resolución de reclamos de arbitraje y el conflicto con los holdouts", "promover el liderazgo regional", hasta "mejorar la cooperación contra el narcotráfico".

Este es el marco político-económico bajo el cual se encuentra hoy la sociedad argentina. Y es el marco político-económico al cual no queríamos llegar. Lamentablemente el kirchnerismo no supo, o no pudo, construir una fuerza política nacional, no meramente electoral, que aglutinara verdaderamente al campo popular con sus diferencias ideológicas y programáticas. Una fuerza que respetara las diferentes trayectorias políticas y que enfrentara en bloque, desechando cualquier tipo de mezquindad, durante todos estos años los intentos de golpe y desestabilización por parte de la derecha.

Sin embargo, es un buen momento para que todo el campo popular se dé a la tarea de comenzar a esbozar una profunda autocrítica que no implica, bajo ningún punto de vista, destrozarse en reclamos ni reproches. Por esto, es necesario hacer notar que si bien desde el Gobierno, por acción u omisión, se optó por no construir aquella fuerza necesaria en todo  -intento de- proceso de liberación, o que en todo caso los esfuerzos fueron pocos, la izquierda argentina tampoco pudo, y lo intentó muchas veces, fortalecerse lo suficiente como para poder torcer el curso de los acontecimientos y poder así incidir en la política nacional, y en lo electoral, fundamentalmente. Por lo dicho, sin embargo, es ineludible explicitar que cuando hablamos de la izquierda en Argentina nos referimos a aquellas organizaciones que compartimos los sueños de liberación de América Latina; que compartimos la idea de que esa liberación, que es diferente en cada país por la historia propia de cada uno de los pueblos que compone este continente, no es un acontecimiento mecánico y lineal. Y entendemos que cristalizar el purismo ideológico en un voto en blanco cuando el destino de la Patria estuvo realmente en peligro responde al más alto grado de irresponsabilidad política al que una organización puede llegar.

La verdadera izquierda, y no la autoproclamada, entiende la historia como un proceso, con avances y retrocesos, con ofensivas y repliegues, con pequeñas victorias y también con derrotas. ¿Cómo se hace llamar de izquierda quien está en contra de la Revolución Cubana? ¿Cómo se hace llamar de izquierda quien está en contra de la Revolución Bolivariana, y de los procesos revolucionarios en curso en Ecuador y en Bolivia? Este es un debate que debería estar cerrado hace mucho tiempo en Argentina. El trotskismo ha demostrado una vez más estar situado del lado del imperialismo y en contra de los pueblos. Porque, independientemente, de la cantidad de votos en blanco que se hayan contabilizado, lo cierto, lo objetivo, lo concreto, es que el trotskismo colaboró en la victoria de la derecha en Argentina, en la victoria de Mauricio Macri. Después de esto, ¿aún queda espacio para seguir debatiendo acerca del rol de la izquierda en una nación y en un continente? ¿Aún queda espacio para seguir llamándole izquierda a un grupo de iluminados que creen que resistir es abrirse de la responsabilidad política que nos cabe como ciudadanos cuando la Patria está en peligro?

Es tiempo de -re-organizarse, y de organizarse mejor. Lo peor que puede llegar a hacer el campo popular hoy en Argentina es replegarse. El escenario que se avecina, y que en parte ya estamos viviendo, lo dijimos incasablemente, es de restauración conservadora. Pero el campo popular no debe permitir desandar lo conquistado hasta ahora. Es por esto que el período que se abre debe ser para nosotros, necesariamente, de ofensiva ideológica, y de resistencia en las calles frente a cada intento de retroceder, frente a cada intento de la derecha de ponernos de rodillas al imperialismo.

Nos queda, a los revolucionarios, a los progresistas, a los que creemos en la unidad de la Patria Grande y en la construcción de un nuevo mundo radicalmente diferente al actual, crear una fuerza alternativa por fuera de una recomposición del bipartidismo que hoy tiene lugar en dos espacios de derecha y centro derecha. Crear una fuerza de izquierda revolucionaria, con un nuevo perfil; esa es la tarea en la etapa que se abre en Argentina.

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