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Soy Reportero
Fecha de publicación 29 junio 2018 - 10:53 PM

La erupción del Volcán de Fuego en Guatemala, ubicado a sólo 50 kilómetros de la capital, dejó un saldo de más de dos millones de personas afectadas y visibilizó ante la comunidad nacional e internacional una problemática social que arrastra el país hace 22 años: Todas las familias que vivían en la latera del volcán eran “retornadas” post conflicto interno.

Como en muchos países de América Latina, Guatemala tiene un grave déficit habitacional. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de ese país, la población alcanzó en 2016 los 16 millones 470 mil habitantes, de los cuales el 40.8 por ciento tenía entre 0 a 14 años; el 55.5 por ciento, entre los 15 a 64 años; y el 3.6 por ciento, más de 65. El aumento poblacional y la falta de políticas públicas y sociales del Gobierno de Jimmy Morales para garantizar a todas las familias guatemaltecas el acceso a la vivienda digna, provoca que muchas de ellas construyan sus hogares en lugares casi inaccesibles.

La naturaleza de la región centroamericana tiene una belleza única. Volcanes, lagos y selvas tropicales conforman el paisaje, pero también puede ser un lugar adverso para la vida cotidiana de la comunidad rural y, por lo visto, esta cuestión no es una prioridad para el Estado. Tal es así que en 1996, el presidente guatemalteco de aquel entonces, Álvaro Enrique Árzu, prometió otorgar tierras a todas las personas que desearán volver al país después de la guerra.

Resulta que miles de personas habían migrado a México a principios de la década del sesenta cuando una guerra civil explotó en Guatemala y generó un fuerte impacto económico y político. Se trató de un conflicto armado interno entre el Ejército y el Estado contra el pueblo, representado por organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, campesinos, indígenas, trabajadores, estudiantes universitarios, entre otros. Se dice que en este sangriento conflicto se llevó la vida de 200 mil personas y expulsó a muchas al exilio. En el ámbito internacional, se vivía la Guerra Fría y Guatemala también sufrió la intromisión de Estados Unidos en lo que fue la primavera democrática de ese país. Esto se tradujo en pobreza extrema, injusticia social, violación de los derechos humanos, desplazamiento forzado, desaparición de personas, vulnerabilidad, crisis humanitaria, entre otros flagelos.

Posteriormente, 36 años después de iniciado el conflicto bélico, el Estado logra firmar acuerdos de paz, prohíbe la participación del Ejército en los procesos electorales y promete tierras para todos aquellos que retornen empobrecidos al país. Fue así, como comunidades enteras volvieron, principalmente indígenas. Sin embargo, a medida que se sucedieron los gobiernos esas promesas quedaron truncas y los “retornados” hicieron sus “champitas” a la vera de los volcanes, ríos o en donde pudieron.

Estas promesas quedaron depositadas en el olvido y será una deuda social permanente hasta que el Gobierno, hoy representado por el Frente de Convergencia Nacional, garantice el derecho a una vivienda digna a todas las familias afectadas por el volcán, ya que todas están personas habían retornado al país bajo la promesa dep tierras, trabajo y seguridad social.

La erupción del Volcán de Fuego produjo el peor desastre natural de los últimos 44 años, pero fue la negligencia del Estado la que causo tantas muertes.

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